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martes, 30 de noviembre de 2010

Tenemos a Dios muy cansado de cambiar a los muertos de sitio

Voy de acá para allá
El Papa ha abierto la mano en lo de los preservativos, posiblemente para desviar la atención de los casos de pederastia, pero ¿y  los pobres que se hayan ido al infierno por haber usado el condón, sin permiso papal, a esos quién los indemniza? Tampoco es justo que a cualquier anciano obcecado en fijar permanentemente la mirada en las estrategias sub-umbilicales de los seres humanos se le tilde de viejo verde, mientras que al provecto Benedicto XVI se le consienten todas estas lubricidades. Lo que no vale para el jefe del Estado Italiano, el procaz Berlusconi,  tampoco debe valer para su colega fronterizo. Esto sin contar con que estamos mareando a Dios con nuestros cambios de actitud. Primero lo obligamos a ponernos campos provisionales  de hacinamiento y dolor para que la gente  buena, pero un poco mala, pase algún tiempo fastidiada antes de entrar en el cielo o bien lo convencemos para que nos junte a todos los que mueren sin bautizar en un sitio cómodo pero poco estimulante o lo forzamos a confinar eternamente  a los que han usado condón en un lugar inhóspito y muy caldeado para poco después exigirle que cierre el purgatorio, que clausure el limbo y que a los que nos metió en el infierno, por protegerse contra las enfermedades o los embarazos no deseados, que nos los saque del infierno en espera de destino. Cómo se canse de nosotros y de mover de acá para allá a los 100.000.000.000 muertos de la especie que ya tenía más o menos almacenados, nos vamos a enterar. Nos va a devolver a los muertos, incluso a los que tiene junto a sí en el Paraíso, sobre todo a estos,  que está de su ñoñeces hasta el  gorro. Lo que nos faltaba, ahora que tenemos colocado a lo peor de cada casa en la política, que se nos llenara esto de santurrones engreídos.