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jueves, 2 de septiembre de 2010

No tengo ningún proyecto de vida para usted

La verdad es que no tengo ningún programa de vida para Aznar. Y me gustaría que él tampoco lo tuviera para mí porque ni siquiera yo lo tengo. Estoy convencido, con el poeta Quasimodo, que esto dura nada y menos y que, cuando menos lo esperamos, nos atraviesa un rayo de sol, somos felices momentáneamente, pero la noche llega de pronto y nos borra para siempre. Me gusta pensar que soy respetuoso con los proyectos de vida que los demás tienen para sí mismos. Por esto de la precariedad y fugacidad del vivir. Creo que he aprendido a no sentirme agredido porque cientos de miles de personas utilicen la excusa de la Virgen del Rocío, para vivir en el campo unos días, fumarse unos porros, echar algún polvo y beberse algunos litros de alcohol. El que a mi no me guste hacerlo, sobre todo porque soy alérgico al polvo (del camino) y al polen del olivo, no me da derecho a sentirme superior ni inferior a los que eligen esta distracción. No disfruto en Semana Santa, no voy a Lourdes, la beatificación de Fray Leopoldo me deja beatíficamente tranquilo, y las manifestaciones de Aznar, en principio, no tiene porque afectarme. No quiero que nadie disfrute, como yo lo hago,releyendo el Quijote, viendo, o durmiendo, "Amar en tiempos revueltos" o comiéndose un plato de patatas fritas con pimientos. Sólo me pongo nervioso si los que hacen todo eso que he enumerado más arriba comienzan a considerar sus respetables entretenimientos como “lo que hay que hacer”, como “lo natural”, lo “nuestro”. Me asusto cuando adivino que tienen un proyecto de vida para mí. Y me temo que Aznar sigue teniendo una hoja de ruta para todos nosotros y, si me guío por lo que acaba de declarar en Israel sobre Obama y el poder omnímodo, ese plan no me conviene.