La comunista enamorada
En la serie de TVE "Amar en tiempos revueltos", Moncloa sigue contando su versión de los cuarenta años del franquismo. Como la Historia no existe y lo que existe son relatos e interpretaciones más o menos creíbles y documentados de lo que pasó, la socialdemocracia está imponiendo su relato en los medios de comunicación públicos. El argumento es viejo: el franquismo estaba lleno de buena gente (los futuros votantes del PSOE) que oponían a la maldad sustancial del régimen y de sus servidores y beneficiarios su bondad natural, su resistencia ética pácifica, la misma que logró acabar con la vida del dictador, con la ayuda del Marqués de Villaverde y la oxidación que ataca a los cuerpos viejos. Los comunistas, en esta construcción imaginaria, resultan ser unos tipos empecinados, obsesionados por la seguridad, espartanos, sin amor ni ternura. En las redes sociales se está moviendo algo. Leo en el Muro de un amigo del Facebook: "Exijo de Moncloa (donde se supervisan los guiones de estas series) que la camarada del PCE que sale en "Amar en tiempos revueltos" sea menos sentimental y el camarada, menos bruto". Otro denuncia, sin ambages: "Censura en TVE: en la web de "Amar en tiempos revueltos", no aparecen las fotos de los actores que hacen de comunistas. En cambio está saturada de fotos de actores que hacen de integrantes del "buen pueblo" de la gente sana y corriente". Uno de la asociación "Enredados en la Tercera República" ha contado que en su pueblo no había nadie del PSOE, pero que, tras la aproximación Suarez/González, en la Transición, comenzaron a afiliarse muchos a este partido y que tenían una prevención extraordinaria hacia los del PCE. Les obligaban a cambiar, con cierta frecuencia, los lugares, fechas y horas de las reuniones de las platajuntas, porque temían que los peceros se autodenunciasen a la guardia civil para enriquecer el martirologio de cara a las inminentes elecciones". Cuarenta años después, estos relatos se consolidan en TVE.
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miércoles, 31 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
En casa de Luis García Montero, cuchillo de amor
sábado, 23 de enero de 2010
Un burka por amor, melodrama ginecológico
La autora, Reyes Monforte
"Un burka por amor" no es una novela, es un mal reportaje y un relato fallido, nacido de la cultura de la queja. Mal cocinado con los ingredientes de los betsellers para lectura femenina, da la impresión de estar más interesado en instalarse bien en el mercado que en denunciar las barbaridades de los talibanes. Aquí nadie es responsable de nada. Te casas con un afgano te vas a vivir a ese país y luego lloras porque en él hay costumbres muy diferentes a las de Mallorca (más detalles). La higiene, la obstetricia, el trato que te da tu suegra... y los talibanes, claro. ¿Y por qué la protagonista se va a un país tan inhóspito? Por amor, cegada por la gran pasión que todo lo justifica. Que es la misma explicación que en las novelas del siglo XIX, escritas por hombres, dan las mujeres a sus "desvaríos" amorosos. La cultura de la queja no es específica de ciertas mujeres, también se practica en el ámbito de los nacionalismos periféricos. Cuando Sandokán surcaba el Índico, sabía que le podía pasar de todo y cuando le pasaba, salía de la situación como podía, pero no llamaba a Reyes Monforte para chivarse de los británicos. Los pescadores vascos se van a pescar donde hay piratas, con la ikurriña, y los pescan los bandoleros y nadie duda de que "Madrid" tiene pagar el rescate, lo que no nos librará de los remilgos infantiles de alguno de los arrantzales a la hora de reconocérselo al Estado que lo ha rescatado. Lo mejor para que no te toquen los piratas es pescar en la ría de Bilbao. Si hay algo peor que el nacionalismo prepotente del Estado español es el nacionalismo lacrimoso y aprovechado de las "nacionalidades", o de las naciones, históricas. Llanto, llanto, irresponsabilidad. ¡Qué pesados!domingo, 29 de noviembre de 2009
Revuelto de amores
Salvador
La propaganda política ha abandonado los telediarios y se ha refugiado en los melodramas ginecológicos de tarde y noche. En manos de guionistas con escasa preparación histórica y de productores con presupuestos tasados, las series de por la tarde son un revuelto de populismo insignificante, banalidad y anacronismos. Y en ese ámbito privilegiado es donde hemos insertado nuestras reivindicaciones históricas o dónde ajustamos las cuentas de tapadillo a los adversarios presentes y pasados. En una de las series, hemos tenido falangistas incestuosos y comisarios de policía torturadores y asesinos, curas pedófilos, o efebófilos, comunistas heroicos pero fanáticos, poco interesados en la reconciliación nacional, y buerovallejos torturados y dignos que son capaces de leerle la cartilla al mismísimo director de la cárcel y de pronunciar un mitin improbable rodeados de funcionarios desactivados y de presos comunes entusiasmados. Enfrente, el pueblo llano, sufrido y sano que sin proponérselo saca cada día adelante a la patria. Bueno, es lo mismo que han hecho siempre los cineastas americanos en las películas de indios, pero recuperar “la memoria histórica” en las series, eso, lo hemos inventado nosotros:
En el capítulo 54 de Amar en tiempos revueltos, emitido el día13 de este mes, el director de la cárcel pide a Salvador, escritor teatral y preso político, que firme un manifiesto desmintiendo que en las cárceles franquistas se tortura. El preso pronuncia el alegato que trascribimos más abajo, unos minutos antes de que una niña histérica, maltratada por su tía, se pase diez minutos chillando en El nombre del amor, la siguiente telenovela de por la tarde en TVE:
Salvador
¿Cómo pretende que firme un documento en el que se asegura que en las cárceles españolas los presos son tratados con dignidad y se respetan sus derechos?
Director
España está siendo vilipendiada en el extranjero y hasta el último español debe colaborar para impedir esa infamia.
Salvador
La infamia es lo que pretenden hacer ustedes, no sólo nos humillan nos ultrajan y nos torturan cada día. Además pretenden que les firmemos un documento en el que se dice que aquí nos dan un trato digno y humano, su desfachatez no tiene límite.
Director
Cuide mucho sus palabras.
Salvador:
No, han sido ustedes, los gloriosos, vencedores los que me han impuesto esta mordaza, ustedes los que no quieren que piense ciertas cosas ni que las diga y por eso me tienen aquí encerrado, pues bien yo reivindico aquí y ahora el derecho a ponerme esa mordaza, para no firmar y no decir cosas en las que no creo.
Director
Se lo preguntaré por última vez, ¿firmará el manifiesto?
Salvador
No.Jamás firmaría algo así. Estoy aquí encerrado por defender la verdad, la libertad y el derecho de las personas a opinar, a pensar y a decidir por sí mismas, libremente, sin que nadie las amenace, si firmara ese documento, me traicionaría a mí mismo toda mi lucha, todo mi esfuerzo habría sido inútil. No he llegado hasta aquí para esto. No me someteré ni a sus chantajes ni a sus amenazas, no le tengo miedo a sus torturas porque no son más que la expresión de su impotencia.
Director:
Silencio, pagarás muy caro lo que has dicho.
Ante la novedad del invento, la serie House ha mandado un becario al plató en el que se rueda Amar en tiempos revueltos. Los guionistas norteamericanos están pensando en darle un giro socialdemócrata a la mala leche del médico en la próxima temporada.
sábado, 28 de noviembre de 2009
¿Por qué muchas mujeres leen Millenium?
Acabo de leer “Los hombres que no amaban a las mujeres”. En verano llegué a un acuerdo con mi hija, ella leería "Ana Karenina" y yo la primera entrega de "Millenium". Ambos hemos salido beneficiados. Tenemos algo, más, de lo que hablar. Mi hija me ha recordado que Tolstói evita describir los pormenores del primer encuentro erótico de Ana y su Amante, Vronsky. En la edición que ella ha manejado, unos puntos suspensivos marcan, pudorosos, la ausencia, al principio del capítulo XI de la Segunda parte. Pero Tolstói sí detalla a lo largo de la novela los matices del sentimiento de culpa que invade a Ana por su adulterio. Al novelista ruso le resulta más fácil hablar del pecado que del placer. Hoy parece que es más sencillo hablar del placer que de la culpa y cantidad de polvos aparecen esparcidos por miles de novelas escritas por hombres y mujeres. La que ha tenido la suerte de codificar o protocolizar algún polvo, como Almudena Grandes, en su "Las edades le Lulú", luego lo repite en las novelas siguientes. Describir un polvo no es fácil, los puntos suspensivos son más cómodos. En "Millenium", los polvos están tratados con la misma distancia -la de lo inefable- que en "Ana Karenina", novela escrita también por un hombre. En cambio los abusos sexuales, la crueldad, el deseo de dominio que se esconde bajo los malos tratos a las mujeres, infligidos por hombres, tienen en la novela de Larsson un tratamiento tan pormenorizado y cuidadoso como el sentimiento de culpa en el novelista ruso. Y debe de ser una de las causas de su éxito y de que este best-seller lo lean más mujeres que hombres.
(Este tema no se queda así. Continuará...)
(Este tema no se queda así. Continuará...)
lunes, 5 de octubre de 2009
Las personas y el feto
El feto que una hembra de la especie humana lleva en su interior no es siempre una persona. Para ser persona hay que tener, como mínimo, DNIe, un borrador de la declaración de la renta en vías de tramitación, heridas del desamor, una película de culto, una chaqueta de lino de Zara, una pastelería donde comprar los bollos para el desayuno, un vecino que no te hable, dueño de tres perros que pese a conocerte desde hace años, te ladran cuando lees el periódico sentado en el porche de tu casa... incluso, un trabajo. El feto es algo tremendamente orgánico, telúrico, explosivo, perfecto. Crece, casi siempre, de acuerdo con el proyecto cósmico de la vida, que es el mismo que concierne a los planetas y a sus giros, a los rojizos mares de agua helada diseminados por las galaxias, a los olivos y a las encinas.
El feto es un artilugio eficacísimo de supervivencia. Forma parte de los millones de procesos, exuberantes, que multiplican la vida. Como todos ellos, individualmente, superfluos, pero imprescindibles en su instinto universal y certero de perpetuarse. Si el feto fuese una persona, se sabría. Habría dado muestras de debilidad y habría caído en alguna de las trampas de la vida en común. Se habría enamorado, se habría dejado regalar un traje por algún amiguito del alma, habría cometido una falta de ortografía, alguna Ley de educación lo habría condenado a la ignorancia y al fracaso. Competiría, no se habría podido negar a dar una charla sobre Lorca, trasladaría, en Semana Santa, pesados muebles de un sitio a otro, no podría evitar que lo usasen como novia ‘minimizada’, o que lo disfrazasen de cartujo, para los ritos primaverales de los mayores. Ya lo habrían llevado a Canal Sur a hacer el ridículo, imitando a Gila. Estaría enganchado al populismo trivial de "Amar en tiempos revueltos”, serie -cuyos guiones, según los maliciosos, se escriben en la Moncloa- en la que todos los pobres son buenos y todos los ricos malos. Lo habrían incluido en algún observatorio de la Junta (desde donde observar sin ser observado), y estaría apuntado a algún programa de "políticas de igualdad" del ministerio correspondiente.
Pero el feto da la espalda a esas contingencias. Incrustado en el vientre de una mujer, crece y crece, como las yerbas, aparentemente inútiles, de los campos incultos, para que la vida, pese a las personas, tenga otra oportunidad. El feto no se deja clasificar fácilmente: perteneciente a la especie humana, según unos, o privado, aún, de sus características, según otros, el feto se mofa del empeño de los taxonomistas en catalogarlo, porque la fuerza que lo mueve, como dijo Dante del Amor, es la misma que impulsa el curso del sol y de las otras estrellas.
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