miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las cosas del poder

Las divergencias entre políticos terminan frecuentemente en los tribunales. De por sí los juzgados están atestados de casos, pero si el legislativo y el ejecutivo resuelven sus discrepancias en los juzgados ¿dónde acudimos los demás por un asunto de lindes o por el robo de una maceta? No nos dejan que usemos nada del Estado de derecho. No lo dicen, pero lo piensan y lo quieren:"To pa mí, to pa mí". Para las obligaciones, el Estado somos nosotros, para los derechos, el Estado son sólo ellos. Saturación de poderes.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Burkas de fealdad

ME ruega el amigo Pánfilo que le publique en mi blog unas reflexiones, nada correctas -ya lo digo-, que me hizo ayer en la Mariana sobre las mujeres feas. Le he sugerido que se abra su propio blog y que se explaye. "¡Lo que me faltaba!", me ha contestado, "lo tendría percudido de los ácidos comentarios de Pánfila, mi ex pareja virtual, que está incómoda conmigo desde que me negué a liarme con ella sin red de por medio". Le he pedido copia del DNI y le he amenazado con exhibirla si alguna lectora duda de la autoría de lo que sigue: Pánfilo ha encontrado un cierto parecido en las razones que le han dado mujeres musulmanas para ir cubiertas y las que les ha oído a feministas empeñadas en imponer en sus colectivos una cierta nivelación por la fealdad. 
Las musulmanas le han contado que las veladuras igualan a las guapas con las feas, que así disimulan sus defectos y compiten en situación de igualdad con las hermosas para obtener un hombre. Yo creo que mi amigo anda cabreado con el feminismo de la exclusión (muy condicionado -según él- por ciertos grupos vascos y navarros), que no permitió la participación de hombres en las Jornadas Feministas celebradas en Granada en diciembre de 2009. En las Jornadas había mucha chica guapa que se había dejado crecer el vello de las piernas, que aparecía poco aseada y mal peinada y que disimulaba la perfección de su cuerpo con ropa poco ajustada. Como las musulmanas, muchas mujeres hermosas de estos grupos se cubren con ese feo burka que las iguala a las menos agraciadas que sutilmente las han convencido de que lo importante es la belleza interior, la del alma. De cuando mi amigo coqueteaba con Pánfila en Facebook, recuerda que las chicas que cuelgan fotos en sus muros obtienen de sus amigas comentarios y halagos sobre lo "wapas" y atractivas que resultan. 
Me dice, este Pánfilo incómodo, que las chicas raramente intercambian elogios sobre el alma. Y termina confesándome que está muy confundido. Como me temía, he recibido un email de Pánfila en el que me ordena que le diga a Pánfilo que los medios de comunicación están inundados de magníficos y depilados cuerpos postizos; de brillantes y cuidados cabellos; de ropas imposibles y maquillajes depurados. Y nada en el cerebro. Todos esos cuerpos hablando de banalidades. "Y cuando se les descuelguen las carnes y ni la estudiada vestimenta pueda tapar las evidencias de los agravios de la edad, ¿qué les quedará?". La pregunta se la he pasado a mi amigo que no ha tardado en contestar: "Pánfila, como yo digo, el alma bella de la fea, de vieja, la hermosa la desea".

La enfermedad infantil del alfabetismo



Cantemos al amor de los amores
En un poema dedicado a J.Guillén, Carlos Bousoño (el de la "Expre") escribe:

Dejad que la palabra haga su presa lóbrega, 
se encarnice en la horrenda miseria 
primaveral, hoce el destino, cual negra teología corrupta... 
Los escritores le dan demasiada importancia a las palabras, a la palabra, sobre todo los poetas que un día sí y otro también andan tocándole el meollo al misterio para ofrecerlo a la humanidad como prenda de salvación. Hay que pensar que esta confianza ciega en las palabras está impregnada de un cierto corporativismo. Al fin y al cabo, muchos escritores viven, o esperan vivir, de lo que escriben. Al "creador" le gustaría escribir un buen "remake" del Libro, de la Biblia. No ser Dios, que eso lleva mucho tiempo, sino escribir como Dios, cuando Jahvé redactaba el Génesis, no cuando componía la letra del "Cantemos al amor de los amores", cajón de gallos y gorgoritos extraviados de la piedad de cera e incensiario. No sé dónde he leído que después de las barbaridades del siglo XX -y no digamos de las del presente siglo-, la única forma de hablar en serio es hacerlo en broma, irónicamente. Pensar que las desprestigiadas palabras nos van a sacar del atolladero, no deja de ser una enfermedad infantil del alfabetismo. Que ataca, como era de esperar, a blogueros y escritores de la "Nube". Quizá abandonando todas las letanías y jaculatorias, atreviéndose a vivir de otra forma y a plasmarlo con palabras todavía no pronunciadas, se consiguiera algo. No sé... Desde luego, "hozando el destino" como propone Bousoño, no vamos a ninguna parte. O terminamos en la cochiquera.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Wikipedia, la gran diletante


A nuestro Pánfilo, como buen diletante, le gusta tocar temas de biología. Es muy aficionado a relacionar el comportamiento humano con el de los animales. Esto, que estuvo muy mal visto hace unos años, hoy está de moda. Me escribe: “Cualquier sábado por la tarde, en Puerta Real, una novia se ha bajado del coche nupcial para retratarse con sus damas de honor, no sé si antes o después de la boda. Las mujeres que pasan en ese momento por allí, al unísono, como los peces de un cardumen, vuelven sus cabezas hacia la novia. Los hombres que pasan en ese momento por allí, incluido el novio, al unísono, como los peces de un cardumen, dirigen sus miradas hacia el cuerpo de una chica de 17 años que ha elegido la misma plaza para poner a calentar órganos, músculos, sistemas, articulaciones, vértebras, simetrías… antes de exigirles, en la noche cercana, prestaciones notables de elasticidad aplicada. Los etólogos no saben todavía si  la sincronización de los individuos de un banco de peces es innata o adquirida. Los antropólogos  y los diseñadores de trajes de novia no tienen dudas sobre la naturaleza de las conductas sincronizadas observables en los machos y en las hembras de la especie humana”.
Su amiga Pánfila le ha comentado que no entiende por qué sigue empeñado en ser un diletante, que Wikipedia, la gran diletante, los ha barrido a todos. Culta sí y latiniparla, le ha recomendado que, antes de seguir por ese camino, lea la novela de Flaubert "Bouvard y Pécuchet", si quiere saber lo que les sucede, y cómo terminan, los protagonistas, dos quijotescos diletantes, metidos a estudiar, como aficionados, sin método alguno, multitud de disciplinas científicas y a intentar llevar a la práctica los conocimientos adquiridos en enciclopedias y manuales.
Pánfilo, altanero, le ha contestado que una cosa es ser diletante y, otra muy distinta, saber relacionar unas cosas con otras y que ha leído en la Wiki que Flaubert,  no sólo ataca en su novela a los diletantes, sino también a la misma ciencia y a los científicos que se muestran incapaces de hacer llegar a la humanidad los efectos beneficiosos de sus descubrimientos. “En la misma enciclopedia  he encontrado esta frase del mejicano José Arreola: Quien renuncia a enterarse de algo que no es de su competencia porque cree que pertenece a otro ámbito, se excomulga automáticamente del gremio universitario y se va a vivir como falso Robinsón a un islote de especialista. Creo que Arreola tiene  razón, querida  Pánfila”. La chica le ha contestado con un breve email en el que sólo se puede leer esto: “¡jajajajajajajaja!”.

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Necesita Jehová un abogado?

Saramago, en su novela Caín, se dedica a enmendarle la plana al Dios de la Biblia. Primero,  convirtiendo a Caín en un personaje malo en el buen sentido de la palabra “malo”. Y después, escribiéndole a Dios, por derecho, todos los renglones torcidos que el Creador se ve obligado a trazar para que vengan otros a explicar la deriva de la escritura divina y a “rectificarla”. En el episodio Abraham, Saramago demuestra poca ambición, se contenta con que sea Caín, y no el ángel del Señor que llega tarde y despistado al escenario del crimen/sacrificio, el que salve al hijo del Patriarca, Isaac, de las llamas.  Me hubiera gustado más un Caín que se hubiera dedicado a denunciar públicamente que, con el sacrifico de Abraham,  la casta sacerdotal le estaba diciendo al pueblo, que los sostenía con sus diezmos y ofrendas, hasta dónde eran capaces de llegar para obedecer a Yahvé: hasta el sacrificio horrendo de sus propios hijos. Esto sí, teniendo siempre en la manga el as del indulto. Queda claro que a los sacerdotes les importa un bledo que la imagen de Dios quede muy deteriorada al exigir a Abraham  la inmolación de un niño, con tal de que el pueblo se trague que los ungidos, si Dios se lo pide, son capaces hasta de asar, como espetos, a sus propios hijos. Con Abraham y Moisés,  el formato del mediador que come del silencio de Dios, queda perfectamente acabado, pero se priva a Jehová del derecho a la propia imagen. Desde entonces, los sacerdotes, en cada momento, ofrecen de Dios la imagen que más les interesa. Me hubiera gustado que Saramago en lugar de convertir a un villano, como Caín, en un héroe, hubiera abogado en su novela porque se le reconociese al Altísimo el derecho que todos tenemos a la propia imagen, evitando que cualquier cura de aldea, o el mismísimo Papa, pueda publicar  sin pagar derechos de autor imágenes robadas al Todopoderoso.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Educar es decir "no"

PERO no ha sido fácil en los pasados años de la burbuja de la abundancia, decirles que no a nuestros hijos. O mejor, negarle cosas a nuestro 1,39 hijo, que es lo que hemos producido de media las parejas, y la ciencia, en los últimos años de despilfarro. La educación, el soneto, las religiones de la negación y el sufrimiento y el cocido son para épocas de escasez. En la abundancia, la sexualidad se industrializa, como los cruasanes, el rap desplaza al soneto amoroso, las religiones del martirio se transforman en religiones del disfrute, en el Bulli el evanescente nitrógeno sustituye al aceite hirviendo con el que se elaboraban las contundentes flores de sartén, las comidas son virtuales y se proyectan en los platos, de tal manera que cuando has terminado de comer tienes la retina llena de colores y el estómago semivacío. Y el sistema educativo se transforma en guardería, donde se recoge a los jóvenes para que no estén todo el día tirados por las calles. Bastante hay con las noches. Para el sociólogo E. Durheim (1858-1917), la educación es la acción ejercida por los mayores, supuestamente, maduros, sobre los jóvenes inmaduros y "tiene por objeto el suscitar y el desarrollar en el niño un cierto número de estados físicos, intelectuales y morales que exigen de él tanto la sociedad política en su conjunto como el medio ambiente específico al que está especialmente destinado". 

La acción que las generaciones adultas estaban ejerciendo, cuando se redacta esta definición, sobre las que todavía no habían adquirido la madurez, era muy radical: la Primera Guerra Mundial. La guerra es una escuela severa y eficaz. Enseña a los seres humanos lo crueles que podemos ser cuando se rompen todos los diques de la convivencia. Después de algunas guerras -y depende de quién las haya ganado- la gente se comporta una temporada. Y es capaz de llegar a acuerdos para que los bienes se repartan un poco mejor. Léase el opúsculo Indignaos, de Stéphane Hessel, para ver a qué acuerdo llegaron los franceses después de la Segunda Guerra Mundial. En España, tras un periodo en el que todo el mundo ha comido y se ha lavado, de nuevo aparece la escasez. Y en la Comunidad de Madrid ya están preparando a los futuros conductores de la pobreza. En los institutos de esa Comunidad, se van a crear "aulas de excelencia" para formar a los futuros capataces. Educación especial para los más listos. Esperanza Aguirre piensa curarlo todo con la tirita de la exigencia y del mérito. Por lo pronto, a los alumnos no se les ha exigido nada, a los profesores sí: que den dos horas más de clase.

martes, 6 de septiembre de 2011

Gastronomía comparada


Recomiendo encarecidamente la lectura del libro de Anthelme BRILLAT-SAVARIN, (1987 [1825]), “Fisiología del gusto o Meditaciones de gastronomía trascendente”, al par que “Los 23 puntos de la Síntesis de la cocina del Bulli” (v. web Bulli.com). Alguno de los puntos de la “Síntesis” parece inspirado en “La fisiología”. En ambos la Gastronomía es una ciencia. Y la elaboración de los alimentos, como no podía ser de otra manera, está tratada con mucha seriedad. Pero el libro de Brillat-Savarin, “contextualizado”, como diría Adriá, en 1770, se redacta para enseñar a comer, como  nobles razonables que saben que no se lo pueden comer todo y que tienen que repartir con sus iguales, a las clases emergentes, burgueses, funcionarios del Estado, comerciantes, rentistas… Se trata de comer razonablemente bien, en abundancia, con productos de calidad –aunque en esto Brillat, como después Adriá, da más importancia a la elaboración sabia de los productos que a la calidad de los mismos-  sin llegar a la indigestión  o el colapso. En cambio Adriá en su restaurante, o bien ha estado preparando a la emergencia para la escasez, ejercitándola en el comer leve, para una previsible época de carestía (en la que habrá que guardar el pan de la semana en orzas  y no tirar las sobras del mediodía)  o bien ha dado de comer flores de sartén (crionizadas con evanescente nitrógeno en lugar de fritas con el tradicional aceite hirviendo), a los insaciables tiburones de la burbuja de la abundancia, que,  hartos de gambas, en sus yates o en sus mansiones, cuando se dejan ver en público, montan una ‘performance’ donde fingen  contentarse con unos pétalos, para disimular que tienen estómago como para tragarse el mundo.  Lo que no se le puede negar a Adriá es que es un maestro de la ironía –que él propone como valor gastronómico en uno de sus puntos-: desde 1770 en que se inaugura el primer restaurante en Paris, la gente acude a esto locales para no tener que guisar en casa y lavar los platos, al Bulli se va a acariciar las prímulas y las petunias, para después pasar por el Macdonalds e hincharse.