Vinos y licores con amor
A Cervantes no le molestaría que sus libros se abriesen un hueco entre un "Un buka por amor" y la "Rosa escondida" , los dos melodramas ginecológicos de Reyes Monforte, en los anaqueles de una tienda de aereopuerto. Estaría encantado de que se vendiesen tan bien como estos dos bestsellers. Don Miguel aspiraba a vivir de su trabajo de escritor y quería gustarle a todo el mundo. Es el primer escritor metrotextual del que tengo noticia. Lo deduzco del Prólogo de su novela más conocida. Alli se lee que sería de provecho que con la historia del Caballero de la Triste Figura "el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla". Hoy se puede decir que lo ha conseguido. Don Quijote figura, junto con el Kempis, en la biblioteca de una maestra falangista y ultracatólica de los años cuarenta (Mari Sol, maestra rural) y en la mochila explosiva del Che Guevara. Otra cosa es Juan Goytisolo, uno de los escritores más dolidos con la reconversión de poetas y novelistas, en la época de la desacralización global. Al autor de "Señas de identidad", le horroriza que sus libros figuren junto a los manuales de autoayuda en los supermercados. Considera un sacrilegio que su "Reivindicación del Conde don Julian", se apile junto a unas botellas de vino tinto. Por ahora la denominación de origen "Vino de Rioja" no ha dicho nada de que los libros de Goytisolo le disputen espacio, en la estanterías irreverentes de los cambalaches, a las botellas de Marqués de Cáceres. Y podría hacerlo.
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jueves, 22 de abril de 2010
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