Día de San Valentín, ¡putas glicinias!
viernes, 14 de febrero de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
El juicio de Mirabella
Arrebato
Mi blog no tiene muchos seguidores y, de esos pocos, la mayoría son mujeres. Se me ocurren dos razones, la primera, que las mujeres leen más que los hombres, de siempre, y la segunda, que ellas perciben y agradecen que, al igual que el novelista de finales del siglo XV Juan de Flores, yo pueda decir: “siempre, señoras, he puesto el cuidado en trabajar, atravesando mares y tierras, por buscaros nuevas de reír y llorar”. También es verdad que Flores, funcionario del área de cultura de la corte de los Reyes Católicos, comía de organizarles eventos a las damas y yo lo hago sólo en mi condición de chevalier servant. En la novela de Flores La historia de Grisel y Mirabellatambién se juzga, como en Mallorca, a la hija del rey y a su pareja, y no, precisamente, por delitos económicos. Los protagonistas no han de bajar ni subir rampa alguna en esta novela, porque desde el momento en que son sorprendidos yaciendo juntos, “son puestos por la fuerza en estrechas cárceles”. Hay abogados y jueces y un padre enojado. Las leyes del reino prescribían que “cualquiera que en tal yerro cayere [sexual, no fiscal], el que más causa fuese al otro de haber amado que padeciese muerte y el otro destierro por toda su vida”. Grisel es defendido, por un letrado Torrellas; Mirabella, por una abogada, Brazaida, que se queja de que el tribunal esté formado sólo por hombres, a los que acusa de ser “jueces y partes y abogados del mismo pleito”. Los protagonistas de La Historia entran en un ejemplar combate de generosidad y se autoinculpan, liberando al otro de toda responsabilidad. También hay que compadecer a los 12 jueces de ese proceso y adivinar, si juzgamos por lo presente, las presiones de todo tipo que tuvieron que soportar para que condenaran a Grisel y no a Mirabella, la hija del rey. Pero los magistrados, como el juez Castro, desatendieron las amenazas y procedieron contra la Princesa. Juan de Flores se esforzó en escribir una historia entretenida, porque de no haberlo hecho, cuando intentase cobrar por su trabajo le podría suceder –él lo dice- “como al labrador que a la puerta de gran señor, sin traer presente pide mercedes”. Grisel y Mirabella, a falta del ¡Hola!, mantuvo encandiladas a varias generaciones de mujeres nobles. No cuento el final de la historia para no chafarle el negocio al editor. Lo que sé es que en ella los culpables no se van de rositas.
martes, 11 de febrero de 2014
Cárcel de amor
De las declaraciones de la ciudadana Cristina de Borbón en su celda de La cárcel de Amor, se deduce que cuando se corren l@s infant@s, la banda de música de la Guardia Real ataca "La Marcha de Infant@s", que tampoco tiene letra, como el himno patrio, pero que el pueblo irreverente acompaña, tarareando por lo bajinis: "Ya viene el pájaro, ya viene el pájaro [...]"
domingo, 9 de febrero de 2014
El rapto de la Infanta
El estar muy juntos...
No veo en los periódicos de hoy que el juez haya preguntado nada a la Infanta Cristina sobre el amor que siente por su esposo -que es lo que justificaría su abandono en manos de Urdangarín- ni de sus señales. ¡Menudo descuido!, cuando desde hace muchos siglos los tratadistas vienen elaborando un minucioso catálogo de las señales del amor. Aquí mismo, en la Edad Media, el poeta árabe Ibn Hazm (994-1063) en su precioso libro "El collar de la paloma" enumera alguna. ¿Qué menos que el magistrado se hubiera interesado por si en la Infanta se han dado algunos de estos indicio del amor listados por el poeta cordobés?: "la animación excesiva y desmesurada; el estar muy juntos donde hay mucho espacio; el forcejear por cualquier cosa que haya cogido uno de los dos; el hacerse frecuentes guiños furtivos; la tendencia a apretarse el uno contra el otro; el cogerse intencionadamente la mano mientras hablan; el acariciarse los miembros visibles, donde sea hacedero, y el beber lo que quedó en el vaso del amado, escogiendo el lugar mismo donde posó sus labios […. ]". Y más raro que sus abogados, que esgrimen la locura de amor como eximente, no se hayan interesado tampoco por estas señales. Me parece a mí que esos letrados tiene más fama que profesionalidad.sábado, 8 de febrero de 2014
Inauguración de los Paseos Reales
No hay cosa más bonita que la familia unida
Su Alteza Real, la Infanta Cristina, ha pasado bien la noche y sus médicos no han encontrado novedad en su importante salud. Ahora mismo se dispone a salir para los juzgados de Mallorca para representar a los Reyes en la inauguración de los Paseos Reales por los juzgados de España.miércoles, 5 de febrero de 2014
Radiografías de amor
El hijo: ¿una enfermedad del pecho?
HANS Castorp, el protagonista de la novela de Thomas Mann La montaña mágica(1924), lleva en su cartera una radiografía, tamaño carnet, del tórax de su amada, Madame Chauchat, enferma de tuberculosis, pese a que el mismo Hans había manifestado que "los huesos sin carne de las radiografías no eran sino un memento de la muerte". ¿Amor, más allá de la carne? O, ¿estoy por tus huesos? O, ¿de la amada se aprovechan hasta los huesos? O, ¿huesos de santa? El caso es que hasta hace unos días no había vuelto a ver yo una radiografía de tórax, como metáfora de amor, en este caso, al nasciturus. Se ve en ella el tórax de un varón al que le han implantado el esqueleto de un feto en el sitio del corazón. El pie de la placa aclara las intenciones de los promotores de la imagen: "Es verdad que un hombre no puede dar a luz un hijo, pero desde que le dicen que va a ser papá, su hijo comienza a crecer en su corazón". La intención de la mujer que cuelga en su muro de facebook la foto es buena: "¡¡¡Qué bonito", nos dice, y "para contrarrestar a un puñao de hombres maltratadores y malos, esto va por los hombres de verdad, los que saben amar... Por vosotros!!!". Pero el recurso que ha utilizado es discutible. "En la radiografía, absolutamente desafortunada", le comento, "el feto más que un hijo, parece una mancha en el pulmón de un enfermo". Y me cae parda. Al segundo, alguien me contesta: "Pablo, repugnante tu comentario, ya la radiografía en sí sólo es una metáfora". Pero no todas las metáforas son afortunadas. Poderosas e indelebles la del caballo de Troya, los viajes de Ulises, el Calvario, el Cuerpo místico de Cristo, Sherezade, contándole cuentos a un macho alfa. La locura del Quijote o la ceguera del amo de Lázaro de Tormes. El ser humano las ha fabricado para producir la ilusión de que la vida le va a durar siempre, de que es posible mejorarla y de que, cuando se acaba, hay otras vidas; y para dar salida al dolor y al miedo. Y luego están las metáforas ferroviarias o radiológicas que ni siquiera sirven para explicar las obviedades del presente, como la contenida en la frase "pasarse siete pueblos", tan usada en los medios de comunicación, o ésta de la placa de Rayos X que más que una imagen de vida y esperanza, lo que transmite es un diagnostico descorazonador: los machos de la especie que se ocupan de sus hijos, padecen alguna enfermedad observable.*Este texto se puede leer también en el diario GRANADA HOY
lunes, 3 de febrero de 2014
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