miércoles, 26 de junio de 2013

Omnívoros

El viejo la mira, mira...
Cuando un hombre habla de prostitución, mejor que firme antes un pliego de descargo en el que jure por Venus, que jamás recaló en una mancebía. Y si el atrevido aporta algún documento escrito por una feminista de prestigio, mejor. Sorprende lo que sobre estas cosas dice la feminista Nancy Huston que piensa que “los hombres son más civilizados que las mujeres, porque deben aceptar que la sociedad limite, contenga y redireccione su pulsión sexual (omnívora)”.  Hacia los prostíbulos se viene redireccionando desde antiguo parte de  esa pulsión ciega. De la santa institución prostibularia ha usado Silvio Berlusconi  que puede terminar en la cárcel por haber invitado a menores de edad a sus fiestas.  Las prostitutas, por jóvenes que sean, saben mucho de la vida -mujeres de la vida se las llama-, y de anatomía. Con el paso de los años, los cuerpos también les dejan noticia de las almas de los que las contratan impulsados por un deseo primordial, sin códigos ni excusas, esterilizado de los pegajosos miasmas del melodrama gracias al pago del “servicio”. Noticias exactas, sin mentiras ni ensoñaciones. Son unas traidoras de género: con las prostitutas, una vez que se les ha pagado, ni se genera "deuda histórica" sexual ni sentimiento de culpa, tan útil en las relaciones “permanentes y serias”, para retener al macho y que no eche a correr y se despreocupe de lo que deja en casa y para que no abuse de su fuerza. Los hombres muy ocupados y triunfadores, futbolistas, políticos, suelen usarlas para obtener sexo, prestigio y perdón. En Italia, las hazañas sexuales de Berlusconi, un hombre mayor que se atreve a aparecer desnudo ante cuerpos gloriosos y miradas sabias e inquisidoras, generan más admiración que rechazo: ¡una fila de ninfas entrando en la cueva del monstruo, secuencialmente, y saliendo de ella con su paga cobrada y su trabajo, milagrosamente, cumplido! Pero estas "performances" también pueden generar piedad y perdón en los que sólo han disfrutado de un buen amor, con anillo, promesas, vientos helados y sopa caliente por la noche en la cena familiar. “¿Para qué sirve el poder?”, se consolarán los sacrificados monógamos, “si ni siquiera puedes mirar a Roma desde el Monte Gianicolo, al atardecer, junto a una chica que tienes cogida de la mano, y a la que no vas a pagar, de momento, nada por oírte. ¡Pobre Berlusconi, aplastado por el peso de la púrpura, salvado por las virtudes telescópicas de la viagra!

viernes, 21 de junio de 2013

Pisando bolas

Fotomontaje de Juan Vida
Con la escultura del caballo que ilustra la fachada del Ayuntamiento de Granada, en la Plaza del Carmen, pasa igual que con las clases de religión, parece que lo puso el PSOE y es obligado que lo descabalgue el PP, a nadie interesan los aspectos estéticos del problema. Si es feo o si es bonito, si conviene o no al edificio, eso es secundario. Los católicos saben de sobra que la mejor manera de acelerar el descreimiento religioso es introducir en los programas escolares la religión. Ni en pleno nacional catolicismo, esta asignatura tenía el mismo rango que las otras: junto con la gimnasia y la Formación del Espíritu nacional, formaban la trinidad insolvente de las tres marías. Cuando oigo hablar de estos dos asuntos, caballos y sermones, sé que se habla del poder y sus símbolos. Nada que ver con la estética ni con la creencia. Suelo adoptar en estos casos la postura que adopta el borracho de "Amanece que no es poco". El que la quiera conocer, que vea la peli.

miércoles, 19 de junio de 2013

Granada gusta a Google

Granada de doodle
Google, el buscador de Internet,  ha dedicado en menos de un mes dos dibujos de su cabecera a Granada. Pese al esfuerzo de las Cofradías, la clonación de las vírgenes no ha sido tenida en cuenta por el buscador, aunque gracias a esta quintilla plúmbea de Miguel Ángel Maturana el acarreo de la Magna no caerá en el olvido: “Granada ya no es sultana, / que es entera cofradía. / Un arcarde [sic] con sotana / conduce una caravana / de Vírgenes por Gran Vía”.  Los  dos ‘doodles’ de Google -que es como se llaman esos dibujos que aparecen sobre la caja de búsqueda-, son preciosos, uno  representa a un caballista con una muchacha a la grupa, galopando por una alameda y, el otro, es un dibujo naif de la Alhambra, vista desde el mirador Obama.  El caballista debe de ser el gitano de La Casada infiel de Lorca.  Ese poema tan sicalíptico,  oído en la radio recitado por alguna solemne rapsoda con hábitos declamatorios engolados, como de dramón del XIX, nos impresionaba mucho a los niños. Tanto como cuando por la mañana en la escuela nos enterábamos que El Rajuñas se había llevado a la novia.  La sexualidad se tocaba poco en las clases de los 50, lo más que don Maximiliano, el maestro, llegó a enseñarnos de reproducción, lo sacó de una noticia del Ideal que hablaba de la fecundación de los estigmas en los maíces híbridos. No se atrevió con el reino animal. Lo otro lo tuvimos que aprender en la vaquería del pueblo,  que es donde, en presencia de los miembros de la comunidad escolar interesados en el asunto,  un toro traído del cortijo de los Plateros –los sementales extranjeros siempre han tenido entre nosotros más prestigio que los locales- cubría a las sufridas vacas nativas, con la colaboración de un mamporrero. En los años mozos uno le da mucha importancia, si se trata de raptos, a los aspectos sexuales, hoy sabemos que esa costumbre se debía más a la falta de dinero para los gastos de la boda que a urgencias eróticas. Las novias solían achacar la huida, que con frecuencia no llegaba más allá de la Pensión de La Virgen,  a un embarazo incoercible,  pero, en ocasiones, la chica no estaba preñada y quedaba al descubierto que el viaje había sido una mera disculpa para no organizar el banquete.  Mi tía María hablaba entonces del parto de los montes, concepto que no he comprendido muy bien hasta lo del metro de Granada, que circulará fantasmal, si es que se termina, parando en estaciones sin viajeros y transportando vagones de frustración, tras costosos años de inútil embarazo.


miércoles, 12 de junio de 2013

Hoy quiero confesar que a mí no se me ha pagado

Este mitin, me lo deben
PARECE que los candidatos cobran de los partidos sobresueldos por hacer las campañas electorales o reciben préstamos sin condiciones por haber sufrido atentados. A ver quién me va a pagar a mí la gasolina que tuve que echarle a mi Simca 1200, en la campaña electoral del 1977, para ir por los pueblos anunciando los mítines, y la instalación de los altavoces en el coche y las horas que empleé y los mítines que di y la preparación de mis intervenciones y el mal rato que me dio la guardia civil cuando me paró en la puerta del cuartelillo de La Rambla, al volver de dar uno, para preguntarme si yo había matado a un camarada que había aparecido descuartizado en un pozo de un chalecito de Espejo, porque nos habían visto cantando la Internacional, a los dos, muy exaltados en el casino de ese pueblo, la noche anterior. Cuando les contesté que sí, que todo lo que se mataba en la zona, lo mataba yo, no entendieron la ironía y me trataron como los guardias de seguridad del Roland Garros trataron el domingo a un hombre que había entrado en la pista para protestar por los matrimonios gays. Nadie me ha pagado la factura del médico que me curó las magulladuras. ¿Quién nos va a recompensar a mi mujer y a mí por haber conseguido que no se quedara embarazada ni una sola de las mujeres de un pueblo de la Alpujarra que asistieron a una charla que dimos sobre anticonceptivos, en los años 80? También es verdad que la reunión fue a la hora de la cena y que las mujeres fértiles del pueblo se tuvieron que ir a darle de comer a sus criaturas. Pero entre las que se quedaron a oírnos no se ha reportado ningún embarazo, por la bondad de los métodos que se les expusieron y porque no había ni una con menos de75 años. El pueblo si nos pagó con creces nuestros desvelos y nos han invitado desde entonces a acompañarlos el día de San Marcos a comer de las enjundiosas ollas que en torno a la Iglesia prepara cada familia. Todavía no he cobrado por las primeras elecciones municipales. Voy a hacer una lista con todo lo que se me debe y les voy a organizar un escrache aunque me salgan con la tontería de que soy de la ETA. A estos les pasa como a los anticomunistas de la Guerra Fría que, cuando cayó el muro de Berlín, no sabían a quién echarle la culpa del mal del mundo hasta que un listo inventó lo de las armas de destrucción masiva. Aquí esa mentira infame que ha arrasado a un país la propició Aznar, un ideólogo de perfil plano y de ambición irrefrenable.

lunes, 10 de junio de 2013

Las cautivas de Lecrín

En el harén
Mientras que el guía nos recita en el Harén de la Alhambra un poema de Villaespesa, de 1907, en el que cuenta lo hábil que es con las manos, en menesteres amorosos, una cautiva del sultán, oriunda de Grecia, recuerdo lo que he leído sobre los harenes en la Web de la Alhambra y lo que dice de ellos la escritora marroquí Fátima Mernissi: que los harenes no son la sede del placer del hombre sino la residencia de una familia, bastante más compleja que la monogámica, donde conviven las cuatro mujeres del dueño de la casa, sus familias y sus criados. La cautiva de Villaespesa, por lo que dice en el poema, está contenta y se dedica a agradar a su señor, enamorada. Para los modernistas el modelo de harén no es el del turco Bayaceto, sino los prostíbulos franceses de principio del siglo pasado.  Porque un modernista que se precie, y tenga cuartos, ha de visitar París, al menos una vez en su vida. Y eso es lo que trasladan a sus poemas. Placer sin interrupción, venal y sin secuelas. Mernissi ha dejado claro en su libro “Sueños en el umbral” que en los harenes también hay que hacer la declaración de la renta y el puchero. Lo de los harenes se puso de moda en la literatura europea del siglo XIX y tiene que ver con el orientalismo de Lord Byron que estuvo una temporada en  Grecia, con el Colonialismo decimonónico y con los absurdos paseos de Napoleón por Egipto. Nuestro Pedro Antonio de Alarcón, en su libro La Alpujarra , con lord Byron en la cabeza, compara las naranjas del Valle de Lecrín con las cautivas sojuzgadas en un harén: “Perdonadme esta insistencia en comparar a las naranjas con las cautivas destinadas a extranjeros harenes”, escribe el accitano, “pero el símil es tan exacto y tan mío, que tengo empeño en que lo admitáis. Estudiad, si no, el ulterior destino de estas princesas del reino vegetal, de estas rústicas diosas de nuestra tierra, de estas hijas de nuestro sol... Encontrámoslas aquí apiladas de cualquier modo en plazas y calles: cómpranlas luego mercaderes de otros países; enciérranlas en lujosos estuches, envuelta cada cual en una finísima bata de papel de seda; condúcenlas por camino de hierro o en barco de vapor a Berlín, a Londres o a San Petersburgo, y allí véselas (¡qué horror!) empingorotadas, como en un trono, en áureos fruteros, entre caloríferos y perfumadas bujías, ostentar su hermosura en los triclinios de los bárbaros del Norte y regalar el gusto de tal o cual Sardanápalo aforrado en inultas pieles... de otros animales por su estilo”.  Yo las tengo en un cesto, pero cautivas también y son del Valle. 

sábado, 8 de junio de 2013

Sin traer presentes, piden mercedes


Hasta en el siglo XV, se sabía que no bastaba con palabras para ganarse la vida o el favor de la gente. Ahora, los políticos locales europeos, con las manos atadas por las bridas de las disposiciones comunitarias, solo ofrecen promesas que no está en sus manos cumplir. El presidente del Gobierno, en medio de una catástrofe que se le ha escapado de las manos, ha declarado esta mañana en Valencia, que "Este año será mejor que el pasado, pero será peor que el que viene, y el pesimismo ya está en retirada en este país". El lunes encargará una encuesta para ver los efectos de este "peo de lumbre" en los votantes y como la gente, según los cínicos expertos recorta-pensiones, no va a reaccionar todavía violentamente, a palos, se ocupará en recortar las pensiones. En el siglo XV lo hubieran mandado a coger higos con el garabato. El novelista de finales de esa centuria, Juan de Flores, autor de La Historia de Grisel y Mirabella, empleado palaciego, sabe que le pagan por escribir novelas o poemas para la damas de la corte y que “si desacompañado de tales servicios (sus novelas) viniese sería recibido como labrador que a puerta de gran señor sin traer presente pide mercedes “. Hoy, nos piden el voto y la resignación, con las manos vacías. La madre de mi amiga María Angustias Ruiz ha resumido acertadamente la actitud desvergonzada de esta gente: "se adelanta más pidiendo que dando".