domingo, 3 de noviembre de 2019

La mosca del vinagre


Compartimos con ella el 97% del genoma
"Pijópolis" está habitada por seres humanos que no quieren ser iguales desde el momento de su nacimiento ni si quiera a la hora de su muerte. Quieren partir con ventajas y ser enterrados con honores: O son herederos de una estirpe noble o de una victoria militar (como la de Franco) o dicen tener un ADN diferente y, por supuesto, mucho más 'espiroflaútico' que los otros individuos de su especie, o han nacido en la Lancha y, por ese mero accidente, pueden sentirse superiores a los ceneros que nacieron 1400 metros más arriba, en la Carretera de la Sierra (y viceversa), o tienen la piel blanquita, aunque sus ancestros, los que vinieron de África hace unos 100.000, la tuvieran más negra que la tizne o adoran a unos dioses -en cuyo nombre se vienen matando desde hace siglos- que indubitablemente son los verdaderos, mientras que los del vecino son más falsos que un político en campaña (o fuera de ella). Nacer en Girona, te hace especial. Haber venido al mundo en la dura estepa castellana, es un salvoconducto de excelencia, para muchos. Los hay que se creen superiores por ser machos y, ahora, imitándolos, las hay que se sienten superguais por haber nacido hembras. El caso es partir de la línea de salida de la lucha por la vida, del nacimiento, con unos kilómetros de ventaja sobre todos los demás. Perezosos, caras, aprovechados. Sobre todo, después de conocer que nuestro ADN, el de todos, presenta unas similitudes preocupantes con el de la mosca del vinagre

miércoles, 28 de agosto de 2019

Un alcalde 'nasciturus'

Sebastian Pérez


A la salida de Mitimna, en la isla de Lesbos, a 60 kilómetros de Mitilene, te topas con un olivo joven cubierto de harapos. Los lugareños creen conjurar así males y peligros. Los trapos sucios, en mitad de la calle. Para el semialcalde de Granada, por el contrario, lavar los trapos sucios en la plaza pública supone un peligro. Nada original Luis Salvador en esto: hay un refrán que prescribe también que los trapos sucios hay que lavarlos en casa. La explicación que dan de este refrán los paremiólogos coincide con el pensamiento de Salvador: que hay que resolver las diferencias dentro del ámbito familiar, sin dar explicaciones a extraños (¡!).  El apotegma lo ha sacado a relucir el medio-alcalde a la hora de contestar a la sospecha que Sebastián Pérez, un alcalde nasciturus, formulaba públicamente de que Salvador no piensa traspasarle la vara dentro de dos años, como pactaron para la investidura. Deja así al descubierto este alcalde a medias su convicción, y la nuestra, de que toda la operación de reparto de la alcaldía de Granada es una canasta harapienta de trapos sucios que no hay que airear. A veces he llegado a pensar que Salvador lee algo más que los tuits de su capo Albert Ribera y que incluso ha frecuentado a Platón, un filósofo poco  entusiasta de la democracia representativa. Platón pensaba que la política debería ser más bien cosa de expertos, sin ambición personal, de hombres intachables, con madera de estadistas que estuvieran dispuestos a hacerse con el poder para no verse gobernados por los peores. Los tránsfugas, que se creen imprescindibles, son un poco platónicos. Van de un partido a otro hasta que encuentran uno que les permite agarrar la manija del poder y evitar así que gobierne un político nefasto como Sebastián Pérez. Luis Salvador no lo haría entonces por vocación de servicio, por ambición, por beneficiar a amigos y parientes, lo haría platónicamente para evitar que el mal supremo se haga con Granada. Eso pensaba hasta que Salvador ha cometido el lapsus de los andrajos malolientes que han de coserse y  espercojarse en familia. No es del gobierno de un aristócrata resignado, de lo que se trata, sino del de unas familias de armazón mafioso: Fuera de la familia, ni hay salvación ni tendederos para airear la inmundicia. Cosa nostra

domingo, 25 de agosto de 2019

Una "Y" en el Thyssen

La chica de la generación "Y" dialoga en el Museo
Según la museografía más chic, en esta exposición del Thyssen, "dialogan" Durero y Lucas Cranach, el Viejo. La chica de la generación "Y", sentada en el banco, sabe Dios con quién dialoga por el móvil. Sin dejar de observar el "diálogo" de los pintores. Y es que los jóvenes, por mucha rabia y envidia que nos dé el reconocerlo, pueden con todo. No estoy seguro de que esta joven, que viene ahora a turbar nuestras imaginaciones, supiera que, puestos a elegir entre las tres maravillas, la hubiéramos elegido a ella para "dialogar". (Durero y Cranach. Arte y Humanismo en la Alemania del Renacimiento propone un recorrido por el arte alemán, entre finales del siglo XV y la primera mitad del XVI. La exposición, centrada en dos de sus más grandes artistas, Alberto Durero y Lucas Cranach, el Viejo, tiene entre sus objetivos subrayar la importancia que las imágenes artísticas jugaron en unos acontecimientos que terminaron por cambiar el arte, la religión y la política.
La exposición está dividida en dos capítulos que se presentan en cada una de las sedes: El mundo de los artistas, en el Museo Thyssen, y Un mundo en conflicto, en la Fundación Caja Madrid, pero, por desgracia tuvo lugar en 2007)

miércoles, 26 de junio de 2019

Stop a los sanfermines mixtos


Con el traje prestado
La antropóloga Mary Beard expone en su libro Mujeres y Poder (2017) cómo las mujeres han sido excluidas del poder desde la Antigüedad. En La Odisea, Telémaco, el hijo adolescente de Penélope y Ulises, calla a su madre de malas maneras cuando esta le pide a un aedo que deje de relatar las vicisitudes por las que pasan los héroes griegos en su viaje de regreso al hogar: «Madre mía —‌le ordena—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca... El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior. ¡Qué empeño el del hombre en sumergir a la mujer en el silencio! Es la obsesión de algunos, también ahora. Lo disfrazan de protección. A finales de los 70, alumnos y alumnas de los institutos Padre Suárez –masculino- y Ángel Ganivet –femenino-, de Granada, se movilizaron para que ambos centros fueran mixtos. La Inspección, contraria a la transformación, argumentó que con el cambio las alumnas tendrían que atravesar La Gran Vía a la hora del recreo para solazarse en El Triunfo, exponiéndose a ser atropelladas. Después de años de enseñanza mixta han surgido voces, en toda Europa, y no todas conservadoras, que piden el fin de la coeducación por considerarla perjudicial para las alumnas. Si aceptamos este planteamiento, habría que celebrar los sanfermines por separado, para salir indemnes. Estas fiestas eran tradicionalmente masculinas. Las chicas las han asaltado, embutiéndose en el traje varonil. Quieren ser tratadas como los chicos y, actuar, en parte, como hombres. Ser seres deseados y deseantes, según el modelo macho imperante. Están convencidas de que ellas controlan y de que el “no es no” las protegerá como un escapulario. Por desgracia, todavía hay manadas de lobos antiguos que salen de caza, ignorando que el macho de la especie, por motivos diversos, suele respetar y proteger a las mujeres. Stop, pues, a los sanfermines mixtos hasta que las manadas sean liquidadas y  surjan unos usos festivos que, lejos del modelo macho, integren en la fiesta común los intereses y deseos de los dos sexos. Diálogo entre las partes; que las mujeres digan exactamente, hoy, en 2019, cómo quieren que sean los sanfermines, y tantas otras cosas, sin que ningún Telémaco las mande callar e intente imponer su relato como único.

sábado, 15 de junio de 2019

El deseo frustrado de Sebastián Pérez

Se le atragantó la alcaldía
Como el toro te sigo y te persigo, 
y dejas mi deseo en una espada, 
como el toro burlado, como el toro.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Sebastián Pérez en el paraíso


Pérez
La posible ascensión de Sebastián Pérez a la alcaldía de Granada nos debe llenar de gozo. No sólo a la Virgen de las Angustias y al Cristo de los Favores –a los que debe tantos votos- o al autor de la Biblia familiar, sobre la que suele jurar los cargos, sino a todo el género humano y, en particular, a los granadinos. Especialmente a las cementeras, a los constructores amigos, a los arquitectos e ingenieros y, concretamente, al mundo del ladrillo. ¡Fastuosos los proyectos que bullen en la cabeza de este hombre! Túneles, ascensores, cinturones varios que nos circunvalen y constriñan. ¡Qué buen alcalde se ha perdido Nápoles! Ciudad que, pese a la catástrofe de Pompeya, todavía, y eso que los vulcanólogos lo vienen sugiriendo, no ha construido una cubierta gigantesca que proteja a la ciudad italiana de los exabruptos del Vesubio. Con Pérez la tendría y de cemento armado. Pérez, como Dante, no entiende mucho de teología, pero sí de cómo alcanzar el paraíso. No soy quien para darle ideas, que él ya las tiene, y suficientemente imaginativas y productivas para la ciudad. ¿Cuánto costaría una escalinata que llevara directamente al cielo desde la Torre de la Vela? Sé que, en cuanto lean esto los ávidos contratistas que esperan impacientes los jugosos contratos que Sebastián les tiene reservados, van a poner a sus técnicos a trabajar en ello. De la Alhambra al reino de los cielos: unos cuantos miles de escalones de ascensión y ya está. Camiones de cemento teológico, de bovedillas y pilares de hormigón sagrado. En el fielato, vendiendo las entradas y pasándoles el test de los diez mandamientos a los aspirantes, nadie más experimentado que el arzobispo. Y las ganancias a repartir. El periodista y escritor italiano, Indro Montanelli, autor de Dante y su Siglo, sentencia, tras señalar algunas de las sevicias con las que el insigne vate –excelso poeta y muy mala persona- castiga y humilla en su paseo por el infierno a sus enemigos, riéndose de ellos o pateando su cabezas: “Y cuando al término de estas hazañas, sabemos que Dante –de la mano de Beatriz- ha obtenido el visado para el paraíso, respiramos aliviados, si él consiguió ir, quiere decirse que iremos todos”. Pues lo mismo: si Sebastián Pérez, de la mano de Vox y Cs, consigue llegar a alcalde, quiere decirse que cualquiera de nosotros puede serlo.

martes, 14 de mayo de 2019

Ley de protección de los electores de todo género de violencia intelectual

Este sí pasa el corte

Una de las actividades más provechosas de los campeones de género consiste en revisar los monumentos culturales del pasado cercano e, incluso, del pasado remoto. Siguiendo a Mao, empeñado en destruir todas las obras de arte del pasado por ser vestigios de la opresión y de la dominación de las clases privilegiadas, habría que sacrificar al toro que raptó a Europa –Zeus disfrazado de tal para la ocasión- sonetos de Petrarca, muchas cosas de Dante, esculturas, pinturas creadas desde el patriarcado para mantener sumisas y humilladas a las mujeres. Sabina, y alguna de su canciones: ¡a la mierda!, algo de Krahe, todo el Romanticismo. Esta actividad, tan útil, que nos dejaría sin memoria del horror y nos privaría de armas para combatirlo, tendría que abarcar gran parte de la mejor poesía elaborada para cercar y conquistar la fortaleza de la virtud femenina. Porque no tendríamos que contentarnos con eliminar los soeces piropos callejeros, o los brutales requerimientos de las bacanales multitudinarias, en las que el alcohol y las drogas eliminan y suspenden esa ligerísima capa que, según Freud, cubre los instintos, y a la que llamamos “Civilización”, también habría que borrar de un decretazo bastante de Catulo, no poco de Garcilaso (nada de Boscán que era un poeta institucional y sólo le hacía sonetos a su esposa). El Amor Cortés, ¡a la porra!;  Ibn Hazm de Córdoba (994-1063), y su Collar de la paloma, ¡al pudridero! Quizá salvaríamos a Juan de Flores, el escritor palaciego de la época de los Reyes Católicos, que en sus novelas y tratados recoge la voz de las mujeres oprimidas y la de sus defensores. Y sobre todo, porque en su Triunfo de amor propone una inversión total de los usos amorosos, un mundo al revés, en el que los hombres son acosados por las mujeres que los cercan y violentan. Sor Juana Inés de la Cruz (la autora del poema Hombres necios) quizá se salvara y, por supuesto, la ínclita Rosalía. De las poetas modernas, nada que achacar a las que practican la poética de la sospecha que ve enemigos y lobos por todas partes. Bueno, las mujeres que en internet se dicen unas a otras  guáaaaaaaapaaaaaaas sin cesar tendrían que cortarse un pelín. Y puestos a regular la convivencia, ¿por qué los políticos no prometen que en cuanto ocupen el poder van a promulgar una ley que castigue con severidad a cualquiera de ellos que le eche un piropo a un compañero, o a sí mismo, si no dedica, también, una alabanza semejante a un adversario? En la futura Ley de protección electoral de todo género de violencia intelectual, sería un atenuante el que los contendientes hubiesen participado en uno esos programas de cómicos en los que que se dicen unos a otros las cosas más desagradables. Piropos electorales, no.  Prisión para todo aquel que llame veraz a Sánchez o inteligente a Casado. Por prometer que no quede. Los electores les prestan a las promesas electorales la misma atención que a las de las operadoras telefónicas.