Compiten entre ellos para encontrar en sus memorias la frase ingeniosa (tomada del género folclórico del piropo) que obligue a la chica que pasa por la acera de enfrente a mirar hacia arriba y a sonreír, agradecida, o a volver la cabeza ofendida por la reciedumbre ancestral del lenguaje de los alarifes. El cenero ha encontrado la perla de más éxito: «Niña, te comía hasta la gomilla de las bragas».
Para la prospección de las terrazas próximas echan mano de aparatos ópticos de tecnología punta. Al de Maracena le han traído de Ceuta unos prismáticos muy potentes que ahora presta al muchacho de Peligros para que éste se recree en la contemplación de unas chiquillas que toman el sol casi desnudas enla azotea de una urbanización cercana. Las niñas, que se han dado cuenta, se levantan y les enseñan fugazmente lo que ellos querrían observar con más cuidado. Luego se meten en la casa.
Estos ocho o nueve albañiles han construido casas en toda Granada. Bloques del Zaidín, de Almanjáyar, de la Redonda se han levantado con su colaboración. Chalés del Albaicín, de la Carretera de Jaén, de Haza Grande, tienen algún tabique alzado ladrillo a ladrillo por esta gente. A veces, sienten que nadie les reconoce lo que han hecho por la ciudad y por Andalucía. Han pensado marcharse de aquí y establecerse en Barcelona o en Madrid. Romper la cartilla de «La General» y meter las 80.000 pesetas que tienen ahorradas en «La Caixa». Pero no están seguros de encontrar trabajo o casa o calor.
Se van a quedar en la obra, con las piernas al aire, con las pipas, con los prismáticos, con el rescoldo de los cuerpos atisbados a lo lejos y que desaparecen. Se van a quedar, aunque están seguros de que no los quiere la Junta de Andalucía y de que no van a obtener de ella ninguna concesión, ninguna licencia para abrir un casino, ni siquiera una emisora de FM [...].
GRANADA 2000, 14 de enero de 1990. (Ver artículo completo).

