sábado, 23 de enero de 2010

Un burka por amor, melodrama ginecológico




La autora, Reyes Monforte
"Un burka por amor" no es una novela, es un mal reportaje y un relato fallido, nacido de la cultura de la queja. Mal cocinado con los ingredientes de los betsellers para lectura femenina, da la impresión de estar más interesado en instalarse bien en el mercado que en denunciar las barbaridades de los talibanes. Aquí nadie es responsable de nada. Te casas con un afgano te vas a vivir a ese país y luego lloras porque en él hay costumbres muy diferentes a las de Mallorca (más detalles). La higiene, la obstetricia, el trato que te da tu suegra... y los talibanes, claro. ¿Y por qué la protagonista se va a un país tan inhóspito? Por amor, cegada por la gran pasión que todo lo justifica. Que es la misma explicación que en las novelas del siglo XIX, escritas por hombres, dan las mujeres a sus "desvaríos" amorosos. La cultura de la queja no es específica de ciertas mujeres, también se practica en el ámbito de los nacionalismos periféricos. Cuando Sandokán surcaba el Índico, sabía que le podía pasar de todo y cuando le pasaba, salía de la situación como podía, pero no llamaba a Reyes Monforte para chivarse de los británicos. Los pescadores vascos se van a pescar donde hay piratas, con la ikurriña, y los pescan los bandoleros y nadie duda de que "Madrid" tiene pagar el rescate, lo que no nos librará de los remilgos infantiles de alguno de los arrantzales a la hora de reconocérselo al Estado que lo ha rescatado. Lo mejor para que no te toquen los piratas es pescar en la ría de Bilbao. Si hay algo peor que el nacionalismo prepotente del Estado español es el nacionalismo lacrimoso y aprovechado de las "nacionalidades", o de las naciones, históricas. Llanto, llanto, irresponsabilidad. ¡Qué pesados!

sábado, 16 de enero de 2010

Cuando Dios se sale de madre

Cuando Dios se sale de madre, como en Haití, se entiende mejor lo que quiso decir Alberti en su verso: “Las palabras entonces no sirven, son palabras”. Si estás en tu casa, con una simple rebanada de pan con aceite y un café delante, desayunando, cubierto por un tejado, razonablemente seguro, y esperas comer dos veces más en el mismo día, escribir esta entrada puede ser hasta indecente. La catástrofe -100.000 muertos (?), y el territorio asolado- te mueve a escribir, aunque sepas que deberías de callar. Sencillamente porque ésta es una de esas ocasiones, lo explicó Freud, en que la “cultura” y la “civilización” muestran su debilidad extrema, su carácter de airbag delgadísimo, que no puede impedir que afloren, y se expresen, los instintos básicos que habitualmente controlamos. Como todos hablamos, se oye de todo. En los primeros momentos, en las tertulias radiofónicas se oscila entre el buenismo de los que siempre, teóricamente, defienden las causas justas, que suelen ser las políticamente correctas, y el miedo miope de los que se consuelan con echarle la culpa a la víctima: “Los de Haití exageran, son unos pedigüeños, siempre quieren sacar tajada de estas cosas y luego ni siquiera saben repartirse las ayudas”, comentan. Más o menos lo que le dijo una señora a su pobre habitual cuando el hombre le confesó que se estaba muriendo:”es que los pobres os estáis muriendo todos los días.”
Pero las actitudes más antiestéticas, las ofrecen los que viven de la intermediación entre Dios y la humanidad, los predicadores, los obispos. El horror de Haití los enfrenta, sin posibilidad de escape, con el problema del mal y los saca del campo de juego. Supone el fracaso de su mediación. “¿Por qué vuestro misericordioso Dios permite estas cosas?”, claman las víctimas.  Y ellos que comen del silencio de Dios, no tienen respuesta para cuando su Dios se les sale de madre y pega voces (y coces), como acaba de suceder en Haití. Y entonces, extraviados, dicen las cosas que mis amables lectores ya les han oído decir y que yo no transcribo aquí para no contribuir a la ola de anticlericalismo de reacción que crece imparable en la calle y que se expresa clamorosa en las redes sociales y que amenaza, también, con salirse de madre.

viernes, 15 de enero de 2010

Granada, nación de fogones


En una emisora local de radio de Granada se anuncia un restaurante que dice servir estos días "El plato nacional de Granada", se refiere a la contundente Olla de San Antón. Como principio no está mal. Ya tiene Granada, en la Plaza del Triunfo, uno de los mástiles de bandera más altos de España y también disfruta de una de las rentas per cápita más bajas del país. Y no le faltan señas de identidad suficientes como para alumbrar, no una esmirriada nacionalidad histórica, al uso, sino hasta una nación en toda regla. Lean la novela El Zawi del autor local José Luis Serrano, 'la epopeya de nuestros orígenes', en palabras de su creador, y verán desde dónde viene esto. Con menos empezó Castilla (y, por ende, España), según el Poema de Fernán González:

"Era Castilla entonces un pequeño rincón:
era de castellanos Montes de Oca mojón.
y era de la otra parte Hitero el hondón:
Carazo era de moros en aquella sazón".

Las cosas importantes se cuecen en los pucheros. Y si santa Teresa de Jesús pudo decir que Dios anda entre fogones, ¿por qué la Comunidad internacional no iba a aceptar a la nueva Nación granadina entre sus Estados, sabiendo que surgió de una olla?

martes, 12 de enero de 2010

Nos han crecido los negritos

"Preciosa cabeza de negrito, hucha para domund, antigua, nada de reproducción"
(Texto del vendedor)

A veces, para espabilarme, oigo el programa de radio "La Mañana de la COPE". Todavía no lo he confesado en mi muro de Facebook. Ni creo que lo publique porque podría sentar mal a no pocos miembros de uno de los grupos en que colaboro,  uno muy activo de titulo muy combativo:  “Que la justicia actúe contra el arzobispo de Granada”. No quiero ser considerado agente doble. Pero a los lectores de ‘Donde los ángeles’ sí puedo contarles lo que estaba diciendo hoy  un tertuliano de esa emisora: Los chinos son raros, yo no me fiaría mucho de lo que dicen los chinos, porque son una cultura rara, los chinos son raros, se les entiende poco… Lo de que son sabios, pues, tampoco les ha ido tan bien, nos venden esto de que las culturas orientales son sapientísimas, pero luego en realidad tienen cada cosa que es para tirarse de los pelos,  yo soy muy occidental,¿qué le vamos a hacer ? [...].
Y es que a Occidente le han crecido los chinitos y los negritos y los moritos y, también, los indios que encontraron a su llegada al Nuevo Mundo los emigrantes que Neruda llamó “hijos del desamparo castellano”, y que aquí conocemos como los conquistadores.  Todos ellos se han hecho mayores y han roto las huchas del DOMUND. No todo el mundo lleva bien que los chinitos sean hoy más ricos que nosotros, que los moritos se nos hayan cabreado y que los negritos hayan inventado el jazz y el gospell. Y hay quien no soporta que un negro sea presidente de los EEUU y, menos,  que un indio aymará presida Bolivia. ¡Qué buenos los tiempos de la colonia! Con tánto que exterminar, que convertir y que civilizar y, sobre todo, que vestir. Porque, nos pongamos como nos pongamos, los indígenas iban muy mal desvestidos. Y luego, cuando han decidido ir de tiendas, parece que se lo compran todo en un chinois. Por lo menos que se pasen por Zara.

miércoles, 6 de enero de 2010

Marketing Santo Compostelano

Canes en la Plaza del Obradoiro
El antiguo hospital de peregrinos de Roncesvalles, cabeza del camino Francés, recibía desde el siglo XIII a los peregrinos con estos versos:

"La puerta se abre a todos, enfermos y sanos;

no sólo a católicos, sino aún a paganos,

a judíos, herejes, ociosos y vanos;

y más brevemente, a buenos y profanos".

Como Cervantes en el Prólogo de su Quijote - lo contábamos en la entrada anterior- los patrocinadores de la ruta turística más antigua de España no hacían feos a nadie que fuera capaz de soportar las dificultades de la peregrinación y de ir dejando, dentro de sus posibilidades, sus limosnas y donativos en los albergues y monasterios que jalonaban el Camino.
Hoy, en la Paza del Obradoiro de Santiago han confluido dos romeros muy diversos. El Camino los habrá hecho mejores, pero no a sus perros, la foto tomada esta misma mañana lo prueba.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ombligos y coronillas



Habrá que firmar algún manifiesto, como propone Krahe en su ontológica canción No todo va a ser follar (ver aquí). La cosa tiene que estar muy mal porque todos los días me llegan varios emails con manifiestos que debo firmar.  En el último que se me ha colado en el buzón me piden que me pronuncie en contra de las injerencias de la jerarquía católica  en asuntos “que no le competen y que afectan a creyentes y no creyentes”.
             Estoy de acuerdo en rechazar la injerencia de la Iglesia Católica en todos los asuntos que no le competen, e incluso en los que le competen. Firmo también en contra de que el presidente del Gobierno no haya denunciado ya el Concordato con la Santa Sede.
Pero advierto en los comportamientos de los obispos un agónico estertor extraviado. Más daño del que los obispos se han hecho a si mismos asistiendo a las manifestaciones tocados con gorrillas blancas de devotos  de base no les podemos hacer nosotros con nuestros manifiestos. ¡Con el trabajo que le ha costado a la casta sacerdotal, desde el Levítico, armar su productivo oficio de mediadores entre la divinidad y los fieles! Encumbrados, simbióticos con el poder terrenal y el económico,  subidos a púlpitos y altares revestidos de pontifical, dirigiendo, castigando, predicando, excluyendo, premiando desde las alturas a la grey humillada, para que ahora lleguen estos obispos peatonizados y se dejen arrastrar por la multitud vestidos de viudos de luto y coronados con gorrillas de 'productores' de los cincuenta, azotados por el sol. Tapan ahora con la gorra la coronilla que venía siendo el signo prestigioso de su ministerio, con el que les indicaban a los jóvenes que la sabiduría radica  en la ancianidad alopécica. Su poder se ha devaluado: ellos tapan sus coronillas, mientras que jóvenes trendys católicas, exhiben en las mismas ‘manis’, el signo del poder joven: el oxímoron del ombligo arrugado en la planicie triunfante de sus vientres.
Yo no soy quien para aconsejarles, pero si quieren recuperarse algo que vuelvan al latín y nosotros a nuestros quehaceres. Y si hay que firmar algún manifiesto, pues se firma que todo no va a ser follar.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La pena de ser estatua con pene en Granada


La fuente del Salón

A la espera de la creación de una ONG -¿Estatuas granadinas en la frontera del mal gusto?-que se ocupe de los intereses de las maltratadas estatuas granadinas, me haré cargo de oficio de su defensa. En este blog se han tocado ya los casos de la dedicada a José Antonio en la plaza de Bibataubín y de la erigida a Agustín Lara, cumple ahora dar la cara por la del atlante desnudo de la nueva fuente del Paseo del Salón.




Tan poco preparada para sufrir los agravios de las batallas de la edad como la de Agustín Lara. Si aquella olvida que el canón para estatua con pretensiones de permanencia ya lo habían fijado los griegos, desde la época arcaica, anclando los dos pies de las esculturas humanas firmemente al suelo,esta del atlante, descuida también el modelo clásico. Los escultores griegos, en lo tocante a desnudos masculinos, diseñaron unos penes juveniles, retraídos y prudentemente erectos, para que nadie saliera perjudicado en las comparaciones. Pero, en Granada, el artista, asustado quizá por "las políticas de género" en boga, ha esculpido para nuestro hombre un pene larguirucho, flácido y repulsivo, que muestra un desprecio por el mundo helénico suicida en lo que se refiere a tallas con pene.
Si ser estatua sedente, como la de Lara, ya resulta insufrible, la pena de ser estatua con pene en Granada, es flagelante (¿flacidante?).