A ver si...
Hay metáforas poderosas e indelebles como la del caballo de Troya, los viajes de Ulises, el Calvario, el Cuerpo místico de Cristo, Sherezade, contándole cuentos a un macho alfa. La locura del Quijote o la ceguera del amo de Lázaro de Tormes. El ser humano las ha fabricado para producir la ilusión de que la vida le va a durar siempre, de que es posible mejorarla y de que, cuando se acaba, hay otras vidas; y para dar salida al dolor y al miedo. Y luego están las metáforas ferroviarias o escolares que ni siquiera sirven para explicar las obviedades del presente, como la contenida en la frase "pasarse siete pueblos", tan usada en los medios de comunicación para referirse a los excesos cometidos por una persona o por una institución, o la expresión “hacer los deberes”, aplicada al cumplimiento por parte de un gobernante de las promesas que había hecho a sus electores. Ayer circuló por la red una metáfora de las buenas, una imagen que resume la situación presente con precisión de arquero chino. Decía así: Rajoy es un gobernante de eyaculación económica precoz, él disfruta de la recuperación y nosotros ni nos enteramos. El descuido del presidente por el bienestar general se refleja en la bajada de su partido en las encuestas y en la subida de los que prometen cuidar y acariciar el cuerpo social, hasta llevarlo al clímax.

