lunes, 31 de mayo de 2010

"He dejado de fumar"

“Con sola mi figura prendado te dejé de mi escritura"


He dejado de fumar”, titulaba su columna un colaborador de un periódico digital. Sin mayores explicaciones de por qué un hecho tan insignificante podría interesar a alguien, fuera de su estanquero y de sus pulmones.
El que escribe debería de pensárselo antes de hacerlo en primera persona y no, desde luego, por humildad, sino porque, al renunciar a la máscara de la tercera persona, está pidiendo al lector algo que éste no le puede conceder: el reconocimiento de su excelencia más que por lo que escribe, por lo que es, o por lo que él supone que es, o por lo que dice ser. Pide un acto de fe: “Ríndete, primero, ante mi excelencia y verifícala, luego, en mi escritura; yo soy más importante que lo que escribo”. Así funcionaban las cosas antes de la invención, circa 40.000 años, del lenguaje articulado y de la escritura, hace unos 6.000 años. Es ésta una actitud prelingüística, ágrafa, casi mística. A este tipo de escritores les gustaría impresionar de entrada:“con sola mi figura",parecen decirle al lector, parafraseando a San Juan de la Cruz, "prendado te dejé de mi escritura".  Pero el lector lo único que tiene ante sí es lo escrito, el texto. Sólo a partir del texto podrá juzgar sobre la pericia o la torpeza del que “le” escribe. Si pese a todo, se atreve uno a escribir en primera persona, qué menos que hacerlo pidiendo disculpas por la arrogancia de hablar de sí, bien o mal,como si lo que se cuenta pudiera tener algún interés para los otros. Puede venir bien para el caso tomar prestadas las palabras de justificación de Montaigne, en el pórtico de sus Ensayos y que titula de “El autor al lector”: “Así, lector, sabe que yo mismo soy el contenido de mi libro, lo cual no es razón para que emplees tu vagar en un asunto tan frívolo y tan baladí. Adios, pues”.

jueves, 27 de mayo de 2010

Algo pinchado en un palo

La cultura española contada a las niñas
Desde que supe que la fregona, el futbolín y el chupa-chups eran inventos españoles, busco sin descanso en los libros de historia para escola­res del franquismo una referen­cia a sus inventores, Manuel Ja­lón Corominas, Alejandro Cam­pos Ramírez y Enric Bernat. Ni una sola línea para estos auténti­cos héroes españoles, para estos tres hombres beneméritos que han hecho más por el buen nom­bre de nuestra patria que Rafa Nadal o la Selección Española de fútbol.
Ríos de tinta dedicados, esto sí, a exaltar la figura de Jimena Blázquez, la que  “non semejaba fembra salvo fuerte caudillo”, que en plena Edad Media, cuan­do los moros apretaban a Espa­ña, dirige la defensa de Ávila contra los rudos ataques musul­manes. Pero ni una sola palabra para el inventor del chupa-chups, Enric Bernal, al que bastó pinchar un caramelo en un palo para levan­tar un imperio.Su implanta­ción en China,  aprove­chando la antigua ruta de las especias, fue precedida de una frase lapidaria de Enric Bernat: Siempre hemos visto a los chi­nos utilizar palillos para comer. Yo quiero enseñarles a usarlos también para comer caramelos, dijo.
Los libros de texto que he con­sultado se extasían, por ejemplo, ante la bravura de la mujer española en la guerra de la Independencia: ¡Mujeres! -leo en “Guirnaldas de la Historia” (1947), del inspector de Enseñanza Primaria Agustín Serrano de Haro- asombro de los si­glos y orgullo de la raza, nues­tras mujeres de la guerra de la Independencia. ¡Gloria y honor a las mujeres que, como Agustina de Aragón, supie­ron luchar y morir por España!
Pero a Alejandro Campos Ramírez, inventor con 17 años del futbolín, ni caso. La gesta ocu­rrió en 1937. Cam­pos inventa el futbolín para entretener a los pequeños ingresados, como él, en un hospital de sangre de Madrid y fabrica el primer modelo en el que los futbolistas eran de madera de boj, un material que permite to­do tipo de efectos y de sutilezas cuando la pelota es de corcho aglomerado. Aquello fue mano de santo: los chicos se volcaron sobre el nuevo juguete, dejaron de romper cosas y hasta los niños mutilados, que no eran pocos, podían participar y, a menudo, ga­nar.
“Guirnaldas de la Historia”, subtitulado por su autor Historia de la cultura española contada a las niñas, muestra también una comprensible admiración por las mujeres que acompañaron a los conquistadores españoles de América los cuales, después de someter tierras y hombres, necesitaban el descanso del ho­gar. Y las mujeres se lo tenían siempre limpio y ordenado, la mesa con su mantel blanco y so­bre el mantel un plato sabroso y humeante. Pero sin pan, porque en América no había trigo. Mas, un venturoso día de 1535, cuando la dama que acompaña a Pizarro, Inés Muñoz,  limpia el arroz lle­gado de España, advierte entre él unos granos dorados de trigo. Y coge amorosamente los granos, con mucho más esmero que si fueran pepitas de oro y dispone una maceta y siembra los granos, como si plantara nardos y alhelíes. A los pocos meses las brisas acariciaban en la maceta un puñado de espi­gas... a los ocho años había ya pan en abundancia, hasta para los niños más pobres de la po­blación.
Hasta el corazón más rudo se emocionará al enterarse de que los conquistadores españoles, después de someter tierras y hombres, pudieron descansar en hogares limpios y ordenados y comer pan, gracias a las mujeres que los acompañaron en su aventura, pero no entenderá que se haya quedado fuera de esa historia de la vida cotidiana Manuel Jalón, inventor en 1956 de la fregona, unos de los adminículos que, junto con el lenguaje, más han ayudado a la emancipación de la mujer. De nuevo algo pinchado en un palo, en este caso una bayeta, daba fe y era signo de la inteligencia práctica de un natural de estas tierras.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Chochos y garbanzos para la merienda

El chupa chups, un invento español
Repaso el romancillo de don Luis de Góngora Hermana Mari­ca, y compruebo que en el Siglo de Oro los chicos de las clases populares ensuciaban poco las calles con bolsas de plástico —y sí con cáscaras de altramuces o con el papel de los cucuruchos de los garbanzos tostados— y se veían bastante menos mordidos por la duda a la hora de elegir las golosinas que podían comprar un día de fiesta del 1580 con el "cuarto" que recibían de "su tía la ollera".
"Compraremos de él / (que nadie lo sepa) / chochos y gar­banzos / para la merienda", de­clara el hermano de la joven Ma­rica poco antes de confesar que también podían disfrutar de las "tortas con manteca" que les daba Bárbola, "la hija de la pana­dera / porque algunas veces / ha­cemos yo y ella / las bellaque­rías / detrás de la puerta".
El menú de los muchachos de la burguesía o de la aristocracia era —sin llegar a la plétora pre­sente— más variado. A los popu­lares chochos y garbanzos se añadirían natas y mazapán, pica­tostes calientes, costradas de li­moncillo y huevos mejidos, bu­ñuelos de viento, tortas de orejo­nes, de cidra verde y de dátiles.
No es fácil prever los cambios que el consumo abundante e igualitario de golosinas ha provocado en las mentalidades del siglo XXI ni lo que sucederá si se cierra el grifo. Posiblemente la lucha de clases se ha visto dulcificada por el trato parejo que los quiosqueros y los dueños de los puesteci­llos de bollería industrial han concedido a los chicos de barrios carenciales y a los de las urbanizaciones de lujo.
Ya hoy se da una apariencia de socialismo cuando se cruza el autobús de un colegio privado de elite con el de un colegio público de los suburbios y los alumnos de éste ven cómo los de enfrente sacan el jugo a la mis­ma marca de chupa-chups que ellos.
Es muy difícil tomar el Palacio de Invierno con un índice tan alto de azúcar en la sangre de la clase obrera. Algunos piensan seguir otro régimen.

martes, 25 de mayo de 2010

Clinton, las magdalenas del Albaicín y un niño


Las más sabrosas magdalenas –el bollo más empapado de literatura desde Proust‑ que se fabrican en Granada, las vende en el Albaicín una mujer manca que introduce uno a uno los bollos en una bolsa de plástico con el muñón de su brazo derecho. No se le conoce rasgo alguno de ternura. Trata a los clientes con aspereza. Que nadie le pregunte si las magdalenas tienen mantequilla o aceite. Lo puede poner a uno en la calle. Alguien de la Casa Blanca se interesó por la receta, cuando Clinton visitó el barrio hace años, y no la consiguió.  Si no le gustas, y aunque el mostrador esté lleno de género, te puedes ir de vacío. Las madres han de ocultar a sus hijos, criados en la abundancia y atiborrados de emplastos asépticos, insulsos y plastificados, la procedencia de las magdalenas. Podría repugnar a los chiquillos la mutilación de la panadera. Y el uso que hace de su brazo trunco. Ella lo sabe pero no cambiará su forma de despachar por nada del mundo. El que los clientes, vencido el escrúpulo, sigan comprando magdalenas envasadas tan heterodoxamente le confirma todos los días la adicción y el afecto de sus fieles y la excelencia de su trabajo.
Un niño del barrio de Almanjáyar, cerca del Albaicín, ‑en el confín de la ciudad hay muchos niños por las calles‑ baja “echando leches” en bicicleta por la cuesta que sirve de raya fronteriza del cuarto mundo. Desde el Sur, por la misma calle, sube un gigante pedaleando en su bicicleta de carreras. El habitante de la frontera no tiene más de 6 años; enajenado por un instinto de libertad suicida, se enfrenta a la rueda del polifemo de la chaqueta de cuero y lo provoca abiertamente: “!Payo, tóparne si tienes riles!". El hombre, que se repone con dificultad de la último tufarada de humo que le ha soltado un autobús, esquiva la rueda enemiga y casi no se da cuenta de la importancia de la batalla que acaban de librar contra él en las tierras desoladas del norte de la ciudad. Nunca sabrá que el niño ha proclamado orgulloso en su casa, a la hora de la comida, que el payo no se atrevió a toparlo.
Despachar magdalenas, siendo manca o enfrentarse en los confines de la abundancia, orgullosamente a un mal enorme procedente del Sur, sin más armas que una bicicleta, el valor y el instinto de singularidad no domesticado, son empresas que no siempre conocen el fracaso.

domingo, 23 de mayo de 2010

Malos tiempos para la mística...bancaria

“Y por encima de todo quedará patente que la Iglesia [en lo de Cajasur] ha actuado movida por la ética que brota del Evangelio. No adoramos a otros dioses, sino al Dios único y verdadero, que en Cristo nos ha mostrado su rostro de amor, y este Dios es el único que nos hace libres”.  De una entrevista concedida a “Eclessia digital” el  22 de mayo por Monseñor Demetrio Fernández Obispo de Córdoba.
Los seis magníficos
Los seis sacerdotes de la foto, canónigos patronos de Cajasur, han preferido entregar las llaves de la entidad de ahorro cordobesa  al Banco de España, antes que ponerlas en mano de Unicaja. Ahora pueden suscitar compasión, que es una de las maneras que tenemos los seres humanos de sentirnos superiores a los que nos la provocan y, al mismo tiempo, de prepararnos el terreno para ser tratados compasivamente cuando lo necesitemos. La compasión es un sentimiento prestigioso. A muchos escritores les han concedido el Nobel “por sentir una profunda compasión por la condición humana y por haber alcanzado a expresarla en sus obras”. Todo bien nacido, al ver la imagen uniformada de estos seis hombres maduros, 
Línea Tarantino
 vestidos modestamente, puede caer en la trampa de apiadarse de ellos, imaginándolos ya en el paro y la indigencia. Razones hay para resistirse a ese sentimiento.  En la entrega de Cajasur, hay cálculo. La Iglesia sabe, por la historia,  que en tiempos de escasez hay quien la mira con rencor y con saña vengativa. Pero hoy el peligro se multiplica si se es cura y banquero a la vez. En Grecia han ardido los primeros bancos, con consecuencias letales: tres muertos.
Líenea "The blues brothers"
Éstos banqueros de Dios, al que ponen por testigo,  se están escabullendo de la primera linea de las responsabilidades. En cuanto a las palabras del obispo de Córdoba, ni caso. Son para el consumo interno. A Dios, al que dejan en mal lugar,  pueden incomodarle porque, pese a ser omnisciente y verdadero, se dejó guiar, como un broker extraviado y ambicioso, por informaciones poco 'confiables' sobre la burbuja inmobiliaria. Y lo que es peor: se las pasó a los pobres señores de la foto.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Bibiana Aído y Teresa Jiménez, entre Escila y Caribdis

Navegando sin timonel
Ni ministras como Bibiana Aído pueden parar ya con sus “criaturas”, o con sus ocurrencias, el establecimiento de las mujeres en la vida pública. Sólo una guerra atómica, el choque de un meteorito o el derrumbe del capitalismo suicida,  sumirían a las mujeres, junto con toda la especie, en la nada o las  devolverían al papel de “ángel de su hogar”  que les otorgó el siglo XIX. Cuando nos tiramos de la cama al despertar no se nos ocurre pensar que alguien ha retirado el suelo  para que nos precipitemos  en el abismo y cuando salimos a la calle, después de desayunar,  y acudimos a nuestros trabajos u ocupaciones,  no se nos ocurre pensar que no vamos a encontrar a las mujeres en sus consultas médicas, en los estrados, en  las gestorías, en las gasolineras, en los chiringuitos o en los ministerios. Ahora mismo, una bibliotecaria acaba de confirmarme por teléfono que mi préstamo está prorrogado hasta el 26. A eso llamaba Ortega y Gasset “las creencias”.” Las ideas se tienen; en las creencias se está.”  La última ocurrencia banal que han alumbrado al alimón Bibiana Aído y la sensata  ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez,  ha sido sustituir la expresión “recién nacido” por la palabra, acabada en “a”,  “criatura”, en el  último borrador de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva. Han preferido un término creacionista anti-darwiniano a otros, supuestamente sexistas. Escabulléndose del lenguaje de los machos, han caído en el remolino mitológico del gran macho, el supermacho, el creador de todas las criaturas:  el Yavé del Génesis.


Estrecho de Mesina
De mito en mito, les ha pasado lo que a los navegantes que en la Antigüedad se adentraban en el estrecho de Mesina,  si lograban sortear el peligroso escollo de Escila, la corriente los lanzaba ineluctablemente contra el promontorio de enfrente, de nombre  Caribdis, donde perecían.  Para sortear los peligros de la extravagancia y la precipitación nada mejor que volver a los clásicos. 

lunes, 17 de mayo de 2010

Sócrates en el top-manta

Platón gana, Sócrates pierde
El intelectual ha sido siempre una pieza muy codiciada. Sócrates (470 - 399 a.C.) es el  primer “intelectual” del que tengo noticia, abatido por los escribas, los principales accionistas de las palabras de pago. Dicen que al filósofo lo cazaron por peligroso, aunque quizá se lo quitaron de encima sus propios colegas de la Academia por obsoleto y por caro: un Sócrates para cada Fedro, un Fedro para cada Sócrates, resultaba poco económico. Su sistema de enseñanza estaba basado en la comunicación directa y oral con el discípulo, nada de escritos. Platón, que ‘pirateó’ en sus Diálogos muchas ideas del maestro, recoge  uno de los pensamientos que más pudieron molestar a sus compañeros de profesión que para entonces  se habían pasado al internet del momento: la escritura. De ellos se ríe Sócrates  y el ‘traidor’ de Platón ha dejado constancia de la puya socrática en el diálogo Fedro, quizá para justificar el haber vendido, en el top-manta de los libros, todo el material que plagió de Sócrates. El maestro ridiculiza a sus colegas apuntados a la escritura, la novedosa tecnología de grabación y transmisión de datos,  al pronosticar que el invento iba a favorecer el olvido y a crear una casta de personas “que habiendo oído hablar de muchas cosas sin instrucción, darán la impresión de conocer muchas cosas, a pesar de ser en su mayoría unos perfectos ignorantes”. 2500 años después, a algunos profesores se les oye decir algo parecido de la Informática: laminados por la avalancha de ordenadores portátiles que los políticos regalan a los alumnos, con mochilita teñida electoralmente con los colores autonómicos,  para que los adolescentes  no se dejen ver de día demasiado por las calles, anestesiados con Internet, la epidural que los mantiene sedados en las clases más eficazmente que La Odisea.
Rafael Sancio, en 1509, en La escuela de Atenas, fresco pintado por encargo del Papa Julio II para decorar la Stanza della Segnatura, convertida en su biblioteca privada, escenifica el triunfo de Platón (el 1)y la derrota de Sócrates (el 10). En la pintura es abrumador el número de personajes  ocupados en actividades de lectoescritura. Casi todos, calculan,  leen, escriben, comentan textos, o portan libros. Sócrates,  de espaldas a su aprovechado discípulo, se empeña en hablar.