lunes, 6 de septiembre de 2010

Cerezas y Ramadán

En el Campeonato del Mundo de baloncesto, España ganó al Líbano por un contundente 91-57. No ayudó al equipo libanés el que alguno de sus jugadores no pudiera beber agua a lo largo del partido a causa del Ramadán. En política de aguas, el Corán es beneficioso en otras ocasiones, por ejemplo, cuando prohíbe comer carne de cerdo. Parece que el tabú que pesa sobre la carne cerdo en el mundo árabe se debe a que en países cálidos no se puede desviar agua, imprescindible para la vida humana, a la cría del cerdo que es un animal que no suda y que necesita estar todo el día remojándose para mantener el equilibrio termodinámico.  En el cristianismo existe también una práctica piadosa que regula el consumo de fruta de los muy golosos. Consiste en tomar tantas piezas de fruta como Personas tiene la Santísima Trinidad, partes el Rosario, heridas Jesucristo o mártires una persecución. Tres ciruelas, por la Santísima Trinidad, cinco higos, por las cinco llagas de Cristo, 15 cerezas, por los 15 Misterios del Rosario. La invención por Juan Pablo II de los misterios Luminosos supuso un incremento muy bien recibido por los consumidores. Esta costumbre  resulta higiénica, ecológica y solidaria, porque si la sigues, hay fruta para todos y no sufres de diarreas incoercibles. El problema surge cuando no bebes agua en un partido de baloncesto o equivocas la devoción. Muchos encuentros se han perdido por celebrarse antes de que el muecín convocase al rezo del atardecer en el Ramadán y alguna persona devota ha muerto empachada al intentar ingerir hasta 11.000 cerezas, una por cada una de las 11.000 vírgenes martirizadas en Colonia, en el siglo V. Su cuerpo no aguantó más de 300. 

domingo, 5 de septiembre de 2010

Viático de adúlteras

Rajoy, pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo

Rajoy hizo ayer, día 4 de setiembre en Soutomaior (Pontevedra), un uso del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo que tendrá entretenidos, por lo raro o incorrecto, a los redactores de la "Nueva gramática de la lengua española": "Si yo fuera Zapatero, hubiera ido mañana a Rodiezmo”, declaró este político. Ni los teólogos, que le consienten y permiten muchas cosas a Dios, le conceden al Altísimo el poder de cambiar el pasado. Pero parece que los registradores de la Propiedad en excedencia, sí pueden trastear el pasado de subjuntivo. Entenderíamos que Rajoy hubiese declarado que "si yo fuera Zapatero, iría mañana a Rodiezmo", pero por lo que le hemos oído, lo de verse con los mineros, cuando sea presidente, ni loco. ¿O, a lo peor, de lo que no se ve es de presidente? Porque ¿habrá algo menos probable que un pasado pluscuamperfecto de subjuntivo?

sábado, 4 de septiembre de 2010

Si no ha sido Dios, ¿quién fue el chapucillas?

"Dios no creó el universo". Es lo que afirma Stephen Hawking en un nuevo libro. El Big Bang fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, según argumenta el científico británico en The Grand Design. En The Independent.

Espero que la COPE tome nota que ha sido la Física y no le eche la culpa de la chapucilla a Zapatero

viernes, 3 de septiembre de 2010

El Gran Becario

El Gran Becario, en los meses de julio y agosto,  es el pueblo soberano que se ve obligado a hacérselo él  todo o a hacerle todo a las grandes empresas de comunicación. Especialmente a las emisoras de radio y de televisión. Los periódicos se contentan con mantener el precio del ejemplar y con rebajar drásticamente la información, limitando el número de páginas considerablemente. Cuando llega el apagón informativo y profesional del verano, en las emisoras y cadenas, los pequeños becarios, los aprendices salidos de la Universidad,  se dedican, con la anuencia de las empresas, que así rellenan dos meses de programación casi de balde, a mostrar su bisoñez, a hacer moderadamente el ridículo y a ordeñar la vaca del Gran Becario. Dos meses metiéndole los dedos a la gente para que cubra los espacios vaciados y los programas decaídos, en busca de la piedra filosofal del poder. Eso que los políticos llaman “lo que verdaderamente interesa a la gente”.   Cuando termina el verano, se podría esperar  que los grandes comunicadores de emisoras y cadenas, vueltos de su descanso, retomaran las riendas  de sus programas y dejaran al Gran Becario ocuparse de sus cosas y rumiar sus prioridades insondables. Pero no, los grandes comunicadores han aprendido de los pequeños becarios que los han sustituido durante unas semanas y siguen pretendiendo que la gente les haga el trabajo. Un ejemplo: en la cadena de los obispos, al mediodía, primero hablaron del “dictador Castro” y de su empeño en asustar al mundo, en su discurso de reaparición, con la amenaza de la inminente extinción de la vida sobre la Tierra provocada por una guerra nuclear. El protagonista de la noticia siguiente era  también un anciano no elegido por sufragio universal que, al igual que el Comandante, viste siempre de uniforme  y regaña urbi et orbi, en este caso, porque se vive de espaldas a Dios y la experiencia enseña que  un mundo sin Dios se convierte, según Benedicto XVI,  "en un infierno, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza".  Panorama igualmente atómico, desde el punto de vista teológico. Pero nadie parece haberse dado cuenta en la emisora de los obispos de que, ensartadas así las dos noticias,  se estaba equiparando al Papa con Castro. A lo mejor esperan que el Gran Becario, que ha conducido los programas durante el verano, sepa distinguir a los dos personajes y corrija la pifia. ¡Comodones!

jueves, 2 de septiembre de 2010

No tengo ningún proyecto de vida para usted

La verdad es que no tengo ningún programa de vida para Aznar. Y me gustaría que él tampoco lo tuviera para mí porque ni siquiera yo lo tengo. Estoy convencido, con el poeta Quasimodo, que esto dura nada y menos y que, cuando menos lo esperamos, nos atraviesa un rayo de sol, somos felices momentáneamente, pero la noche llega de pronto y nos borra para siempre. Me gusta pensar que soy respetuoso con los proyectos de vida que los demás tienen para sí mismos. Por esto de la precariedad y fugacidad del vivir. Creo que he aprendido a no sentirme agredido porque cientos de miles de personas utilicen la excusa de la Virgen del Rocío, para vivir en el campo unos días, fumarse unos porros, echar algún polvo y beberse algunos litros de alcohol. El que a mi no me guste hacerlo, sobre todo porque soy alérgico al polvo (del camino) y al polen del olivo, no me da derecho a sentirme superior ni inferior a los que eligen esta distracción. No disfruto en Semana Santa, no voy a Lourdes, la beatificación de Fray Leopoldo me deja beatíficamente tranquilo, y las manifestaciones de Aznar, en principio, no tiene porque afectarme. No quiero que nadie disfrute, como yo lo hago,releyendo el Quijote, viendo, o durmiendo, "Amar en tiempos revueltos" o comiéndose un plato de patatas fritas con pimientos. Sólo me pongo nervioso si los que hacen todo eso que he enumerado más arriba comienzan a considerar sus respetables entretenimientos como “lo que hay que hacer”, como “lo natural”, lo “nuestro”. Me asusto cuando adivino que tienen un proyecto de vida para mí. Y me temo que Aznar sigue teniendo una hoja de ruta para todos nosotros y, si me guío por lo que acaba de declarar en Israel sobre Obama y el poder omnímodo, ese plan no me conviene.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Para ser intelectual de primera

El intelectual en su despacho
Antes, para llegar a intelectual tenías que haber hablado al menos una vez con un campesino inteligente.  Mejor sorprenderlo en las faenas propias de su oficio, en pleno campo, y liarse un cigarrillo con el tabaco de la petaca que el campesino te alargaba, junto con un librito de papel de fumar. Al ser tú un intelectual en ciernes - y un populista en ejercicio-,  al que se le presuponía una cierta agudeza mental,  los diez minutos que duraba la operación de liarte un cigarro y hablar con el “sujeto” –que es como se llamaba entonces a los encuestados- tendrían que bastarte para apreciar la profunda calidad de su pensamiento y la riqueza de su sabiduría oral.  En tu despacho, sin mucho esfuerzo, concluirías que no hay nada nuevo bajo el sol y que la inteligencia se puede encontrar en los lugares más humildes.
Pánfilo, que aspira a intelectual, ha hablado hoy con un campesino sexagenario. Se ha acercado a su gallinero, en plena Vega de Granada,  y le ha comprado una docena de sabrosos huevos de corral. Por dos euros, el hombre le ha dado 14 huevos (dos de regalo para compensarlo del escaso peso de la docena), cuatro tomates muy maduros y un kilo de excelentes patatas nuevas. El hombre se ha sincerado con él. Pánfilo recibió entusiasmado la confesión del sujeto de que su mujer lo había montado en un autobús y lo había llevado a Lourdes en un viaje insufrible de más de mil kilómetros. Recogió con veneración las quejas  jacobinas del hombre sobre los 12 euros que, a la vuelta del Santuario, le habían cobrado por entrar en la Sagrada Familia de Barcelona y su crítica a la actitud de la Iglesia de tarifar por montarle actos oficiales a las instituciones políticas.  Cuando el sujeto le contó que, de joven,  había viajado a Noruega desde Alemania (a donde había emigrado en los años 60), buscando embarcarse para Canadá,  Pánfilo perdió interés, porque el intelectual prefiere “sujetos”  inteligentes y despiertos, y si tienen todos los dientes como exigen los lingüistas en sus trabajos de campo con nativos, mejor, pero sobre todo,  que estén poco viajados. Para estas peripecias nada como un buen salvaje.  Pánfilo, hombre educado y afectuoso, se despidió del “sujeto” con muestras de cariño. Llegó a decirle, mientras le daba la mano, que lo comprendía muy bien. Que él también había sido emigrante en su juventud: durante cinco años emigró a Granada, desde Málaga, para estudiar derecho.