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jueves, 27 de mayo de 2010

Algo pinchado en un palo

La cultura española contada a las niñas
Desde que supe que la fregona, el futbolín y el chupa-chups eran inventos españoles, busco sin descanso en los libros de historia para escola­res del franquismo una referen­cia a sus inventores, Manuel Ja­lón Corominas, Alejandro Cam­pos Ramírez y Enric Bernat. Ni una sola línea para estos auténti­cos héroes españoles, para estos tres hombres beneméritos que han hecho más por el buen nom­bre de nuestra patria que Rafa Nadal o la Selección Española de fútbol.
Ríos de tinta dedicados, esto sí, a exaltar la figura de Jimena Blázquez, la que  “non semejaba fembra salvo fuerte caudillo”, que en plena Edad Media, cuan­do los moros apretaban a Espa­ña, dirige la defensa de Ávila contra los rudos ataques musul­manes. Pero ni una sola palabra para el inventor del chupa-chups, Enric Bernal, al que bastó pinchar un caramelo en un palo para levan­tar un imperio.Su implanta­ción en China,  aprove­chando la antigua ruta de las especias, fue precedida de una frase lapidaria de Enric Bernat: Siempre hemos visto a los chi­nos utilizar palillos para comer. Yo quiero enseñarles a usarlos también para comer caramelos, dijo.
Los libros de texto que he con­sultado se extasían, por ejemplo, ante la bravura de la mujer española en la guerra de la Independencia: ¡Mujeres! -leo en “Guirnaldas de la Historia” (1947), del inspector de Enseñanza Primaria Agustín Serrano de Haro- asombro de los si­glos y orgullo de la raza, nues­tras mujeres de la guerra de la Independencia. ¡Gloria y honor a las mujeres que, como Agustina de Aragón, supie­ron luchar y morir por España!
Pero a Alejandro Campos Ramírez, inventor con 17 años del futbolín, ni caso. La gesta ocu­rrió en 1937. Cam­pos inventa el futbolín para entretener a los pequeños ingresados, como él, en un hospital de sangre de Madrid y fabrica el primer modelo en el que los futbolistas eran de madera de boj, un material que permite to­do tipo de efectos y de sutilezas cuando la pelota es de corcho aglomerado. Aquello fue mano de santo: los chicos se volcaron sobre el nuevo juguete, dejaron de romper cosas y hasta los niños mutilados, que no eran pocos, podían participar y, a menudo, ga­nar.
“Guirnaldas de la Historia”, subtitulado por su autor Historia de la cultura española contada a las niñas, muestra también una comprensible admiración por las mujeres que acompañaron a los conquistadores españoles de América los cuales, después de someter tierras y hombres, necesitaban el descanso del ho­gar. Y las mujeres se lo tenían siempre limpio y ordenado, la mesa con su mantel blanco y so­bre el mantel un plato sabroso y humeante. Pero sin pan, porque en América no había trigo. Mas, un venturoso día de 1535, cuando la dama que acompaña a Pizarro, Inés Muñoz,  limpia el arroz lle­gado de España, advierte entre él unos granos dorados de trigo. Y coge amorosamente los granos, con mucho más esmero que si fueran pepitas de oro y dispone una maceta y siembra los granos, como si plantara nardos y alhelíes. A los pocos meses las brisas acariciaban en la maceta un puñado de espi­gas... a los ocho años había ya pan en abundancia, hasta para los niños más pobres de la po­blación.
Hasta el corazón más rudo se emocionará al enterarse de que los conquistadores españoles, después de someter tierras y hombres, pudieron descansar en hogares limpios y ordenados y comer pan, gracias a las mujeres que los acompañaron en su aventura, pero no entenderá que se haya quedado fuera de esa historia de la vida cotidiana Manuel Jalón, inventor en 1956 de la fregona, unos de los adminículos que, junto con el lenguaje, más han ayudado a la emancipación de la mujer. De nuevo algo pinchado en un palo, en este caso una bayeta, daba fe y era signo de la inteligencia práctica de un natural de estas tierras.