sábado, 24 de agosto de 2013
miércoles, 21 de agosto de 2013
Lorca es provincia
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Nada de esto tendría hoy cabida, por ejemplo, en la Madraza granadina de la que ha sido alejada una exposición de collages de Juan Vida, en los que el pintor se manifiesta con la misma libertad que usaron los canteros en sus creaciones, en el siglo XII. Ni los prelados ni los abades medievales fueron tan estrechos como la comisión que se ha asustado por las obras de Vida. Dentro de mil años, los investigadores que encuentren un contenedor en algún yacimiento arqueológico del siglo XXI, quizá no entiendan tampoco por qué la Diputación tiró Granada a la basura. De la abundancia de escenas obscenas en el Románico se ha dicho de todo. Pero nadie parece tenerlo muy claro, ochocientos años después. Es posible que los hábitos y comportamientos sexuales del siglo XII no fueran los mojigatos del siglo XIX, o que la Iglesia, triunfadora y poderosa entonces, no temiese al sexo feroz y no le importara integrarlo en sus iglesias como un elemento más de la existencia humana. Incluso se ha llegado a decir que muchas de estas esculturas podrían representar a moros -de los que se hacía escarnio- vencidos y obligados por los cristianos a replegarse hacia el sur. Más comprensible es el esfuerzo que ha hecho este año la Diputación para arrojar a Lorca a la basura del provincianismo abusón y omnívoro. Tras el banquete de Alfacar, las servilletas arrojadas al suelo por los comensales lucen esta bonita inscripción: "Hoy, 17 de agosto, cautiva y desarmada la Razón y el sentido común, han alcanzado las tropas provinciales sus últimos objetivos culturales. La guerra ha terminado". Firmado: el Presidente.
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Provincianismo abusón y omnívoro
jueves, 15 de agosto de 2013
Enseñando al Cuerpo
Feministas por razón del cargo
( La foto se la debo a José Luis Romera)
PÁNFILO, nuestro jubilado disruptivo, fue un referente cultural para la Guardia Civil por los años 70 y para sus alumnos del Instituto de Bachillerato de un pueblo de la campiña cordobesa. Le consta que tanto la Benemérita como los estudiantes de COU siguieron con atención sus enseñanzas y tomaron apuntes de sus lecciones. Los de la Guardia Civil, mucho más fiables que los de los jóvenes estudiantes que perdieron pronto sus notas de clase y las sustituyeron por episodios y sucedidos imaginarios, coloreados por la nostalgia. Cuando a Pánfilo lo amnistiaron en el 77 de una multa de 25.000 pesetas que le habían puesto los civiles por intervenir en unas jornadas pre-electorales a las que no había sido invitado ni él ni su partido, el secretario del Gobernador Civil, que lo llamó a su despacho para devolverle los dineros y regañarle por lo malo que había sido, le mostró una carpeta azul llena de informes y seguimientos de la Guardia Civil. El funcionario le permitió ojearla en una saleta aneja. Allí aparecieron los apuntes que había tomado la pareja de civiles que asistió a su conferencia en el teleclub sobre la Doble alienación de la mujer. Pánfilo detectó enseguida que el informe era del responsable de las tareas de inteligencia en el puesto del pueblo, por la precisión militar de su estilo. No faltaba en el escrito ni la referencia al libro de Castilla del Pino sobre el asunto. Que los estudiantes no eran tan cuidadosos como los números del Instituto Armado, lo supo Pánfilo una noche de julio de 2003 en la que recibió una llamada de un ex alumno, visiblemente inspirado por el amontillado, que le dio las gracias en su nombre y en el de sus compañeros de COU del año 73 por haberles dado a conocer a Borges. Pánfilo está seguro de que en aquella época él todavía no sabía quién era Borges. Y, también, de que al cabo primero, que asistió a su charla sobre la doble alienación de la mujer correctamente uniformado, le han servido de mucho los conocimientos que fue acopiando en los numerosos actos culturales que se organizaban en los teleclubs de la zona y a los que tuvo que asistir en razón de su cargo. Pánfilo me ha confesado que el Estado le ha pagado suficientemente las clases de Literatura que impartió, con la brillantez que le caracterizaba, en el Instituto, pero se me queja de que no se le hayan pagado todavía las clases que le dio a la Benemérita. Y cree tener derecho a un sobresueldo en negro como todo el mundomiércoles, 7 de agosto de 2013
Aplaudir es de malvados
¿A nadie se le habrá ocurrido, en estos tiempos de ciénaga, escribir sus memorias a partir del objeto, útil o instrumento que usó en cada etapa de su vida para desprenderse de la suciedad adherida tras las deposiciones? El terrón del olivar, el guijarro humilde de las carreteras, la carta de amor despechado, el papel del periódico que a veces dejaba impresa en la piel la cabecera de The Inquirer, el mullido reino de la celulosa, las eficaces caricias de las toallitas para bebés, la esponja hospitalaria de la enfermedad y la vejez. Sería una hermosa manifestación de humildad por parte del que cuenta su vida, una forma de pedir perdón a los lectores por hablar de sí mismo sin escuchar al otro y frenaría la tendencia del escritor a ponerse estupendo cuando inventa en sus memorias éxitos que la vida le negó.
La historia de la humanidad podría también escribirse a partir del uso que se le ha dado a la mano desde su inserción al final del brazo de los homínidos o del pie o de la nariz. Porque hay miembros, como el pene o la vulva, que han merecido mucha atención por parte de los escritores en detrimento de otros, como la mano. Las manos sirven para aplaudir, incluso en situaciones en las que nadie entiende por qué se les da este uso. En la Cueva del Castillo, en Cantabria, unas manos prehistóricas dibujadas en la roca parecen aplaudir. Esas manos rupestres pueden tener hasta 40.000 años. No se sabe si son obra del casi agónico hombre de neandertal o del triunfante sapiens. Este último tenía motivos para aplaudir: se ha quitado de en medio un competidor. Pero si las manos son obra de los perdedores, de los neandertales, ¿por qué iban a aplaudir? ¿Rituales mágicos, entretenimientos de mujeres y niños recluidos por seguridad en el interior de la cueva? ¿Masoquismo? Los parlamentarios que aplaudían, como boxeadores sonados, el día de la comparecencia de Rajoy, las intervenciones de sus líderes, ¿por qué aplaudían sabiendo que esta manifestación de contento y aprobación podría molestar a muchos españoles? ¿Sapiens o neandertales? ¿Suicidas? ¿En qué estarían pensando, también, los periodistas que se dedicaron a buscar un ganador entre los que intervinieron en el debate? ¿Ellos, que informan, no están informados de que cada vez hay más gente que asocia la política, no con el triunfo, sino con el material higiénico desechable de más arriba?
lunes, 5 de agosto de 2013
En la cueva del Parlamento
Grandes aplausos
En la Cueva del Castillo, en Cantabria, unas manos prehistóricas parecen aplaudir. Las manos rupestres pueden tener hasta 40.000 años. No se sabe si son obra del casi agónico hombre de neandertal o del triunfante sapiens. Este último tiene motivos para aplaudir: se ha quitado de en medio un competidor. Pero si las manos son obra de los perdedores, de los neandertales, ¿por qué iban a aplaudir? ¿Rituales funerarios o demencia senil? Los parlamentarios que aplaudían, como boxeadores sonados, el día de la comparecencia de Rajoy, ¿por qué aplaudían molestando a muchos españoles?: ¿sapiens o neandertales? Más bien dementes.sábado, 3 de agosto de 2013
viernes, 2 de agosto de 2013
Tomates para una dama
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