La JMJ 2011 es la muñeca más grande y vistosa del juego. Contiene otras menores que completan la serie. Sirve sobre todo para "visualizar" el poder católico. Parece que la bondad de una creencia no se mide por la capacidad de cumplir las promesas hechas a sus fieles sino por el número de los que esperan, aún, que esas promesas se cumplan. Galileo dejó en evidencia el mito fundacional del cristianismo: la muerte de Dios en un planeta insignificante y la soberbia de los que la defendían. Pero eso no ha importado mucho. Lo importante es que los católicos se vean juntos y que los demás los veamos juntos. La gran muñeca papal, brillante y teatral, encierra otras de menos tamaño en este momento: el Estado que, teóricamente, sirve a todos los ciudadanos, pero que, como no puede ofrecer concentraciones tan numerosas y unánimes, aparece envidioso y colaboracionista. Y dentro del Estado, muñecas menores: la Comunidad de Madrid, y dentro de esta entidad, las muñequitas que quieren que la visita papal borre del mapa a los indignados del 15M. Y dentro de la autonomía madrileña, las incómodas muñecas descoloridas de la disidencia que al mostrar su pequeñez proclaman su insignificancia y su excelencia rebelde frente a la masa “manipulada”. El adjetivo más perseguido cuando se producen estos acontecimientos es “todos”. El Gobierno saca pecho y le habla, altivo, al Papa en nombre de “todos” los españoles, y juega a no estar en misa pero sí repicando, para asegurarse los votos de los que entran (católicos) por los votos de los que salen (laicos militantes y no católicos). El Papa exhibe “masas”, el opio del clero, y se encara, arrogante, con el Gobierno en nombre de la mayoría católica de los españoles. Y para disipar dudas, se lleva a la reunión a 14 cofradías para rellenar huecos con cofrades y costaleros multifunción, que hoy están aquí y, mañana, acaso, en botellones, finales de supercopas, festivales de rock y, al amanecer, derrotados en alguna playa emergiendo de la resaca. En el poder taumatúrgico de la masa, creen hasta los poetas, que suelen juntar en sus recitales a una docena de personas. Cesar Vallejo, en el poema “Masa”, concede a la humanidad entera el poder dar vida a los muertos: “Entonces, todos los hombres de la tierra /”, imagina el poeta, “le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; / incorporóse lentamente, / abrazó al primer hombre; echóse a andar...”. La JMJ, al no estar “todos”, no podrá resucitar el cadáver de la “fe”, sepultado en la última muñeca de la serie, por ahora le basta con reunir a muchos y que “todos” los veamos enseñando músculos.
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miércoles, 17 de agosto de 2011
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