martes, 13 de julio de 2010

Gare au gorille!...

Gorila con guitarra
Dos vídeos me han impresionado especialmente en los últimos días, uno de la National Geographic sobre la vida sexual de los gorilas y otro de una boda en la que de pronto la novia comienza a cantarle al novio dentro de la iglesia una canción de Nuria Fergó.  Ambos enseñan mucho sobre el comportamiento animal. Los gorilas macho, sigo a la National, tienen el pene y los testículos muy pequeños. George Brassens no debía de conocer este dato cuando compuso su canción Gorille, en la que el protagonista  exhibe un pene respetable  en opinión de las visitantes del zoo que huyen asustadas cuando el animal se escapa de la jaula. La razón que dan los etólogos de los 5 centímetros del pene de los  gorilas macho  es plausible, el individuo  que pueda escatimar en su aparato sexual,  en espermatozoides, en pene y testículos dispondrá de mucha energía  sobrante  para construir músculos poderosos con los que mantener alejados a  los tenorios ocasionales  que merodean en torno a las hembras de su harén.  
Entre los  homínidos, lo difícil para las hembras  es conservar al macho vagamundos en casa para que contribuya permanentemente a la inversión paterna.  Cuando lo consiguen por medio de un contrato, su asombro es tan grande, su victoria, aunque transitoria, tan sorprendente, que han  de dejar constancia de ello, ante  el grupo y sobre todo ante las otras hembras, hasta ese momento, sus competidoras. La hembra de la especie humana evidentemente no canta para satisfacer al novio,  basta recordar las caras descompuestas que, en los musicales de los 50, ponían los actores, o las actrices, cuando su partenaire, después de una conversación sobre cualquier asunto, se ponía de pronto a cantar. Muchos espectadores sentían vergüenza ajena. La misma que experimentamos hoy cuando vemos a la novia, en el vídeo aludido, rompiendo a cantar eso de: “siempre para mí eres lo primero/ y aunque falte el dinero te quiero…”. Entonces, si no es para complacer a su amado, ¿por qué lo hace? Simplemente para proclamar urbi et orbi que ese macho ya es suyo, que no se lo toque nadie, porque si alguien se lo toca es capaz de cantarle cualquier cosa. Y todo por la supervivencia de la especie.

lunes, 12 de julio de 2010

España campeona, el "La,la,la" de la Democracia


Dice la Wikipedia que "en 1968 se anuncia que Serrat será el representante de España en el Festival de Eurovisión. En cuanto a la canción a interpretar, se barajaban dos: El titiritero, del propio Serrat, y La, la, la. Al final se decidió que la representante de España fuese esta última, al considerarse más apta para el festival. El tema no fue compuesto por Serrat, sino por Manuel de la Calva y Ramón Arcusa(integrantes del Dúo Dinámico), quienes, sin embargo, se basaron en el estilo poético presente en las letras de Serrat, así como en sus misma temática: el canto a las cosas sencillas de la vida (la madre, la tierra, el despertar de un nuevo día, la naturaleza...)". Al final nos representó Massiel y no Serrat. Al régimen no le gustaba que se cantara en catalán. La democracia española, más inteligente, ha dejado que la melodía sea catalana y todo lo demás, español.
Bastantes entendidos afirman estos días que el juego de la selección española se basa en el estilo _casi poético- de Pep Guardiola y del Barcelona, un fútbol elaborado a partir de unos pocos conceptos elementales de este deporte: el trato preferencial de la pelota, la constante posesión del balón, para que no lo tengan los adversarios, y de los espacios y la búsqueda de variantes ofensivas para impedir la salida a sus rivales.
Como en 1968, ha sido otro el encargado de interpretar la pieza, Vicente del Bosque, pero, en contra del tópico que habla de que los catalanes son agarrados, hasta 7 jugadores del Barcelona han ayudado generosamente a que la partitura se interpretara sin disonancias. A cambio, gran parte del tejido empleado para confeccionar las señeras españolas, se ha fabricado en telares catalanes. Que la pela sigue siendo la pela.

domingo, 11 de julio de 2010

Cines madrileños de 1936

La Garbo y Frederich March en Ana Karenina
La revista “Lecturas”, con 89 años de historia a sus espaldas, no fue siempre órgano de expresión de la Casa Real y de la de Alba,  tribuna de los complicados y ginecológicos matices del dolor de María José Suárez, nicho rosado de la dulce espera de Nuria Roca junto al mar. Creada en 1921 como suplemento lite­rario del magazine «El hogar y la moda», ofrecía a sus lectoras —pues para mujeres estaba pensada— comedias, novelas lar­gas, cuentos, novelas cortas, crónicas de las primeras actrices del momento, pagi­nas cinematográficas y variedades.
En el número de noviembre de 1935, la dirección de «Lecturas» comunica a sus lectoras: «Hemos hecho el recuento de vo­tos y de él resulta que la madrina de “Lecturas” para 1936 es la señorita Merce­des Lucrecia de Borja... La redacción de “Lecturas”, al hacer esta proclamación, se felicita y felicita a la señorita triunfante, saludando en ella a la musa inspiradora y animadora de nuestros trabajos».
«La musa inspiradora y animadora» de los afanes de la revista —según cuenta el periodista Quilis Molina en la entrevista que hizo a Mercedes para el número de marzo de 1936— es maestra nacional y profesora de piano, «una señorita educada a la moderna, pero con todas las exquisite­ces de las nobles damitas de abolengo, haciendo con ello honor a su estirpe».
Merceditas Lucrecia representa el nuevo ideal de mujer burguesa —promociona­do y sugerido por la publicación—, no dedicada a hacer obras de caridad, como la aristócrata, ni la revolución como la obrera del 36, sino a realizar pequeñas incursiones en el, mundo de la literatura sana —en feliz y reveladora adjetivación de la propia revista---, de las artes e, in­cluso, de las ciencias.
Asiste con regularidad al cine, que le gusta «una enormidad», de tal manera que —ella se lo cuenta a Quilis-- «si algún día pensara hacer una excentricidad, instalaría en mi casa un salón de proyecciones para pasar las mejores producciones del mercado cinematográfico»; pese a estar sentada sobre el polvorín incendiado de la guerra civil, que no tardaría en estallar arrasando con su explosión hasta la humil­de y moderada visión pequeño-burguesa del papel de la mujer en «el mundo moder­no» que ofrecía «Lecturas», Merceditas no se perdería ni una de las peliculas -que daban en los cines Rialto, Palacio de la Prensa, Callao o Goya, dobladas en castellano a partir de 1932. año en que las productoras de Hollywood abandonaron la práctica —nacida con el sonoro— de fil­mar versiones francesas, españolas o ita­lianas, rodadas en los mismos escenarios, con la misma iluminación y vestuario usa-dos para rodar las películas originales en lengua inglesa, pero con actores y guionis­tas hispanoparlantes, italianos o franceses.
En las ciudades españolas se venía viendo buen cine desde hacia varios años. Los madrileños ya habían podido asistir a la proyección de las mejores películas de la filmografía mundial gracias a «La Ga­ceta Literaria» de Ernesto Giménez Caba­llero que puso en funcionamiento el pri­mer Cine-club de España en el que se pasaron, entre 1928 y 1931, filmes de la calidad e interés de «El cantante de Jazz», «Harold, policía», «El perro andaluz», «Iván el Terrible», «El Gabinete del doctor Caligari», «El acorazado Potemkin», e in­cluso una curiosa «Antología del beso», escenas censuradas de distintas películas («Metrópoli», «Variété», «Fausto», «Fuer­za y belleza», «Amor y naturaleza»...).
También. la Madrina de «Lecturas» a la espera de inaugurar su propia sala de proyecciones, contemplaría los magníficos noticiarios que se daban en locales que «como indica su nombre de cines de actua­lidades», en opinión del excelente crítico de cine de «Lecturas» J. B. Valero —número de septiembre de 1936—, «se han creado principalmente para el noticiario y cuyo número (para disfrute de Merceditas y de sus amigas), no cesa de aumentar y de extenderse por toda España».
El éxito de los noticiarios asustó a los editores de periódicos. Valero —en el mis­mo trabajo— disipa las dudas de los que temían entonces, que los noticiarios aca­baran con los diarios, “porque el noticiario no es ni será nunca —aunque de momento lo parezca— un sustitutivo, y menos aún un rival del periódico. Es su colega, su colaborador, su complemento. Por mucha letra que el productor ponga en su cinta de actualidades y por muchas fotografías que el editor incluya en su periódico, éste seguirá siendo una necesidad para el hom­bre de hoy y de mañana, y aquélla continuará en su papel de preciosos complemento de la noticia escrita, complemento tan valioso, que algún día el progreso y la costumbre lo convertirán en una necesidad”.
A los «cines de actualidades» y las salas de proyecciones, Merceditas Lucrecia de Borja asiste acompañada por sus padres, como tantas otras jovencitas de la clase media urbana de Barcelona, Madrid o Granada. Una vez en el cinematógrafo, las chicas podían verse asaltadas —si prestamos atención al artículo de José Baeza en «Lecturas» de marzo del 36­“por el castigador, me refiero al antiguo tenorio callejero que ha cambiado, como todo el mundo, y hoy pierde en las salas de proyecciones el tiempo que antes perdía en las esquinas».
«Si salgo después de cenar», hace decir José Baeza al padre de la joven, es sólo para llevar a la chica al cine. La llevo una vez por semana. Yo me aburro soberana­mente, pero ella se pirra por esas señoras (la Greta Garbo de «Ana Karenina» o la Olivia de Havilland del «Capitan Blood») que llama estrellas y por los buenos mozos (Fredrich March o Errol Flynn) que sue­len acompañarlas.
El buen hombre echa de menos el cine mudo. Entonces se pasaba la sesión en un dulce duermevela, sólo interrumpido por los codazos de su mujer, pero ahora —en los meses que precede al levantamiento militar— las películas sonoras no le dejan pegar ojo.
La presencia amodorrada del padre no resulta inútil. Al menas aleja de la chica al «castigador, al tenorio de ínfima categoría», orientándolo, hastiado de fracasos, hacia cines de treinta céntimos, en los que se sienta al lado de alguna muchachita pobre, feilla, vulgar con la que apuntarse el primer triunfo y casarse con ella».
Merceditas Lucrecia de Borja tenía 18 años cuando comienza la guerra civil. Po­siblemente, en los años que siguieron, solo vivió historias de sufrimiento y violencia. Hoy me gustaría preguntarle —si viviera— cuál fue la última película de amores, que vio en el cine Callao.

sábado, 10 de julio de 2010

La prosodia del ocaso, Puyol, Sabina y Chavela

Chavela
Carles Puyol, el defensa de la Selección nacional de fútbol,  cumplió en abril 32 años y, como Sabina o Chavela Vargas,  ha echado el freno.  Desde que Sabina se ha hecho mayor se ha apuntado a la prosodia del ocaso. De las 14 canciones  de su último disco  más de la mitad son muy lentas.  En la que da título al CD,” Vinagre y rosas”, Joaquín coge un paso cansino de anciano y arrastra las palabras. En la número 12, “Crisis”, remonta  vuelo y coge un poco de marcheta, pero en la siguiente vuelve a quitar el pie del  acelerador. Puyol ha declarado que cada vez piensa más y corre menos. Normal.  Cosas de la edad. A Chavela Vargas le viene sucediendo desde hace muchos años.  Su “Noche de bodas” contiene verdades, sin complejos,  tan definitivas que no son para corridos, sino para andados a o arrastrados.  Cuando el episodio impúdico de la Guerra de Irak, los políticos profesionales que tenían que defender la intervención, sabiendo que no tenía ni pies ni cabeza el argumentario que se habían apuntado en la palma de la mano, lo recitaban a velocidad del vértigo. Prosodia de escape,  como la que practican los anuncios de medicamentos de la tv cuando, en los dos últimos segundos, meten todo eso “de consulte a su farmacéutico y no sé que de los niños”, como si no tuviera la más mínima importancia envenenarse con productos no muy testados. Un nacionalista tan cerril como Aznar, en los años que ejerció de bufón del imperio dejando el prestigio de España por los suelos,  conforme se acercaba a Tejas se contaminaba de una prosodia ranchera que recordaba a la de Cantinflas.  Ha sido una suerte que un defensa catalán haya decidido echar el freno no antes de recorrerse todo el campo, el día del partido contra Alemania, y meter un gol de cabeza que ha conseguido que el orbe entero olvide  las crueles cacofonías de Aznar.

martes, 6 de julio de 2010

La deriva paraguaya en Euzkadi

Ander,  amigo, me ha impresionado tu comentario a mi post A las vuvuzelas les va el himno de España,  en el que me decías que tú, y otros vascos, os visteis “obligados” a animar a Paraguay, el día del partido contra España. Por eso te contesto con esta nueva entrada:
Muchas personas con responsabilidades públicas, cuando sueltan una broma, inmediatamente dan marcha atrás y afirman, "y ahora, ya en serio…". Pero yo estoy convencido de que la única forma de hablar en serio, es hacerlo en broma, dada la actual putrefacción del lenguaje de los políticos, de su descomposición y de su incapacidad para expresar algo objetivo u objetivable. De ahí el tono de mis “Vuvuzelas”. Franco me vacunó contra el nacionalismo españolista, y en general, contra todos los procesos identitarios. Pero, como soy padre, sé muy bien que cuando alguien se quiere ir de la casa hay que abrirle la puerta para que se vaya. Nadie ha de estar a la fuerza en ningún sitio. Los políticos, unos y otros, se han acostumbrado a parasitar torpemente el  “conflicto vasco”, y no saben o no pueden o no quieren resolverlo. Si fueran valientes, harían frente al problema con decisión y, tras un periodo suficiente de paz,  en ausencia de la  "violencia del Estado español” y de la “violencia de los pistoleros de ETA", convocarían a los vascos a pronunciarse en un referéndum sobre el asunto. Esto ya se ha hecho en otros estados que sufrían una situación parecida. Para ello habría que contemplar el horizonte independentista como una posibilidad, nada catastrófica. Ahora bien, si los votantes se pronuncian en contra de la independencia, deberían de comprometerse a no volver a repetir la consulta hasta dentro de 25 o 50 años y si los vascos dicen que sí,  tendrían la obligación de conducir el proceso de independencia de forma ordenada, amistosa y, sobre todo, justa. Respetando, dentro de lo posible,  los intereses de todos. Estoy harto de llorones, de quejicas, de agraviados, de gente que piensa que se le debe algo desde el principio de los tiempos. No quiero oírles ni una queja más. Y eso sólo será posible si hay un camino viable y sin trampas para que los vascos, si así lo deciden, se constituyan en estado independiente. Yo, por mi parte, voy a seguir siendo español, si me dejan los españolistas, porque no quiero dedicar ni un segundo de mi tiempo a cavilar sobre si soy más, menos o igual que cualquier habitante del planeta. No me hace falta. Ya sé que soy un ser único (aunque de poca calidad y en el que no se puede confiar demasiado)  y con bastante suerte porque durante toda mi vida  he podido comer tres veces al día, lavarme, hablar con amigos y disputar con enemigos, sin recibir más heridas que las del amor y las de la vida. Estoy resentido, desde luego,  porque ni la ciencia ni la religión, ni las utopías de salvación colectiva, me aseguran que no vaya a recibir la herida definitiva, como todos. Yo soy de Cenes de la Vega (Granada), que no es mi pueblo, pero sí donde tuve mi primera vespa, y del castellano, la lengua que me enseño mi madre de niño y que después mejoré leyendo a Cervantes en el internado donde pasé mi adolescencia. Él  me ayudó a sobrellevar el cautiverio de cuatro años que padecí en un colegio de dominicos. Esa es mi patria. Tengo la suerte de que el Estado español me deja residir, por ahora,  en ella. También los curas de mi colegio me dejaron construir, y pasar en ella las horas del recreo, una réplica aproximada de Granite House, el refugio de La isla misteriosa de Julio Verne. Si España obstaculizara este humilde “proyecto de vida”, posiblemente estaría tan cabreado y con tantas ganas de largarme como los independentistas vascos o catalanes. Por otra parte, espero llevarme bien con algunos vascos, independientes o no, al fin y al cabo comparto con ellos, y con los balineses, más paquete genético que con la mosca del vinagre. Incluso me puedo llevar bien con algún cenero. Y desde luego si me preguntan, votaré en contra de que el Atlético de Bilbao juegue en la misma liga que el Cenes Club de Fútbol, aunque me gustaría que el equipo de mi pueblo jugase contra la Real Sociedad en la Champion League. 

sábado, 3 de julio de 2010

La casa cuajada

Volverán los sólidos ladrillos
de los muros
los espacios a tapar, 
pero aquellos que hincharon de euros tus bolsillos
esos, esos
no volverán.

viernes, 2 de julio de 2010

A las vuvuzelas les va el himno de España


Estoy mu agradecido a la selección, su épica está dando lugar a que jugadores vascos y catalanes, alguno de ellos claramente nacionalista, estén contribuyendo a la obliteración de la deriva cantonalista del área metropolitana de Granada. Y a la cohesión indestructible de la nación española. En mi pueblo han desaparecido las banderas locales de color azul purísima y blanco, sustituidas por las rojas banderas de la patria. Hasta el alcalde, con las imágenes del Gran Torino en la retina, ha plantado en su jardín un mástil con la roja y gualda.
Mástil multifunción
 Si llegamos a las semis, es probable que el himno de Cájar sea barrido por el nacional y sus canturreos. Y eso que el de mi pueblo tiene letra. Hasta en eso hemos tenido suerte, las vuvuzelas, tocadas por los aficionados sudafricanos, se adaptan perfectamente al soniquete del himno nacional. Por la intercesión de estos ángeles negros y de sus trompetas, clarines de gloria, quizás será posible que la Iglesia nacional de mi pueblo vuelva a aceptar las directrices vaticanas. Espero mucho de estos ángeles, al fin y al cabo, el renacimiento en Italia se asentó cuando Mantegna decidió colocarles las alas de mariposa de Psiqué a sus ángeles de la Sala de los Esposos de Mantua, guardando en el armario las plumas de paloma o de gavilán de los ángeles medievales. La historia suele jugar las batallas decisivas donde habitan los ángeles.