martes, 10 de mayo de 2011

Almas de cristal

EN los periodos electorales los candidatos, súbitamente, reciben un carisma que les permite ver en el interior de las personas y no de una, sino de muchas. Los votantes en esas ocasiones nos convertimos en almas transparentes. Es un don profético. En la Biblia se dan casos como el de Eliseo que se enteraba, sin moverse de su casa, de todo lo que se hablaba en la cámara del rey de Siria y se lo decía al rey de Israel. Los candidatos, como el profeta, se enteran de lo que albergamos en nuestras cámaras e incluso en nuestras recámaras; dicen conocer “lo que interesa realmente a los ciudadanos”. Y lo enumeran. La lista es plausible, pero incompleta. El paro, la contaminación atómica en Japón, la subida de la gasolina, las revoluciones del norte de África, los impuestos… No sé por qué se callan que los ciudadanos en su mayoría no esperan que ningún candidato arregle ninguno de esos problemas y que les importa un bledo, si es que no les irrita, la cháchara política. La generen ellos o venga de los medios de comunicación, en los que se escenifican simulacros de control del poder político por los osados comentaristas de las tertulias. Los candidatos y sus parásitos,sí terminan convirtiéndose en trasparentes para los ciudadanos. Al hablar tanto, sus almas se tornan cristalinas. Y en su interior no es raro encontrar un profundo sentimiento de desprecio y de ignorancia por “lo que les interesa realmente a los ciudadanos”.

domingo, 8 de mayo de 2011

La conversión de Pánfilo

Pánfilo, después de ver la foto de doña Letizia comulgando, junto a don Felipe, ha decidido acelerar su conversión, o más bien su vuelta al redil de la fe, cosa que su madre le había anunciado que se produciría antes o después. Pánfilo ha pensado que si la Princesa de Asturias ha vuelto a comulgar para obtener una corona terrenal, él con mucha más razón debe de abandonar agnosticismo, si quiere obtener la corona de la salvación eterna de su alma.  Lo primero que ha hecho es comprarse el almanaque del Sagrado Corazón de Jesús, en formato pequeño; que en cuestiones de amor a Dios, no conviene comenzar exagerando, y, después, ha decidido organizar su vida a partir de las máximas y consejos que contienen las hojitas del calendario. Comienza rezándoles a los santos cuya festividad se celebra ese día. 
Auténtica unción
Ayer eran todo hombres. Tuvo que sepultar en su interior el impulso primero, practicado durante muchos años de afición al trato con mujeres,  de incurrir en pelotilla de género. Rechazó de plano lo primero que se le vino a la cabeza: que el santoral es machista, misógino y contrario a las normas de igualdad de género. Y se solazó con los aspectos positivos del almanaque. Lo primero que admiró en él fue la cantidad de información que cada hojita suministra. ¿Sabían ustedes que ya han transcurrido 127 días de 2011 y que faltan 238 para el fin de año? Y no sólo eso, lean todo lo que contiene la hojita de la foto y se podrán ahorrar varias visitas a Wikipedia y alguna a la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, el hagiógrafo más prestigioso del cristianismo medieval. Pero lo más instructivo suele ser lo que se dice en la frase del día. Es una y pena que en el ala oeste de la Casa Blanca no cuelgue un almanaque del Sagrado Corazón, en formato A3, como mínimo, así Obama y su codicia, travestida de Justicia Justiciera, podría atemperarse un poco con el apotegma de Ghandi que aparece en la foto de la hojita de arriba.

jueves, 5 de mayo de 2011

Bin Laden

HAY historias a las que los países están fatalmente vinculados aunque no lo quieran y aunque traten de olvidarlas. De Limnos, isla próxima a Turquía, esta misma mañana habrán despegado aviadores griegos para mirar a los ojos con rabia, a 6.000 metros de altura, a aviadores turcos, sobre las disputadas aguas territoriales del Egeo. Vuelan tan cerca unos de otros que, a veces, se rozan y caen. Todos los años se producen muertes en estas colisiones. Abajo, en el Monasterio del Arcángel San Miguel en Lesbos, hay un exvoto poco habitual, la maqueta de un mirage 2000, ofrecida al santo por un aviador agradecido. Los guías griegos que explican la historia del país y de sus islas hablan constantemente de la maldad de los turcos y de la matanza en 1.822 de 25.000 personas en Kios. Hay heridas que no se cierran nunca.
La muerte de Ben Laden no va a resolver el conflicto entre los países pobres, asidos al Corán como a un clavo ardiendo, y los ricos, asidos a sus películas. Porque no se le puede cortar el cuello a un rehén, volar rascacielos repletos de seres inocentes o reventar a 16 turistas, mientras agotan su cuenco de harira en un restaurante de Marrakech, sin tener detrás alguna actualización interesada del Libro Sagrado que justifique el horror; los países ricos, a su vez, se han creído que la Historia es la que cuentan en sus películas: las que rodaron para justificar las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, la guerra del Vietnam o la extinción del indio americano. Trento suministró a los inquisidores valium ideológico para tranquilizar sus conciencias tras asar a seres humanos como si fueran espetos. Y las películas de cuatreros permiten a George W. Bush afirmar que con la muerte de Ben Laden se ha hecho justicia, sin importarle lo que hemos sabido estos días por Wikileaks sobre la actuación de la justicia americana en Guantánamo.
Heródoto, en su Historia, con menos medios e información pero con más honradez y compromiso con los hombres -griegos o asiáticos-, intentó exponer "con esmero las causas y motivos de las guerras que se hicieron mutuamente los unos a los otros". Su humilde intento de objetivar la historia de las guerras no ha servido para mucho: griegos y turcos se siguen vigilando aún, y el linchamiento de Bin Laden dirigido y contado, al mejor estilo hollywoodense, desde el ala oeste de la Casa Blanca, no impedirá que el enfrentamiento entre ricos y pobres continúe. A unos y a otros nos sucede algo parecido a lo que, según Tito Livio, acontecía a los romanos: que hemos llegado a un punto en el que no podemos soportar nuestros vicios ni sus remedios.


domingo, 1 de mayo de 2011

Todo mío

Se lleva mucho decir que los hombres no sirven para nada, que se van a extinguir, que las mujeres son autosuficientes, pero si nos fijamos en las congregaciones masivas de personas de los últimos días, veremos lo equivocado de tales afirmaciones. Las bodas ejercen un atractivo irrefrenable sobre muchas mujeres. Y mire usted que ya no hacen falta. La monogamia no tiene hoy demasiado sentido cuando las parejas sólo tienen un niño y se lo quitan de encima a los pocos meses de nacer. Hay muchos intereses por medio. Sobre todo económicos. Mucha gente vive de las bodas. Aunque casarse fuese una actividad nociva o perjudicial (al menos estéticamente, sí que lo es, el sombrero de la reina de Inglaterra lo prueba), no puede eliminarse por decreto porque dejaría a muchas familias sin trabajo. ¡Las centrales nucleares son mucho más perjudiciales y no se cierran! Asistí hace años a una reunión programática de IU, en Sevilla, y me integraron en la comisión de Cultura, propuse que IU abogase por la supresión inmediata de la Semana Santa, y todavía no sé como salí vivo de aquello. Unos anarquistas de Cádiz, bordadores, me amenazaron de muerte. “¿De qué iban a vivir ellos”, me preguntó uno, “si desaparecía la Semana Santa?”. Ya sé que el príncipe Guillermo estaba ridículo con su traje de músico de banda municipal de pueblo del área metropolitana, pero, ¿imaginan una boda sin novio? Sería muy deslucida. Eso sólo sale bien en la Primeras Comuniones de las niñas. Tampoco les resulta prescindible el varón a las piadosas señoras católicas que dicen estar todo día en contacto visual con Cristo, pero se alivian más con la varonil encarnadura, para cuando la tuvo, de señores como Juan Pablo II. Lo están confesando, candongas, a las televisiones del mundo desde la Plaza de San Pedro. Esta dependencia de los hombres, la conocí yo de boca de una joven madre del OPUS que confesó sin recato en TVE, refiriéndose a su marido, “él me lo haced fácil y maravilloso”. Cerré la televisión para que mis hijos no se vieran envueltos en aquellas sicalipsis. Porque amar a Cristo, se le ama, si hay que amarlo, pero se le ve pocas veces por casa, algunas, no lo han visto nunca. Juan Pablo II sabía dejarse ver. Y más de una soñó con hacerlo “todo suyo”, una vez más. No crean que los hombres son tan prescindibles. ¡Qué sería del Barcelona sin Messi!

sábado, 30 de abril de 2011

Microensayos


El hombre de Vitruvio en Chios
Querido lector, hay que buscarle un concurso de micro-ensayos a Pánfilo para que no me los mande todos a mí. Es una máquina ensayística diletante. Estoy seguro de que nada más leer esta entrada me enviará un email pidiéndome que no utilice “lector” para referirme a hombres y mujeres. Y se pondrá de ejemplo, y me contará que, cuando era maestro, si en la clase había más niñas que niños se dirigía a los estudiantes en femenino: “queridas alumnas”, “niñas malditas”, “sacad todas el cuaderno de ejercicios”… Y viceversa. Por tanto, en puridad, me sugerirá Pánfilo, teniendo en cuenta que a lo largo de la historia de la escritura se ha dado más la lectora que el lector – aunque sean muchos más los escritores que las escritoras-, que al referirme a las personas que leen heroicamente mi blog, utilice el femenino “lectora”. 
Ahora acaba de llegar de Grecia, y ya me ha mandado varios micro-ensayos muy imaginativos pero con poca sustancia porque no tiene demasiados elementos de juicio para muchas de las cosas que me cuenta. No basta con pasearse por Grecia, y sus islas, 10 días para tener una visión aproximada de asuntos tan dispares como los perros indolentes de la Acrópolis, las dimensiones del pene en la estatuaria griega del periodo clásico, el secular enfrentamiento entre turcos y griegos, la aceptación por parte de los griegos de la iglesia ortodoxa, el enfrentamiento perenne de los patriarcas ortodoxos de la diversa iglesias nacionales, la feliz encarnadura de los tomates de la isla de Lesbos, el tratamiento casi mágico que los griegos dan a la berenjena, la depauperación de la economía griega, la manzana de Safo, el atardecer en Mitilene, la dinámica de grupos en los viajes programados (líderes carismáticos, líderes en la sombra, el anti líder, las personas entrañables, los sabios prudentes, los que viajan para confirmar que lo de aquí es mejor que lo de allí…). Le he mandado un email látigo advirtiéndole: “como no te controles, voy a hacer con tus correos lo mismo que hago con todos los “pps” que me mandan amigos y conocidos, con mucha cultura y Dies Irae dentro, pero sin una frase amigable o cariñosa: echarlos directamente a la papelera”. No creo que me haga caso. Como le quiero, amables lectoras, tendré que meter aquí alguna de sus elucubraciones. Que el camino es muy largo y aprieta mucho la soledad. No puedo perderlo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Niños luchando

Lugar de las justas
No hay forma de convencer a Pánfilo - nuestro jubilado disruptivo- de que vote. Siempre contesta lo mismo: “preferiría no hacerlo”. Y mira que está persuadido de que habría que desalojar al PSOE del Gobierno andaluz, pero cuando le digo que vote al PP  me contesta escuetamente: “preferiría no hacerlo”. Después de mucha conversación me ha aclarado que estaría dispuesto a votar a un partido que llevara en su programa cosas tan de sentido común como éstas:
1.Celebración de un referéndum, no más allá de 2015, sobre la forma de Estado. En una democracia todos los cargos públicos deberían de obtenerse por oposición o por votación, comenzando por la Jefatura del Estado.
2. Ha llegado el momento de que la presidencia del Gobierno la ocupe una mujer, por tanto, me dice mi amigo, no votará a ningún partido que proponga a un hombre para este cargo. Hay que adelantarse a la Iglesia que pronto, ante la escasez de curas, terminará abriendo las puertas del sacerdocio  a las mujeres.
3. Celebración de referendos de independencia en las Comunidades Autónomas que lo soliciten. Las consultas pueden coincidir con la que se celebre sobre la forma del Estado. En aquellas Comunidades en las que la opción independentista fracase, no se volverá a plantear este asunto al menos en 100 años. El Estado se compromete a gestionar con rapidez y justicia, respetando los intereses de todos, la independencia de las comunidades donde haya triunfado el sí a la secesión.
4. Nueva ley electoral que acabe con el bipartidismo y con la hiper-representatividad de los partidos nacionalistas.
5. Nacionalización de las ganancias de bancos y cajas de ahorros. Privatización de sus pérdidas que serán cubiertas por los directivos de las entidades.
6. Privatización del botellón municipal granadino y su paso a una multinacional de la gaseosa.
7. Denuncia del Concordato con el Estado Vaticano.
8. Los conflictos entre Junta y Ayuntamiento de Granada los resolverán el alcalde y el presidente en duelo singular de campeones, a las primeras heridas, en la calle Niños luchando.  El concejal y el consejero de menos edad  presidirán las justas desde los balcones del Registro Mercantil y  prenderán en las lanzas de los campeones sus divisas. Policías municipales  y autonómicos desarmados fijarán las lindes.
Le señalo a Pánfilo que no hay partido que cumpla con todos esos requisitos. Y me contesta  que esperará a que aparezca uno y que, hasta entonces, al que le pida que vote le va a contestar los mismo que el escribiente Bartleby, de la novela de Melville, contestaba a las peticiones de su jefe: ”Preferiría no hacerlo”

jueves, 21 de abril de 2011

"Trauma" de amor

Pareja de tórtolas distanciadas
PARA mantenerse vivo lo primero que hay que hacer es ocuparse de uno mismo. Y como esto cuesta cierto trabajo, se suele buscar alguna razón para hacerlo. Por ejemplo, que se es único e irremplazable. Luego, la experiencia y el sentido común te enseñan que eres como los demás. Y si no lo aceptas, quizá tengas que aprenderlo en Trauma de tu vecina de habitación, una niña gitana muy linda a la que echas unos 17 años, pero que no tiene más de 11. Tú eres una mujer de 50 y tu pierna rota tardará en curar algo más que la de la chica. Pero de entrada, te sientes superior a ella y no sólo en edad, también en cultura y clase. Cuando la oyes hablar educadamente y con cierta pulcritud, te da pena que no vaya a recibir la instrucción adecuada. La llegada de su madre refuerza tu sensación de superioridad: es guapísima, eso sí, incluso más guapa que tú, cuando tenías su edad -no más de treinta años- pero está gorda.
El padre de la niña llega a media mañana, desactivando la ferocidad con que ha mirado al guardia de seguridad, para humillarse ante su hija herida, que no quiere saber nada de él. Lo echa de la habitación con palabras soeces que desmienten la primera impresión que te había producido a ti, una paya de 50 años, que sigue sintiéndose superior y que mira a la familia gitana desde la atalaya de una sólida formación universitaria.
Algo muy grave debe de haber hecho el hombre para aguantar resignado los insultos de las dos mujeres. Están separados. Las infidelidades han sido mutuas. El hombre se queda con la niña mientras que la madre sale a los recados. A media tarde vuelve la mujer y acepta las caricias del que fue su hombre. La niña se enfada. Cuando la pareja decide darse una segunda oportunidad, los gritos que les dedica la hija te hacen echar de menos una habitación individual. Ahora la madre se ducha estruendosamente como si quisiera anunciar a la planta que se avecina un huracán y el padre sale a darse una vuelta. Al amanecer te despiertas, desorientada, oyes jadeos que proceden del baño. Los quejidos en un hospital suelen ser de dolor. Pero nadie pide un analgésico desde el campo de la batalla. Cuando, tú, mujer ordenada, que jamás harías eso en la ducha de un hospital rodeada de cuñas, comprendes lo que está pasando, desapruebas la espontaneidad de ciertas razas. Pero tras dos horas de juego, sin tregua, tu arrogancia se desvanece y aceptas que los jóvenes gitanos, en los ingresos hospitalarios, aprovechan todos los servicios que les brindan estados de bienestar y estás tentada de pedirle a tu médico que te los recete.