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jueves, 4 de febrero de 2010

Amor en el lugar del excremento

Juan Ramón Jiménez, al final de su vida, en su poema Espacio, escribe: Amor, amor, amor (lo cantó Yeats) «amor en el lugar del escremento». Los seres humanos, hijos de un dios ironista que con sus manitas de alfarero moldeó sexo y cloaca tan próximos, caemos en su broma y juntamos libros, bragas,  poemas y lejías.

 Edición de autor

Pero hay que descartar el prejuicio de que los vendedores de bragas no tienen estudios. Por la foto, lo que desde luego no tiene este comerciante es buen gusto o es un fanático del kitsch . Pese a todo, estoy convencido de que él ha escrito el libro que regala. El autor y el dueño de la mercería pueden ser la misma persona. Parece una edición de autor, posiblemente se trate de un delicado manojo de versos o de un opúsculo de algún erudito local, asuntos ambos que no venden. Nada que ver con Las cincuenta sombras de Grey.

sábado, 16 de enero de 2010

Cuando Dios se sale de madre

Cuando Dios se sale de madre, como en Haití, se entiende mejor lo que quiso decir Alberti en su verso: “Las palabras entonces no sirven, son palabras”. Si estás en tu casa, con una simple rebanada de pan con aceite y un café delante, desayunando, cubierto por un tejado, razonablemente seguro, y esperas comer dos veces más en el mismo día, escribir esta entrada puede ser hasta indecente. La catástrofe -100.000 muertos (?), y el territorio asolado- te mueve a escribir, aunque sepas que deberías de callar. Sencillamente porque ésta es una de esas ocasiones, lo explicó Freud, en que la “cultura” y la “civilización” muestran su debilidad extrema, su carácter de airbag delgadísimo, que no puede impedir que afloren, y se expresen, los instintos básicos que habitualmente controlamos. Como todos hablamos, se oye de todo. En los primeros momentos, en las tertulias radiofónicas se oscila entre el buenismo de los que siempre, teóricamente, defienden las causas justas, que suelen ser las políticamente correctas, y el miedo miope de los que se consuelan con echarle la culpa a la víctima: “Los de Haití exageran, son unos pedigüeños, siempre quieren sacar tajada de estas cosas y luego ni siquiera saben repartirse las ayudas”, comentan. Más o menos lo que le dijo una señora a su pobre habitual cuando el hombre le confesó que se estaba muriendo:”es que los pobres os estáis muriendo todos los días.”
Pero las actitudes más antiestéticas, las ofrecen los que viven de la intermediación entre Dios y la humanidad, los predicadores, los obispos. El horror de Haití los enfrenta, sin posibilidad de escape, con el problema del mal y los saca del campo de juego. Supone el fracaso de su mediación. “¿Por qué vuestro misericordioso Dios permite estas cosas?”, claman las víctimas.  Y ellos que comen del silencio de Dios, no tienen respuesta para cuando su Dios se les sale de madre y pega voces (y coces), como acaba de suceder en Haití. Y entonces, extraviados, dicen las cosas que mis amables lectores ya les han oído decir y que yo no transcribo aquí para no contribuir a la ola de anticlericalismo de reacción que crece imparable en la calle y que se expresa clamorosa en las redes sociales y que amenaza, también, con salirse de madre.

martes, 12 de enero de 2010

Nos han crecido los negritos

"Preciosa cabeza de negrito, hucha para domund, antigua, nada de reproducción"
(Texto del vendedor)

A veces, para espabilarme, oigo el programa de radio "La Mañana de la COPE". Todavía no lo he confesado en mi muro de Facebook. Ni creo que lo publique porque podría sentar mal a no pocos miembros de uno de los grupos en que colaboro,  uno muy activo de titulo muy combativo:  “Que la justicia actúe contra el arzobispo de Granada”. No quiero ser considerado agente doble. Pero a los lectores de ‘Donde los ángeles’ sí puedo contarles lo que estaba diciendo hoy  un tertuliano de esa emisora: Los chinos son raros, yo no me fiaría mucho de lo que dicen los chinos, porque son una cultura rara, los chinos son raros, se les entiende poco… Lo de que son sabios, pues, tampoco les ha ido tan bien, nos venden esto de que las culturas orientales son sapientísimas, pero luego en realidad tienen cada cosa que es para tirarse de los pelos,  yo soy muy occidental,¿qué le vamos a hacer ? [...].
Y es que a Occidente le han crecido los chinitos y los negritos y los moritos y, también, los indios que encontraron a su llegada al Nuevo Mundo los emigrantes que Neruda llamó “hijos del desamparo castellano”, y que aquí conocemos como los conquistadores.  Todos ellos se han hecho mayores y han roto las huchas del DOMUND. No todo el mundo lleva bien que los chinitos sean hoy más ricos que nosotros, que los moritos se nos hayan cabreado y que los negritos hayan inventado el jazz y el gospell. Y hay quien no soporta que un negro sea presidente de los EEUU y, menos,  que un indio aymará presida Bolivia. ¡Qué buenos los tiempos de la colonia! Con tánto que exterminar, que convertir y que civilizar y, sobre todo, que vestir. Porque, nos pongamos como nos pongamos, los indígenas iban muy mal desvestidos. Y luego, cuando han decidido ir de tiendas, parece que se lo compran todo en un chinois. Por lo menos que se pasen por Zara.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ombligos y coronillas



Habrá que firmar algún manifiesto, como propone Krahe en su ontológica canción No todo va a ser follar (ver aquí). La cosa tiene que estar muy mal porque todos los días me llegan varios emails con manifiestos que debo firmar.  En el último que se me ha colado en el buzón me piden que me pronuncie en contra de las injerencias de la jerarquía católica  en asuntos “que no le competen y que afectan a creyentes y no creyentes”.
             Estoy de acuerdo en rechazar la injerencia de la Iglesia Católica en todos los asuntos que no le competen, e incluso en los que le competen. Firmo también en contra de que el presidente del Gobierno no haya denunciado ya el Concordato con la Santa Sede.
Pero advierto en los comportamientos de los obispos un agónico estertor extraviado. Más daño del que los obispos se han hecho a si mismos asistiendo a las manifestaciones tocados con gorrillas blancas de devotos  de base no les podemos hacer nosotros con nuestros manifiestos. ¡Con el trabajo que le ha costado a la casta sacerdotal, desde el Levítico, armar su productivo oficio de mediadores entre la divinidad y los fieles! Encumbrados, simbióticos con el poder terrenal y el económico,  subidos a púlpitos y altares revestidos de pontifical, dirigiendo, castigando, predicando, excluyendo, premiando desde las alturas a la grey humillada, para que ahora lleguen estos obispos peatonizados y se dejen arrastrar por la multitud vestidos de viudos de luto y coronados con gorrillas de 'productores' de los cincuenta, azotados por el sol. Tapan ahora con la gorra la coronilla que venía siendo el signo prestigioso de su ministerio, con el que les indicaban a los jóvenes que la sabiduría radica  en la ancianidad alopécica. Su poder se ha devaluado: ellos tapan sus coronillas, mientras que jóvenes trendys católicas, exhiben en las mismas ‘manis’, el signo del poder joven: el oxímoron del ombligo arrugado en la planicie triunfante de sus vientres.
Yo no soy quien para aconsejarles, pero si quieren recuperarse algo que vuelvan al latín y nosotros a nuestros quehaceres. Y si hay que firmar algún manifiesto, pues se firma que todo no va a ser follar.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Deconstruyendo al mismísimo dios




Caín
Lo más parecido a dios (saramago lo escribe con minúscula) es un novelista. El novelista saramago (por ahora escribiré su nombre con minúscula, para que no se me enfaden los otros cientos de miles de novelistas/dioses que por ahí teclean sus PC's o sus MAC's) en su última obra, Caín, le  lee la cartilla a dios, o mejor, le lee a Dios su cartilla, LA BIBLIA. Se la lee, o se la deconstruye, metiendo en el centro de una constelación de relatos mágicos, como son los que componen EL LIBRO, dos bombas lapa: el humor ("seamos serios, hablemos en broma", he leído en un blog emergente) y la delicada herramienta, perfeccionada en Occidente hasta la extenuación, que se llama CAUSA/EFECTO. saramago demuestra así que todavía estamos en la edad del LIBRO SAGRADO, y que no caben muchas más posibilidades, o se escribe como DIOS, o se escribe contra DIOS. A esta última se ha apuntado el premio nobel de literatura portugués (que en el Parnaso también hay clases y premiados). No he leído nada más que un capítulo de la obra, pero ya puedo avanzar que, en mi opinión de diosecillo / crítico, Dios sigue ganando por goleada al dios saramago. Prometo a mis escogidos lectores, opinión mucho menos irresponsable, cuando ellos y yo, hayamos leído el libro entero. Lo único que puedo adelantar es que Abel no es hijo de Adán, aunque sí de su señora,  y que para trabajar, recién creado el mundo, también hacía falta un contrato laboral.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El opio del clero

 El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino animó ayer a las mujeres que han abortado a celebrar el Sacramento de la Confesión. Esto lo explica todo: según parece, los traumas nacieron con los psicólogos, antes, en tiempos de escasez,  un niño sólo podía   aspirar a que le dieran un mal rato, a sufrir una irritación, o a recibir dos bofetadas..., y el pecado, dicen algunos,  no existió hasta que nació la casta sacerdotal que vivía de perdonar lo que ellos fijaban como pecado. No hay duda de que Martínez, como cualquier persona, sufre con los abortos, pero lo que parece interesarle de verdad es que las mujeres que abortan pasen por caja, perdón, por el confesionario. Las manifestaciones multitudinarias, auténtico opio del clero hasta hace muy poco, empiezan a enojar, después del descubrimiento de un método bastante exacto de  contar el número de manifestantes. Y se ha pensado que  la gente vuelva a la Iglesia, de la que nunca debió salir. Es mejor.

jueves, 29 de octubre de 2009

Sicalipsis



En los Todo a Cien se pueden encontrar algunas de las claves del tiempo presente.  Repasando sus estanterías, o sus escaparates, se comprueba, por ejemplo, que la sociedad española vive ya en una regalada laicidad de la que no son totalmente responsables, pese a lo que predican obispos y radiofonistas quejumbrosos,  los actuales gobernantes. Metadona del consumo para el hipotecariado, las "tiendas chinois" abundan en los barrios populares y escasean en el de Salamanca. En sus vidrieras, como en las del tango  “Cambalache” (1935) de Santos Discépolo, desbaratada la jerarquía de lo sagrado, “se ha mezclao la vida / y herida por un sable sin remache / ves llorar la Biblia / contra un calefón”.



En los escaparates de un Todo a Cien que hay cerca de casa también conviven sin problemas que no puedan ser resueltos, la escultura sicalíptica de una diosa desnuda (vendida) y una imagen friki de la Santísima Trinidad (por vender) coloreada de modo blasfemo.

martes, 27 de octubre de 2009

El Niño Jesús de Praga


Pánfilo había escrito en un foro de Internet en el que se discutía sobre la existencia de Dios:
"Es posible que Dios exista, pero no puedo decir lo mismo del Niño Jesús de Praga".
Y Pánfila le contestó, en el mismo foro:
"Pánfilo, te equivocas: de lo que sí podemos estar seguros es de la existencia del Niño Jesús de Praga, lo he visto con mis propios ojos: es un trozo de madera tallado y policromado, pequeñito y bastante corriente".



Él pensó que podía tener razón: pese a que en el escaparate del Todo a cien de su barrio no había ningún  Niño Jesús de Praga, sí  encontró muchos niñosjesuses vulgares, apilados junto a unas cuantas figurillas de Cupido muy parecidas. La supremacía del cristianismo estaba expresada en euros. Cada niñojesús costaba 2,10 euros. Los cupidos, paganos, 1,55.

lunes, 5 de octubre de 2009

Ginofanía



Proceso en el que muchas mujeres, después de haber renunciado a guardar y proteger los secretos de los hombres, ocupan el espacio público, destierran las mediaciones, y acceden al conocimiento de las cosas, a lo numinoso, o simplemente a un portal de Internet, sin tener que pedir permiso a nadie. Como el fenómeno es tan reciente, no se sabe muy bien a dónde irá a parar el cordero y sus partes.