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miércoles, 14 de junio de 2017

Irene Montero, Superstar


Rosalía y su relación
La moción de censura ha tenido momentos de mucho interés. Irene Montero me sorprendió con un brillantísimo discurso, como portavoz de Podemos, minusvalorado por los medios y por sus compañeros de profesión. Les torció el brazo a todos. ¡Una mujer! Y les ha resultado difícil de asimilar, no sólo a los hombres, también a muchas mujeres. Emocionado, escribí sobre la marcha en mi blog: "Hoy, Irene Montero ha hecho más por la igualdad de las mujeres con su intervención, muy superior a la de Rajoy e Iglesias, que todas las lloronas, aprovechadas y subvencionadas de observatorios e institutos de la mujer juntas. Me ha recordado a la Dolores Ibárruri de las Cortes republicanas". Di así rienda suelta a la sorpresa y al entusiasmo, tras comprobar que aún queda empuje y lucidez y ganas y modos y actitudes más allá de la ciénaga. En Radio España Independiente, una emisora que se oía mucho durante la dictadura, y que nunca supimos muy bien desde dónde emitía, tuve ocasión de escuchar a la Pasionaria. También pude verla en algún noticiario de la época de la República, hablándole a las masas. Era otro estilo, más teatral, solemne, como de predicador. Me refería a la fuerza y la pasión que Montero le puso a su intervención. En eso se parece a Dolores. La diputada fue demoledora con la enumeración exhaustiva que hizo de los casos de corrupción en los que está implicado el PP, de lleno, o a título lucrativo. Allí, sentados, tuvo a los diputados del Partido Popular, que tuvieron que oírla, muy a su pesar. Alguno con el rictus contraído, o embutido en una sonrisa de desprecio, que poco a poco se iba helando en su cara hasta convertirse en la mueca ridícula de un actor mediocre. Pero no fue eso lo único que me interesó, también hubo abundantes citas de escritores célebres. Sobre todo de Quevedo. Las disfruté enormemente. Pronto nadie habrá leído ni a Quevedo ni a Góngora ni siquiera La Venganza de don Mendo. Parece que las sucesivas leyes de Educación han desterrado, casi por completo, la literatura de las aulas, en beneficio de las clases de lengua. En futuros parlamentos, los referentes literarios serán los guiones de series televisivas de éxito, como Twin Peaks o canciones de moda, como Happy, de Pharrell Williams. En lo que a mí concierne, estoy dispuesto a disfrutar de otra moción de censura más, siempre que sirva para sacar a Rajoy de la Moncloa y para oír a Irene Montero recitar a Rosalía de Castro. En ella, si se ponen de acuerdo PSOE y Podemos, ya no se hablará de Venezuela. Les aviso, prepárense para tener Frente Popular hasta en la sopa.

Puede leerlo también en el diario GRANADA HOY, si pincha el enlace siguiente:

http://www.granadahoy.com/opinion/articulos/Irene-Montero-Superstar_0_1145285798.html

jueves, 16 de junio de 2016

La náusea

Las almas atraviesan la Laguna Estigia
AL filósofo francés Sartre, tomar decisiones, elegir, le producía un sentimiento profundo de repugnancia por la existencia al que llamó 'La náusea'. Algo parecido, sin llegar a ser igual, a lo que yo siento cuando, ahora que ha llegado la calor, tengo que sustituir los agostados ciclámenes del invierno e, incluso, los robustos geranios de la primavera, por plantas que aguanten los calores de agosto sin necesidad de muchos cuidados. Y ahí estoy, debatiéndome entre las vincas y las verdolagas. Mis asesores, una florista de La Zubia y Miguel, el dueño de un vivero cercano, parecen estar de acuerdo en que hay que proceder ya a la sustitución, pero un vendedor de flores del Camino Bajo de Huétor me sugiere que los geranios aguantarán bien hasta septiembre. Y entonces, la incertidumbre me corroe y vivo el problema de forma acuciante en mi interior que es donde se viven estas cosas. No llego a la náusea sartreanea, porque casi no tengo vida interior y esas cosas me afectan menos, pero sí estoy incómodo. ¡Lo que tuvo que sufrir Jesucristo a la hora de elegir a sus discípulos, aceptar a unos, rechazar a otros! Se lo dejó bien claro -él que era un hombre de carácter- a los apóstoles y no aceptó formar un jurado o un tribunal, asumió él sólo toda la responsabilidad de nombrar a estos cargos de libre designación: "No me elegisteis vosotros a mí; sino que yo os elegí a vosotros" (Juan15:16). Mi padre también era muy taxativo en lo que se refiere a las elecciones. Él no solía hablar de política. Como tantos otros, salió de la guerra tan escaldado que no dejaba que se hablara de política en la mesa. Pero de las elecciones recelaba y lo que tenía muy claro era que al padre no se le elige en un plebiscito ni se le confirma o se le rechaza en un referéndum. "Me da igual lo que penséis de mí", decía cuando alguno de sus nueve hijos le discutía una decisión, "no pienso presentarme a elecciones para el puesto de padre de esta familia". Seguramente, quería protegernos de la náusea de la elección. Según nos explicaba en PREU, don José Barrio, nuestro excelente profesor de Filosofía, Platón contaba que eran las Parcas las que elegían por nosotros. Muertos, nuestra alma atravesaba la Laguna Estigia, en busca de la reencarnación, y llegaban a una planicie en la que tres deidades, las Parcas, se ocupaban de tejer el destino de cada uno de nosotros y de decidir en qué cuerpo se reencarnaría nuestra alma. Seguramente para ahorrarnos la náusea de tener que elegir entre ser Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias. Y es que la mitología griega fue más compasiva que la teología cristiana y limitó muchísimo la capacidad de elegir de las personas para no angustiarnos.