En periodos dilatados de paz, en los que la psicomotricidad disparada de los años mozos se suele apagar no en las trincheras sino en las fuentes públicas tras alguna celebración deportiva, es natural también que todo el mundo diga lo que se le ocurra. Pero si lo que se dice contraviene alguna de las doctrinas oficiales sobre el ser de las cosas, observatorios, o colectivos creados para la ocasión denuncian el exceso y piden inmediatamente que se tape la boca al escandaloso. A estas horas, alguno de esos puestos de observación habrá solicitado, en nombre de lo políticamente correcto, que se acalle la voz del concejal de turismo de Blanes (Girona) que ha dicho cosas tan interesantes como que “los que somos heterosexuales no hacemos fiestas porque seamos heterosexuales”. El hombre lleva toda la razón, parece como si hubiese leído los “Estudios sobre el amor” (1939) de Ortega y Gasset, escritor al que antes leían también algunos concejales, y compartiese con él la idea de que en la Europa de la primera mitad del siglo XX “amor significa, primaria y sustantivamente, algo que del hombre va consignado a la mujer y de la mujer es emitido hacia el hombre. Lo que sea un amor de hombre a hombre o de mujer a mujer no lo entendemos sin más…” Entre los árabes, según Ortega, el amor es indiferente a las diferencias sexuales. Mientras que en la Grecia clásica, el amor no es indiferente a los sexos, sino que tiene su sentido primario en el amor de varón a varón. “Platón”, discurre el filósofo, “inversamente a nosotros, no entendía bien lo que pudiera ser un amor de hombre a mujer”. Por tanto, los heterosexuales en Europa, ¿y por qué no en Blanes?, como muy bien dice el concejal de turismo, “no hacemos fiestas por porque seamos heterosexuales”. No hace falta, porque todas las fiestas, hasta hace poco, no podían ser otra cosa que fiestas heterosexuales. Si callamos al concejal, en aras de la corrección política, impediremos que los que viven con un siglo de retraso, nos digan cómo piensan. Mejor oírlos directamente que recurrir a la ouija.
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lunes, 19 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
Ana y Teresa mordisquean la manzana de Safo
Se están poniendo muy interesantes los últimos capítulos que TVE viene dedicando a explicar el temario de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Las clases son de 16:15 a 17:05. Aprovecha la cadena pública (Zapatero ha pedido a todo el mundo que se apriete el cinturón), el melodrama ginecológico, Amar en tiempos revueltos, para exponer la Historia reciente de España y para educar “en ciertos valores” a los ciudadanos. La tarea tiene la suficiente envergadura como para que la dirección de la cadena hubiese creado un programa específico para este menester pero de la misma manera que se está recortando en gasto farmacéutico y en obra pública, ha habido que suspender el ambicioso proyecto, que ya tenía nombre, “Educación para la Guaisería”, y machihembrarlo en los exitosos espacios narrativos de la tarde en los que uno puede terminar siendo hermano o hijo de cualquiera. No puede asegurar el autor de esta nota que la idea surgiera inmediatamente después de que en Valencia comenzase, también por ahorrar, a impartirse la asignatura en inglés. Pero no se quiso desaprovechar un ejemplo tan inteligente de recorte del gasto. Y alguien pensó: “si en Valencia enseñan a ser guay y a expresarse en inglés al mismo tiempo, ¿por qué nosotros no vamos a intentar hacer normal a nivel de telenovela lo que es normal a nivel de calle? Y así comenzaron las clases. Ahora vamos por el tema de la homosexualidad.
La dueña de almacenes Rivas y su empleada, han pasado la noche juntas mordisqueando la roja manzana de Safo. La empleada por despecho, más que nada. Porque aquí se puede ser guay pero sin discutir ciertos valores. Los bancos pueden hacer lo que quieran con el dinero que les dejamos para que nos lo guarden y, si lo distraen, lo paga la ciudadanía y los hombres pueden ser homosexuales sin mayores averiguaciones, pero si eres lesbiana es porque tu marido no te comprende, si no es que te pega. Un poco antiguo, pero habrá que esperar a la próxima temporada a ver si los imaginativos creadores de la serie aligeran el guión de caspa.
La dueña de almacenes Rivas y su empleada, han pasado la noche juntas mordisqueando la roja manzana de Safo. La empleada por despecho, más que nada. Porque aquí se puede ser guay pero sin discutir ciertos valores. Los bancos pueden hacer lo que quieran con el dinero que les dejamos para que nos lo guarden y, si lo distraen, lo paga la ciudadanía y los hombres pueden ser homosexuales sin mayores averiguaciones, pero si eres lesbiana es porque tu marido no te comprende, si no es que te pega. Un poco antiguo, pero habrá que esperar a la próxima temporada a ver si los imaginativos creadores de la serie aligeran el guión de caspa.
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