J'acusse
Nunca, como ahora, este columnista percibe su impotencia, sobre todo si recuerda cómo el artículo de Émile Zola, J'accuse (1898), influyó en el proceso del capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, acusado de alta traición. Nada de lo que diga este articulista servirá para parar el desastre catalán. No sé, ni siquiera, por qué escribo. Bueno, sí lo sé, porque he oído que este tipo de actividad retrasa la aparición del Alzheimer. Y entonces escribo por las mismas razones por las que me hago todos los días 10 kilómetros en bici o me tomo una hamburguesa (asquerosa) de brócoli, la berza que todo lo cura. Porque puedes avisar, con Bertolt Brecht, que "La guerra que vendrá / no es la primera. / Hubo otras guerras. / Al final de la última / hubo vencedores y vencidos. /Entre los vencidos, /el pueblo llano pasaba hambre. / Entre los vencedores / el pueblo llano la pasaba también". Que nadie se inquietará, al leerte. Y pasarán de la anotación con que acompañas el poema. En la que sugieres que, en la tesitura en que nos encontramos, antes de que alguien eche mano a la pistola, convendría recordar estos versos. Lo haces a la desesperada, convencido como estás, de que en España, lo que vienen siendo las derechas, creen que el Estado es suyo y toman de él las partes que quieren, cuando quieren, sin remordimientos. Y que, lo que vienen siendo las izquierdas, piensa que, contribuir al fortalecimiento del Estado opresor, es ampliar el hondón de la injusticia. Y se emplean en deconstruirlo, pieza a pieza, ahora con las técnicas suicidas de patio de colegio de la CUP o de Rufián. Lo que más me molesta de todo este asunto son los componentes mágicos y azarosos del proceso. Rufián decía no saber qué iba a pasar con el ejercito, si gana el referéndum; Puigdemont afirma que las pensiones de los catalanes, las pagará el Estado español. Anna Gabriel quiere, no sólo la independencia, también una república y que, además, sea feminista. Pero no ha calculado cuánto cuesta independizarse, cuánto fabricar una república y, si es barato o caro que sea feminista. Y Rajoy le hace la campaña al "sí" a la desconexión mandando a la Guardia Civil. Y todo esto en el mismo escenario donde, en 1992, las naciones del mundo, tras las olimpiadas, empezaron a considera que España no era una rareza. Termino. Como en la película "Mejor imposible" (1997), me entran ganas de vociferar algo parecido a lo que grita la novia del personaje trastornado que protagoniza Jack Nicholson: "Quiero un novio normal, que no esté loco", dice ella. Mi grito sería éste: "Quiero un referéndum pactado y con garantías, ¡normal!, y no este simulacro farragoso y trastabillado que nos está volviendo locos".
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jueves, 21 de septiembre de 2017
La Guardia Civil trabaja para el "Sí"
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jueves, 6 de julio de 2017
Incendio provocado
Ulises y Penélope de Francesco Primaticcio
Si yo no tuviera a Cervantes y su lengua ni la posibilidad que este escritor, y otras escritoras y escritores, me han dado de poder hablar y escribir gracias un instrumento prodigioso que se llama castellano, elaborado, también, con materiales orales nobilísimos, aportados por personas que nunca supieron escribir pero que cuidaron su lengua con reverencia y placer durante siglos, el día 1 de octubre, aprovechando la ola catalana, convocaba en mi casa un referéndum, lo ganaba por el cien por cien de los votos y desconectaba. Suena hasta bonito: República Elaia ('olivo', en griego), que es como se llama la casa, porque tiene dos árboles de esa especie que me dan todos los años dos sacos de aceitunas que llevo a un molino de Gójar donde me los cambian por dos garrafillas de 5 litros de aceite, de gran calidad y de toda confianza.
El nombre lo tomo mi mujer, leyendo una magnífica traducción al castellano de la Ilíada, del el pasaje donde la fiel Penélope reconoce a su marido, tras 20 años de ausencia de Ítaca, después de que éste le recuerda que el lecho en el que consumaron el matrimonio tiene una pata de olivo que hunde sus raíces en la tierra. Y que es la metáfora que expresa el carácter inquebrantable de su compromiso. El nombre griego -Elaia- me pareció, en un principio, algo cursi, pero con el paso del tiempo ha llegado a resultarme apropiado y bien traído. Mi compromiso con España, sin que esto tenga la más mínima importancia ni consecuencias, es con su lengua, con las poderosas metáforas, originales y las traducidas de otras lenguas, que conocí gracias a ella. Con ese regalo enorme que hoy me permite disfrutar del placer de hablar (más de la cuenta) con gente insufrible, con gente adorable, con gente tan habladora como yo, que sabe escuchar, con gente silenciosa que no suelta palabra y te mira, como si te estuviera haciendo un TAC. Lengua que me ha permitido desde chico aprender de los que saben.
Cada vez que veo a Rajoy, me entran ganas de independizarme, de salirme; cada vez que me golpea la prosodia de Susana Díaz, echo a correr. El otro día, al oír a Pablo Iglesias referirse al secretario general de PSOE como "Pedrito", estuve a punto de fletar un yate de recreo y perderme en el océano. Pero me retiene, con lazos fortísimos, Cervantes y, con él, mi madre y todos los que me ayudaron a comprender -aproximadamente- el mundo y a pensar en castellano. Gracias a ellos, barrunto que lo que se traen entre manos Rajoy y Puigdemont es un juego de trileros. La performance de Puigdemont es tan irracional como el remitirlo a la Constitución, redactada para que de aquí no se vaya nadie. Y nosotros en medio. Parece como si los maravillosos 78 años de guerri-paz de los que hemos disfrutado, no les vinieran bien a estos señores y que, metidos en el atolladero de su incapacidad para gobernar, necesitaran de una guerra con un pilón de muertos, para arrasar el territorio y borrar la memoria de sus rapiñas, errores, ineptitud y sevicias. El fuego, si termina por prender, será intencionado.
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miércoles, 14 de junio de 2017
Irene Montero, Superstar
Rosalía y su relación
La moción de censura ha tenido momentos de mucho interés. Irene Montero me sorprendió con un brillantísimo discurso, como portavoz de Podemos, minusvalorado por los medios y por sus compañeros de profesión. Les torció el brazo a todos. ¡Una mujer! Y les ha resultado difícil de asimilar, no sólo a los hombres, también a muchas mujeres. Emocionado, escribí sobre la marcha en mi blog: "Hoy, Irene Montero ha hecho más por la igualdad de las mujeres con su intervención, muy superior a la de Rajoy e Iglesias, que todas las lloronas, aprovechadas y subvencionadas de observatorios e institutos de la mujer juntas. Me ha recordado a la Dolores Ibárruri de las Cortes republicanas". Di así rienda suelta a la sorpresa y al entusiasmo, tras comprobar que aún queda empuje y lucidez y ganas y modos y actitudes más allá de la ciénaga. En Radio España Independiente, una emisora que se oía mucho durante la dictadura, y que nunca supimos muy bien desde dónde emitía, tuve ocasión de escuchar a la Pasionaria. También pude verla en algún noticiario de la época de la República, hablándole a las masas. Era otro estilo, más teatral, solemne, como de predicador. Me refería a la fuerza y la pasión que Montero le puso a su intervención. En eso se parece a Dolores. La diputada fue demoledora con la enumeración exhaustiva que hizo de los casos de corrupción en los que está implicado el PP, de lleno, o a título lucrativo. Allí, sentados, tuvo a los diputados del Partido Popular, que tuvieron que oírla, muy a su pesar. Alguno con el rictus contraído, o embutido en una sonrisa de desprecio, que poco a poco se iba helando en su cara hasta convertirse en la mueca ridícula de un actor mediocre. Pero no fue eso lo único que me interesó, también hubo abundantes citas de escritores célebres. Sobre todo de Quevedo. Las disfruté enormemente. Pronto nadie habrá leído ni a Quevedo ni a Góngora ni siquiera La Venganza de don Mendo. Parece que las sucesivas leyes de Educación han desterrado, casi por completo, la literatura de las aulas, en beneficio de las clases de lengua. En futuros parlamentos, los referentes literarios serán los guiones de series televisivas de éxito, como Twin Peaks o canciones de moda, como Happy, de Pharrell Williams. En lo que a mí concierne, estoy dispuesto a disfrutar de otra moción de censura más, siempre que sirva para sacar a Rajoy de la Moncloa y para oír a Irene Montero recitar a Rosalía de Castro. En ella, si se ponen de acuerdo PSOE y Podemos, ya no se hablará de Venezuela. Les aviso, prepárense para tener Frente Popular hasta en la sopa.Puede leerlo también en el diario GRANADA HOY, si pincha el enlace siguiente:
http://www.granadahoy.com/opinion/articulos/Irene-Montero-Superstar_0_1145285798.html
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jueves, 16 de junio de 2016
La náusea
Las almas atraviesan la Laguna Estigia
AL filósofo francés Sartre, tomar decisiones, elegir, le producía un sentimiento profundo de repugnancia por la existencia al que llamó 'La náusea'. Algo parecido, sin llegar a ser igual, a lo que yo siento cuando, ahora que ha llegado la calor, tengo que sustituir los agostados ciclámenes del invierno e, incluso, los robustos geranios de la primavera, por plantas que aguanten los calores de agosto sin necesidad de muchos cuidados. Y ahí estoy, debatiéndome entre las vincas y las verdolagas. Mis asesores, una florista de La Zubia y Miguel, el dueño de un vivero cercano, parecen estar de acuerdo en que hay que proceder ya a la sustitución, pero un vendedor de flores del Camino Bajo de Huétor me sugiere que los geranios aguantarán bien hasta septiembre. Y entonces, la incertidumbre me corroe y vivo el problema de forma acuciante en mi interior que es donde se viven estas cosas. No llego a la náusea sartreanea, porque casi no tengo vida interior y esas cosas me afectan menos, pero sí estoy incómodo. ¡Lo que tuvo que sufrir Jesucristo a la hora de elegir a sus discípulos, aceptar a unos, rechazar a otros! Se lo dejó bien claro -él que era un hombre de carácter- a los apóstoles y no aceptó formar un jurado o un tribunal, asumió él sólo toda la responsabilidad de nombrar a estos cargos de libre designación: "No me elegisteis vosotros a mí; sino que yo os elegí a vosotros" (Juan15:16). Mi padre también era muy taxativo en lo que se refiere a las elecciones. Él no solía hablar de política. Como tantos otros, salió de la guerra tan escaldado que no dejaba que se hablara de política en la mesa. Pero de las elecciones recelaba y lo que tenía muy claro era que al padre no se le elige en un plebiscito ni se le confirma o se le rechaza en un referéndum. "Me da igual lo que penséis de mí", decía cuando alguno de sus nueve hijos le discutía una decisión, "no pienso presentarme a elecciones para el puesto de padre de esta familia". Seguramente, quería protegernos de la náusea de la elección. Según nos explicaba en PREU, don José Barrio, nuestro excelente profesor de Filosofía, Platón contaba que eran las Parcas las que elegían por nosotros. Muertos, nuestra alma atravesaba la Laguna Estigia, en busca de la reencarnación, y llegaban a una planicie en la que tres deidades, las Parcas, se ocupaban de tejer el destino de cada uno de nosotros y de decidir en qué cuerpo se reencarnaría nuestra alma. Seguramente para ahorrarnos la náusea de tener que elegir entre ser Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias. Y es que la mitología griega fue más compasiva que la teología cristiana y limitó muchísimo la capacidad de elegir de las personas para no angustiarnos.
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