miércoles, 16 de agosto de 2023

¡Pechos fuera!

¡Que no hay corpiño que los contenga!

"Yo debía haber comprendido, después de leer tantas novelas, que las mujeres les gustan a todos los hombres, pero todos los hombres no les gustan a todas las mujeres" F.G. Lorca

                                                                                                               


propósito de los “pechos fuera” de la cantante Eva Amaral en concierto, se está hablando mucho del pecho de los albañiles y del derecho de las mujeres a exhibir los suyos, como hacen ellos, y a desprenderse, si les place, de alguna prenda de ropa. Quizá se elija a los albañiles por considerarlos hombres de rocosa masculinidad. Como ya hay mujeres que trabajan de albañil –y de guardias civiles–, probemos a ponerlas en una obra, sin camisa, junto a sus compañeros, y observemos, in situ, las reacciones de los sujetos de experimentación. Veréis cómo los hombres, en su inmensa mayoría, mirarán a sus compañeras desnudas, perplejos y arrebatados, como si asistieran al Big Bang en primera fila de la formación del universo, y es muy posible que a las chicas, si os fijáis, los fornidos torsos de sus camaradas les produzcan risas y cachondeo, sin que por eso dejen de saber, sin haber estudiado a Praxíteles, quién o quiénes tienen el pecho más escultural, mejor cincelado, y con cuántos de ellos les gustaría interactuar gozosamente. En primer lugar, propongo, vamos a conseguir que alarifes y ‘alarifas’ tengan el mismo sueldo, por el mismo trabajo, y la misma consideración y respeto en las obras y, luego, tratemos de la relación histórica del cuerpo humano con la ropa. Este bloguero, y miles de millones de hombres, les aseguro, dejaremos de mirar el pecho de las mujeres como algo venido del portento, en cuanto las mujeres nos lo exijan tras ganar un referéndum universal, controlado por la ONU. Amaral, y las que utilizan sus pechos como armas, a lo Afrodita A, la novia del robot macho de la serie manga Mazinger Z (1978), banalizan, y fingen desconocer, la Ley de Atracción Universal que rige la logística de la aproximación entre seres humanos, y que tan bien definió Dante: “Amor que mueve el sol y las estrellas”. A los rancios ultraderechistas, amigos de ‘invisibilizar’ a las mujeres que consideran de su propiedad y de desnudar a todas las demás, les hacen un favor mostrándoles lo que quieren ver. Pero alertarán al algoritmo del Facebook y molestarán a hombres y mujeres que, aun estando por la igualdad, consideran una indeseable mímesis machista la pretensión de equiparar frívolamente los efectos que la mostración pública de cuerpos masculinos y femeninos desnudos produce, por ahora, en la sociedad.

domingo, 13 de agosto de 2023

Afrodita Z / Amaral en concierto

 

Armas cargadas de futuro. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros pechos no pueden ser sin pecado un adorno, estamos tocando el fondo.

Raíces al descubierto


Entre Víznar y Alfacar, añosos árboles enseñan las raíces que la inclemente saña del tiempo ha dejado al descubierto. Cerca, en el Barranco de Víznar, la última fosa común abierta muestra cráneos agujereados, huesos trizados por las balas: las raíces de la brutalidad fratricida.
 

jueves, 10 de agosto de 2023

Libros sin techo

 


Miré unos libros abandonados en la calle, cuidadosamente apilados, con la misma mirada compasiva que dedico a las mascotas abandonadas por sus dueños en vacaciones. Todavía no he dejado mis libros en el postigo de algún convento, como huérfanos sin padres, pero quizá lo haga. He probado con bibliotecas locales y provinciales para que acojan mis 6.000 libros, pero no hay quien los quiera adoptar. No disponen de espacio para ellos ni tiempo para catalogarlos. Me sugieren que done los más espabilados a alguna librería de viejo. ¡Los he amado tanto! No los he leído todos, ni mucho menos, pero ahí estaban por si buscaba un referente, un respaldo, una nota. El ebook está acabando con los de papel. Quizá no hubiera reparado en esos libros callejeros si no hubiera visto en uno de los rimeros El florido pensil de Andrés Sopeña, en la singular compañía de obras de Luca de Tena o de Harold Roobins. Escribí al autor informándole de mi hallazgo y de que no lo había adoptado porque ya lo tenía y porque confiaba en que lo recogieran manos amigas a las que aprovecharan las enseñanzas que el libro contiene sobre cómo nos educaron en la Dictadura. Le mandé una foto de los libros y me alertó de que el suyo era “un incunable: hubo que cambiar esa portada -la de la foto, que era de la Editorial  EDELVIVES-, propiedad de los Maristas que pidieron un millón de pelas por usarla. Les dijimos que carecían de derechos sobre ella y contestaron que lo sabían, pero que nos llevarían a juicio, que se paralizaría la distribución,  y que, para cuando ganásemos, habrían pasado meses y el lucro cesante sería descomunal. Pagamos y pusimos mi foto en su lugar… En cuanto a las "lecturas", a las interpretaciones posibles de la foto –me dijo Sopeña- dan para uno de tus artículos..., o para una tesis doctoral. Lo que Edad prohibida o Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena, por ejemplo, aportaron a la forja del mundo de valores, creencias o principios en su momento, frente a lo que significarían ahora; o las razones de ese "abandono", las razones de “ese” concreto abandono, esa colocación esmerada, los sentimientos y sensaciones experimentados por los que los leyeron …  Dudo mucho que los haya abandonado el propietario o propietaria, pero bien podría ser una viuda o viudo, un hijo... Eso sí, están muy gastados, muy leídos”. Pasé al rato, y El florido pensil ya había sido adoptado.

lunes, 7 de agosto de 2023

Los amantes del barranco de Víznar

 




Allí estábamos los dos, en el Barranco de Víznar, como el soldado del soneto de Rimbaud El durmiente del Valle, dormidos sobre la mullida cama de campo de hojas de pino. Cansados, risueños, felices, en una tregua de nuestros juegos amorosos. Cómo es posible que no conociésemos nada, en aquel verano de 1963, del calvario y la muerte por los que habían pasado, hacía años, los cientos de personas que fueron asesinadas y enterradas en aquellos parajes, y que ahora nutrían los frondosos árboles que nos protegían (eso creíamos nosotros), de miradas indiscretas. Rimbaud le oculta al lector, hasta el último verso, la tragedia que esconde ese soldado que parece descansar plácidamente. Teníamos sólo 20 años, pero eso no es excusa. Todavía la Sección Femenina se mantenía agarrada a uno de los momios que ganó en la guerra: El Servicio Social. El ejército permitía que los jóvenes universitarios hicieran la mili en verano para que no perdiesen curso. Pilar Primo de Rivera y sus chicas encuadraron a las jóvenes españolas en una especie de servicio militar, de corta duración, al que llamaron Servicio Social, obligatorio sólo para las universitarias o para las jóvenes que querían obtener una plaza en la Administración del Estado. En el albergue de Víznar hacían el Servicio Social las universitarias granadinas; en su entrada se podía leer este lema teresiano: "En la casa de Teresa, o no hablar o hablar de Dios". El catolicismo y la Falange se llevaron de perlas después de la guerra, y disfrutaron ambos del botín de la Victoria. Pero ese día, en el Barranco, alguien nos acechaba y fue a contárselo a las gerifaltas. Mi amiga fue obligada a disculparse delante de todas sus compañeras. Nunca he experimentado el más leve sentimiento de culpa por haberla amado siempre que pude. Sí sufrí, viéndola humillada por aquellas estantiguas azulonas que tenían miedo del alba, miedo de ver, miedo de oír, miedo de tocar. Tenían miedo de amar apasionadamente, que cantara el poeta turco Nazim Hikmet. Paseo con frecuencia por la carretera que une Víznar y Alfacar, abrumado, a veces, por una sensación de estupor y de tristeza, al recordar a los que fueron asesinados en ese sitio. Y, cuando paso por el Barranco, me estremezco, porque, ahora lo sé, aquella naturaleza maravillosa que nos abrazaba, como en el verso final del poema de Rimbaud, se alza indiferente sobre cuerpos inertes, rotos por las balas.

sábado, 2 de abril de 2022

La noche del gorila


 

Al nacer, no somos una tabula rasa. Venimos al mundo equipados con un software pensado para la perpetuación de la especie: comer y procrear. Sobre este caballo ciego, ponemos montura, bridas, escuela de equitación, educación, cultura, géneros. La génesis del comportamiento del actor de éxito que golpeó a un cómico estúpido que había hecho un chiste de muy mal gusto (como casi todos los de los Oscar y los Goya) sobre la hembra del actor habría que buscarla, más que en el patriarcado, en el comportamiento de los gorilas. Los gorilas macho, según la National Geographic, tienen pene y testículos pequeños. La razón que dan los etólogos de los 5 centímetros del pene de los gorilas es plausible: estos animales invierten toda su energía en labrarse un cuerpo escultural y musculoso con el que mantener alejados a los tenorios ocasionales que merodean en torno a las hembras de su harén. Los gorilas no se entretienen en tonterías, y no se le ocurre alzar monolitos fálicos, como hacen los hombres que, más que a la longitud del miembro, los erigen como trasunto de la enormidad del placer que obtienen de ese adminículo, tenga 5 o 30 centímetros. El agresor se ha justificado: él salió a defender a su familia, su territorio su hembra, como un gorila. El cómico desafortunado, jugando estúpidamente con el lenguaje, es mucho más 'cultura' que su agresor que actuó, supongo, movido por 'un instinto ciego'. Hasta el más pacifista, el menos guerrero, el macho más manso, en algún momento de su vida se habrá visto comprometido en la defensa de una hembra de su familia. Mi hijo y yo hemos estado en contra del servicio militar, del armamentismo, de Putin de Biden, de todas las guerras. Mi hijo, como es muy grande, pudo vivir en Vallecas, según me informa, sin pelearse, sin que nadie le agrediera, y este Bloguero de Arrabal, solo se ha peleado alguna vez en la escuela y con sus hermanos, dentro del forcejeo de una familia numerosísima. Pues bien, el día que llegó a casa mi hija -que solía ir a estudiar en bicicleta- descompuesta porque un macho de otra manada la había perseguido y agredido verbalmente en su camino de vuelta, mi hijo y yo cogimos nuestras bicicletas, ciegos, y estuvimos buscándolo un buen rato, como gorilas. Por suerte, no lo encontramos. Sin ardor guerrero y sin instrucción, el agresor nos hubiera caneado.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Las penas de una granada en su Granada

 

 

No siempre se respeta la voluntad de los santos. Eso pensaba yo mientras contemplaba en la Capilla Cornaro de la iglesia de Santa María de la Victoria de Roma la escultura del Éxtasis de Santa Teresa. De mis cogitaciones me distrajo el ver cómo dos guardias sacaban a rastras a un chico de aspecto hippie que se había atrevido a sentarse en un escalón de la capilla. Me indigné y me senté en el mismo escalón y, cuando vinieron los guardias a echarme, me puse de pie para que pudieran apreciar mi mucha solemnidad; desistieron de sacarme a rastras porque eran dos alfeñiques, incapaces de trasladar mi sólida estructura corporal fuera de la iglesia. Pude seguir entonces reflexionando sobre el maltrato que se les da a los santos, esto sí, con la autoestima a tope después de haberme enfrentado a un poder tan extraordinario con tanta valentía. Santa Teresa había suplicado al Señor que los arrebatos místicos, las manifestaciones espectaculares de gozo que la invadían cuando el Amado rompía la delicada tela del encuentro y se adentraba en el hondón de su alma, no le diesen en público para no tener que explicar a la gente esos movimientos orquestales de placer, tan parecidos a los que dicen sentir los amantes en sus encuentros. Lo cuenta en el libro de su vida. Pues, ¡mire usted por donde!, llega el escultor Bernini, talla una imagen de la santa en pleno clímax y va la Iglesia y la pone en el transepto de ese templo romano, a la izquierda del altar mayor, para que todo el mundo vea a Teresa a punto de ser traspasada por el venablo de un Cupido angelical. Precisamente lo que ella no quería que pasara delante de sus monjas, y menos, urbi et orbi. ¡Maltrato! Pero a los guardianes de Santa María ni se les pasó por la cabeza incurrir en el sacrilegio de expulsar del templo a los visitantes que llevaban una cruz colgada del cuello o luciéndola en el hábito o en la camiseta. Los sacrílegos guardianes de la Alhambra de Granada sí se atrevieron, el pasado día 26, a expulsar del recinto a un chico que había envuelto su mochila en una tela con una granada impresa. Alegaron que la imagen del fruto dañaba el monumento. Y es que no hay en la vida nada como el delito de ir por la Alhambra, luciendo una granada