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jueves, 21 de octubre de 2010

La vocación de servicio de Bibiana Aído

¿Qué menos?
Lo vengo oyendo desde chico. Creo que era una frase muy usada por en el régimen anterior: “Yo estoy en política porque tengo vocación de servicio”. También se la oí una tarde en una conferencia a Cristina Almeida que entró en la sala  con el empuje con que Cecilia Bartoli ataca el “Exsultate y jubilate” de Mozart. Ella - nos dijo- estaba en la política porque tenía vocación de servicio.  Ese ímpetu de darse a los demás sin esperar nada a cambio es el mismo que impulsa a la tránsfuga,  Rosa Aguilar, nueva ministra de Medio Ambiente,  política tan empapada de vocación de servirse (¿o de servicio?) que abandonó IU cuando pensó que había que servirse (¿o servir?) a capas más amplias de la población.  Lo normal es que a Bibiana Aído se le quitara la vocación de servicio ayer, al conocer por el buzón de su móvil que el GRAN PATRIARCA de la igualdad la había rebajado a Subsecretaria, esto sí, con gran delicadeza y mimo. El mismo que usan los grandes machos condescendientes con las hembras sumisas. El padre de todas nosotras no la había sometido a la última humillación: colocarla a las órdenes de un ministro.  La ha confiado a la UCI  política de Pajín, ministra de Sanidad, hasta que salga del trance.  La maltratada, en lugar de escribir lo de la pintada de la foto de arriba por todas las paredes y calzadas de su ciudad, y renunciar a su  interesada vocación de servicio, mansamente ha aceptado que el GRAN MACHO SUCCIONADOR DE TODAS Y TODOS los que le rodean, se siga aprovechando de ella, representando una de las escenas más claras de desigualdad de las que se tenga noticia.