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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Alumnos y profesores

Como amantes primerizos
Hay mucha gente implicada en el proceso que se ha puesto en marcha el día 1 de septiembre: los vendedores de chucherías que este curso tendrán que adaptarse a las nuevas directrices del Ministerio de Sanidad que limitan el consumo de grasas y azúcares en los colegios. Las librerías. Los conductores de autobús. Padres esperan­zados y, justificadamente, suspicaces ante el desarrollo del curso, madres celosas que, pese al buen servicio de guardería que les ofrece el colegio, no acaban de ver muy claro que sus retoños sean educados por personas ajenas a la familia. Bedeles. Inspectores. Líderes sindicales. Políticos. Subsecretarios y obispos. In­cluso el ministro de Educación tiene algo que decir en los comienzos de curso. Hay en septiembre un momento estelar para la Escuela en el que el país entero le dedica su atención, olvidándose de la Roja, de la tregua de ETA e  incluso del paro y de la época de escasez que se avecina. De entre tantos intereses, de entre tantos “agentes sociales”, como se reúnen en torno a la Escuela, sobresalen, como cimas del plegamiento educativo que se consuma en septiembre, los profesores y los alumnos que, tras la conmoción inicial, en la que todos participamos, apagados los focos de la atención pública, van a quedarse solos, cara a cara, como los amantes primerizos que se adentran trémulos y asustados en un laberinto del que no saben con qué desgarros y estigmas, prodigiosos o indeseables, saldrán a la luz del desamor o de la vida.