jueves, 23 de junio de 2016

¡Elija la patata nueva!

Martí, ser culto para ser libre
EL respeto por los saberes populares, extralibrescos, de la oralidad, los que se han transmitido secularmente de boca en boca, lo aporta el Romanticismo. Incluso el aprecio por las lenguas "aborígenes", minusvaloradas por las llamadas "lenguas de cultura", es también cosa de finales del siglo XIX. Una de las aportaciones fundamentales de la lingüística es haber puesto de manifiesto, por mucho que le duela al colonialismo, al racismo y a otras taras de la condición humana, que no existen "lenguas primitivas". No hay lenguas mejores y lenguas peores. Tan buenas -es decir, tan útiles para los que las hablan- son las lenguas autóctonas australianas como el latín, el griego, el castellano o el catalán. En estas cosas suelo pensar cuando voy en mi bici a buscar patatas nuevas por la vega de Cájar. En eso y en la mirada de superioridad y en el populismo benevolente de "hombre de cultura" que uno le dedica al campesino, al agricultor, que produce algo tan placentero y tan tranquilizante como una patata que sea buena para freír y para cocer. Seguramente que hay gente que se extasía leyendo algún verso de Homero, pero no es menos cierto que otros muchos agradecen al que inventó la tortilla de patatas su hallazgo. Y uno que, ni ha escrito la Iliada ni es capaz de cosechar las portentosas patatas de mi pueblo, se atreve a mirar con aires de superioridad a los creadores de estos portentos. La cultura oficial, la alta cultura, la gestione la Iglesia o la Escuela, no se ha llevado nunca bien con la cultura popular de transmisión oral. Lo primero era controlarla e integrarla y si había que quemar a alguna bruja o alguna sanadora, se la quemaba. No se toleraban competidores. Los que vivían de escribir, interpretar y vender libros, inventaron eso de que todo está en los libros. Y los movimientos revolucionarios se lo creyeron convencido de que para ser libres había que ser cultos, previamente. Razón llevaban, la cultura no da la libertad ni siquiera la bondad ni la compasión -a la historia me remito- pero si coloca al que no dispone de sus claves en situación de inferioridad. Lutero, que era muy listo, ya se había dado cuenta de que las ensoñaciones y promesas de vida eterna de la Biblia no peligraban ni iban a ser discutidas si se traducían del latín a las lenguas vulgares. Y le entregó a la gente las claves para descifrar el libro sagrado. Porque el hombre necesita comer, y si la patata es buena, mejor, pero tampoco podría subsistir sin promesas de salvación, religiosas o electorales, que nunca se cumplen. Pero le basta con saber que otros muchos como él, no es que sean tontos, es que se hacen los tontos y fingen creérselas. Y esa estupidez compartida y asumida alivia el desconsuelo que nos produce la vida.

jueves, 16 de junio de 2016

La náusea

Las almas atraviesan la Laguna Estigia
AL filósofo francés Sartre, tomar decisiones, elegir, le producía un sentimiento profundo de repugnancia por la existencia al que llamó 'La náusea'. Algo parecido, sin llegar a ser igual, a lo que yo siento cuando, ahora que ha llegado la calor, tengo que sustituir los agostados ciclámenes del invierno e, incluso, los robustos geranios de la primavera, por plantas que aguanten los calores de agosto sin necesidad de muchos cuidados. Y ahí estoy, debatiéndome entre las vincas y las verdolagas. Mis asesores, una florista de La Zubia y Miguel, el dueño de un vivero cercano, parecen estar de acuerdo en que hay que proceder ya a la sustitución, pero un vendedor de flores del Camino Bajo de Huétor me sugiere que los geranios aguantarán bien hasta septiembre. Y entonces, la incertidumbre me corroe y vivo el problema de forma acuciante en mi interior que es donde se viven estas cosas. No llego a la náusea sartreanea, porque casi no tengo vida interior y esas cosas me afectan menos, pero sí estoy incómodo. ¡Lo que tuvo que sufrir Jesucristo a la hora de elegir a sus discípulos, aceptar a unos, rechazar a otros! Se lo dejó bien claro -él que era un hombre de carácter- a los apóstoles y no aceptó formar un jurado o un tribunal, asumió él sólo toda la responsabilidad de nombrar a estos cargos de libre designación: "No me elegisteis vosotros a mí; sino que yo os elegí a vosotros" (Juan15:16). Mi padre también era muy taxativo en lo que se refiere a las elecciones. Él no solía hablar de política. Como tantos otros, salió de la guerra tan escaldado que no dejaba que se hablara de política en la mesa. Pero de las elecciones recelaba y lo que tenía muy claro era que al padre no se le elige en un plebiscito ni se le confirma o se le rechaza en un referéndum. "Me da igual lo que penséis de mí", decía cuando alguno de sus nueve hijos le discutía una decisión, "no pienso presentarme a elecciones para el puesto de padre de esta familia". Seguramente, quería protegernos de la náusea de la elección. Según nos explicaba en PREU, don José Barrio, nuestro excelente profesor de Filosofía, Platón contaba que eran las Parcas las que elegían por nosotros. Muertos, nuestra alma atravesaba la Laguna Estigia, en busca de la reencarnación, y llegaban a una planicie en la que tres deidades, las Parcas, se ocupaban de tejer el destino de cada uno de nosotros y de decidir en qué cuerpo se reencarnaría nuestra alma. Seguramente para ahorrarnos la náusea de tener que elegir entre ser Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias. Y es que la mitología griega fue más compasiva que la teología cristiana y limitó muchísimo la capacidad de elegir de las personas para no angustiarnos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Guerras de religión

Qué época más afortunada la nuestra, en la que cualquier lerdo, como el que escribe esta columna,  puede encontrar a la mayoría de los personajes públicos todavía más lerdos que él. Eso es una bendición para la autoestima. Y además parece como si, al denunciar sus vicios, uno estuviera libre de ellos. Miedo y agradecimiento es lo que uno siente ante la estupidez ajena. Miedo, porque no hay mucha diferencia entre el genoma de uno y el del arzobispo Cañizares, el del alcalde de Granada, el de Chaves y Griñán o el de los aspirantes a poner el huevo en Venezuela y cacarear en las Cibeles. Por tanto, si no fuera porque la diosa Fortuna nos ha librado, azarosasmente, de incurrir en alguno de los vicios que aquejan a esas personas (sobre todo el de la ambición desmedida de poder y de dinero), estaríamos ahora como ellos atenazados por nuestros delitos y gritando que los cometimos en estado cataléptico, sin enterarnos de nada, pese a disfrutar de todo lo que se puede tener gracias al dinero y al poder. Chaves y Griñán lo están sufriendo ahora; cuando la capa del emperador te cubre, toda la mierda se trueca en oro, cuando el poder te abandona y te quedas desnudo, todo el oro se trueca en mierda. Si no del oro (que las llaves de la ciudad que los populares le han entregado son de hojalata herrumbrosa), si disfruta ya el nuevo alcalde Paco Cuenca de los oropeles del poder. Con valentía inusitada, Cuenca se ha atrevido a desoír las directrices del Papa sobre la conveniencia de separar política y religión. Y ha procesionado en el  Corpus en representación, según él, “de todos los granadinos”, incluso de los que no deseamos ser representados en ese acto.  Prudente, como se le ve, seguramente que no va más allá y se abstiene de excomulgar al papa Francisco por su defensa de la laicidad. Tampoco anda muy en sintonía con el Papa el dicharachero arzobispo de Valencia Cañizares, al pedir a los católicos que desobedezcan aquellas leyes que consideren injustas, basadas en "la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género". Este hombre, aparte de heterodoxo y regalista,  es muy poco serio y trabajador: a los fieles hay que decirles exactamente qué ley, qué capítulo, qué epígrafe de las leyes que atañen al género, hay que desobedecer. ¡Si Santo Tomás de Aquino levantara la cabeza, a él que le gustaban tanto las taxonomías y la precisión! Porque comienzas desobedeciendo no sé qué ley de género y terminas trayéndote al Papa a Valencia con la única pretensión de enriquecerte tú, tus amiguitos del alma y tu partido. Y eso no está bien ni aquí ni en Venezuela. 

jueves, 26 de mayo de 2016

La concejala Raquel Ruz, la portapendones

Portapendones
La concejala de cultura del Ayuntamiento de Granada, Maria De Leyva Campaña, emocionada ante el buen portar el pendón de la ciudad en la procesión del Corpus de su compañera de corporación y compañera de partido, Raquel Ruz, se derrama en estos halagos: [Raquel Ruz es] "una política capacitada con poderío de sí, elegante, trabajadora, madre orgullosa de serlo...un lujazo y además guapa a rabiar. Es un orgullo para el PSOE contar con su dedicación y experiencia. Te queremos y lo sabes". A mí me ha conmovido, pero he sofrenado mi adoración, tras ver la foto de la joven apendonada, porque, a partir de ahora, va a resultar difícil aspirar a una concejalía si no se tremola bien, si una es fea a rabiar, o simplemente guapa del montón, si no se han dado a luz unos hijos, o, incluso, habiéndolos parido, si no se está orgullosa de los hijos de una, si se está en paro y,en consecuencia, no puede una ser muy trabajadora, si no se es elegante y se lo compra una todo en los chinos. Y lo que es peor, si los compañeros de partido no te quieren, como suele ser habitual dentro de cualquier organización, donde el amor no es la regla de oro de las relaciones entre los socios. En fin, el listón se ha puesto tan alto, tal alto, que sólo "lujazos"como Raquel Ruz podrán superarlo. (No entro a comentar eso de "una política con poderío de sí", porque mi competencia lingüística no da para tanto. Es una frase que me resulta oscura, indescifrable).

miércoles, 25 de mayo de 2016

El lápiz roto

Matrioska
Una madre ha agredido y lesionado a la directora de un colegio de Santafé. La razón que ha dado es que habían regañado a su hija. Aunque sepamos las causas de por qué una madre pega a la persona encargada de enseñarle a su hija las instrucciones elementales para vivir junto a otros sin colisionar con ellos más de los preciso, no vamos a evitar estas agresiones. Porque las causas son múltiples y difíciles de eliminar de golpe. Para empezar, hay gente más violenta y gente menos violenta. Gente airada y gente flemática. Gente que pega y gente que sólo usa las palabras para las confrontaciones. Como en las matrioskas, dentro de la muñeca grande habitan otras muñecas más pequeñas, pero igualmente necesitadas de reconocimiento, atención y respeto. Algunas exigen más espacio del que les corresponde y tienden a reventar la matrioska, el sistema. ¿Cómo distinguirlas? Basta observar cómo tratan a los camareros o a los mayordomos;  a los maestros o a los médicos. Si alguien reclama, en un bar, para su gin-tonic, cardamomo y anís estrellado y abronca a la camarera, si no hay existencias, pensad que estáis ante un aspirante a señorito. Los caciques cordobeses, ricos de varias generaciones, eran más prácticos y, a veces, tenían el acierto de buscar esposas preparadas para tratar bien al servicio. “Rinden más y sisan menos”, les explicaban sus mentores, con cinismo, a las aspirantes a señoronas. Cuando una madre pega a una maestra es porque tribu y escuela chocan violentamente. Recuerdo haberle dicho, ejerciendo de tutor, a una madre alternativa que venía a quejarse de que los profesores la teníamos tomada con su hijo: “Señora, su tiempo de maleducar a su hijo, en la tribu familiar, está acabando, ahora déjenos maleducarlo a los especialistas, aquí en la escuela”.  Las tribus modernas están muy descompensadas. Son muy asimétricas. En las tribus de toda la vida, el número de personas mayores era menor que el de niños. Educar consistía en adiestrar a los jóvenes, entre otras habilidades y directrices, en la idea de que, si querían algo, había que ganárselo en competencia con los otros individuos de la tribu. Ahora, hay por cada tribu familiar, un niño y 30 personas mayores que lo miman y que no le niegan nada. Estos niños, en China lo saben muy bien tras décadas de política de hijo único, son difíciles de aguantar, incluso por los mismos padres que, incapaces de educarlos para la vida en común, la toman con los maestros a los que traspasan toda la responsabilidad de un fracaso que no se puede achacar sólo a la escuela. También se les pega a los médicos, como si fueran responsables de la fecha de caducidad que todos traemos escrita en alguna parte. Se martiriza a los funcionarios más débiles, porque no se puede o no se quiere atizarle a la cúpula del Estado. Es más fácil romper un lápiz o un fonendo que inutilizar una pistola o partir una porra.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Neandertales, mantequeros y comunistas

"Somos los hijos de Lenin"
Las primeras maestras: las madres prehistóricas. Ellas utilizaban las paredes de las cuevas como pizarras rupestres. Allí pintaban los animales que les suministraban comida y vestidos y les señalaban a los hijos dónde había que acertarles para abatirlos. Mientras, los padres, fuera, en la caza y, supongo, comprando tabaco. Ayer, una madre en la biblioteca de La Zubia, me decía que los padres no van a las reuniones con los profesores en el colegio. Le pregunté que dónde estaban mientras que ellas seguían, como en Altamira, ocupándose de la tribu, y no supo qué contestarme. Inventaron las madres los cautelosos cuentos que advertían a los chicos de los peligros de salir fuera de la caverna sin escolta. Como Esperanza Aguirre, que anuncia un apocalipsis si votamos a los comunistas, bastantes años después de la caída del muro de Berlín, las madres de Atapuerca, en sus cavernas, asustaban a los niños zangolotinos con el hombre de neandertal, extinguido muchos años antes, que (exageraban ellas) se seguía comiendo crudos a los niños. En la tribu de nueve individuos jóvenes en la que me crie, el hermano mayor no podía pisar la calle sin que la madre le dijera, fijo: “¡Niño, llévate a los chicos, que tenemos que arreglar la casa!”. Y así, en patrulla, te atrevías a acercarte a esa línea peligrosa del horizonte por la que siempre se paseaba el tío del saco que era un ser fabuloso que les sacaba las mantecas a los niños para venderlas en el extranjero a ancianos decrépitos, pero ricos, que al recibirlas se ponían a dar saltos de juventud y  se echaban una nueva novia. También, el sacamantecas llevaba en su saco corazones, riñones, litros de sangre, arrebatados a niños desobedientes que, sin hacer caso de sus madres, se atrevían, solos, a pisar la línea del horizonte. Nunca, si mis hermanos mayores dirigían la descubierta, nos topamos con un sacamantecas. Como, pese a haberme criado en una tribu, no soy el chamán ni el adivino, no sé lo que nos pasará si, tras las próximas elecciones, retornan los comunistas al poder, como amenaza Esperanza Aguirre, e intentan destruir lo poquito que queda en España por destruir después de cuatro años del gobierno del PP. Hace mucho que no me topo con un comunista. A veces cuando siento nostalgia, saco mi carnet del PCE, el que me entregó Anguita, clandestinamente, junto a un quiosco de Córdoba, y me consuelo sabiendo que al menos quedo yo, quizá porque me ha faltado valor, ambición y descaro, para cambiarme de partido, para convertirme en un tránsfuga. Aunque viendo a Margallo, nuestro ministro de Exteriores, el pasado día 17, sentado con el comunista Raúl Castro en Cuba, he pensado que Aguirre exagera y que los comunistas asustan dentro y seducen fuera, sobre todo si hay dólares de por medio.

sábado, 7 de mayo de 2016

''Bien, caballeros, pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía'' ("Pulp Fiction")

Nuestro flamante alcalde, de procesión
Me gusta mucho Cuenca como alcalde de Granada; si, tras Torres Hurtado, hubiera asumido la alcaldía una estrella política rutilante, todos podríamos haber terminado llevando oro, incienso y mirra prematuramente a su portal. Esta aparente medianía de Cuenca nos permite no ser abducidos por su carisma y mantener una prudente actitud de reserva antes de caer de rodillas, seducidos por el personaje. En esto hay que ser mucho de la película de Tarantino "Pulp Fiction" y del parecer del Señor Lobo, el personaje más carismático del film, que frena el entusiasmo de Travolta y S.J. Jackson con la frase paralizante que da título a este post. No es hora todavía de tirar cohetes, por decirlo de alguna manera.