En la familia,
el recuerdo de los buenos momentos se disipa,
y se guardan en huchas de barro
los agravios y el rencor.
Las alcancías del odio terminan siempre por abrirse
o romperse,
para que los fantasmas liberados
oculten las causas del fracaso inevitable.
[Me ha resultado imposible negociar con mi grupo de haikús, la peña se ha negado a aprovechar el material que les llevé para elaborar un haikú decente. Y me he tenido que refugiar en el versolibrismo irresponsable.¡La culpa la tienen Juan Ramón y las vanguardias!]
