Me tengo que hacer mirar mi manía de oír ciertas emisoras y de ver, o dormir, “Amar en tiempos revueltos”. Yo me digo que es para saber por dónde van las cosas y me doy aires de sociólogo y de antropólogo a la violeta, pero eso no lo explica todo. Cuando vivía mi madre, me leía el ¡Hola! en su casa y tenía en la mía la revista Triunfo, ninguno de mis amigos supo jamás de dónde sacaba yo la información sobre Lola Flores y el Pescaílla, tan necesaria para entender los cambios experimentados por la sociedad española en los últimos 50 años. Lo inconfesable es que hubo veces que me interesaba más lo que escribía Peñafiel que los lúcidos análisis de Vázquez Montalbán. Cuando Losantos dirigía el informativo “La mañana de la COPE”, en más de una ocasión, y para espabilarme, sintonizaba la emisora católica. Me resultaba imposible seguir durmiendo después de oír a un tertuliano de esa emisora decir que “los chinos son raros, yo no me fiaría mucho de lo que dicen los chinos, porque son una cultura rara, los chinos son raros, se les entiende poco… Lo de que son sabios, pues, tampoco les ha ido tan bien, nos venden esto de que las culturas orientales son sapientísimas, pero luego en realidad tienen cada cosa que es para tirarse de los pelos, yo soy muy occidental, ¿qué le vamos a hacer ?”. Pero la COPE ya no es la de Losantos, que también llamaba moritos a los marroquíes. Menos mal que nos queda el Senado donde la ministra de Empleo, Báñez, ha contestado a un senador socialista que acusaba al Gobierno de poner en marcha un marco laboral de “estilo asiático”: “Lo único asiático que hay aquí son las chinitas que ponen los socialistas en el camino del Gobierno”. ¿No sabe Báñez que las chinitas han crecido y los negritos y los moritos y, también, los indios que encontraron a su llegada al Nuevo Mundo los emigrantes castellanos, esos que nuestras historias llaman Conquistadores. Se han hecho mayores y han roto las huchas del DOMUND. No todo el mundo lleva bien que los chinitos sean hoy más ricos que nosotros, que los moritos se nos hayan cabreado y que los negritos hayan inventado el jazz y el gospell. Y hay quien no soporta que un negro sea presidente de los EEUU y, menos, que un indio aymará presida Bolivia. ¡Qué buenos los tiempos de la colonia! Con tánto que exterminar, que convertir y que civilizar y, sobre todo, que vestir. Porque, nos pongamos como nos pongamos, los indígenas iban muy mal desvestidos. Y luego, cuando han decidido ir de tiendas, parece que se lo compran todo en un chinois. Por lo menos que se pasen por Zara.
miércoles, 25 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Obituario de la Monarquía
ABUNDAN estos días en la red obituarios virtuales y precipitados de la Monarquía parlamentaria. También se encuentran en ella necrológicas auténticas como la de Isabel II muerta en su exilio de Paris, el 9 de abril de 1904-, publicada el 14 de ese mes en El Álbum Ibero-Americano, periódico dirigido por Concepción Gimeno. En la nota, escrita por Galdós, relata el escritor su entrevista con la reina en 1902 "para que su majestad se dignase contarle cosas y menudencias de su reinado". No se atrevía Galdós a expresarle a la Reina su propósito, pero su amigo e introductor, el embajador de España, expuso a la Señora "el gusto que tendríamos de oír de sus labios memorias tristes y dulces de su tiempo azaroso". Isabel II dijo a Galdós: "Te contaré muchas cosas, muchas, unas para que las escribas y otras para que las sepas". Lo que la reina le dijo lo utilizó el escritor en la cuarta serie de sus Episodios Nacionales que se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II, en 1868. En la necrológica, Galdós acepta que alguno de sus tropiezos se debieron -como le confiesa Isabel- a lo "jovencilla" que era cuando comenzó a reinar, "sin ningún freno en mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados; […] oyendo nada más que voces de adulación que me aturdían". Galdós pensó decirle, y se lo calló, "¿verdad, Señora, que en la mente de Vuestra Majestad no entró jamás la idea de Estado?". Caritativamente, el escritor enumera las cosas buenas que en educación y obras públicas se hicieron en su reinado. Habla del Ferrocarril, pero no de que con esta obra se enriqueció la propia madre de la Reina. Compara, después, Galdós los tiempos de Isabel con los siguientes, para concluir que los males que se dieron en la I República y, más tarde, en la Restauración se gestaron en tiempos de Isabel. Y sobre todo, denuncia el novelista "esta novísima ley que entonces empezó a tener franco uso: hagamos todo lo que se nos antoje, y cada cual observe la ley de su propio gusto". Por eso, cuando se oyen, tras los últimos "antojos" del Rey, las proclamas de un republicanismo bien intencionado y profético, que vendría a sacarnos del marasmo actual y a situarnos en la senda de una profunda regeneración democrática, no se puede dejar de pensar en las palabras de Galdós. Porque la funesta actuación en los últimos tiempos de un Monarca bon vivant y de unos políticos ensimismados, no sólo ha debilitado la fe en la Corona, sino también la fe en la República y, lo que es más grave, en la misma Democracia.
jueves, 12 de abril de 2012
El cielo no es eterno
SI el cielo fuera eterno, se sabría, porque las descripciones que se vienen dando por aquí abajo hablan de constantes cambios de hábitos y decorado. Aunque la verdad es que nadie ha vuelto del más allá para explicar cómo se vive por allí. Tampoco sabemos si en el cielo se celebran tantas fiestas como en la tierra, donde, después de lo que ha disfrutado todo el mundo viendo desangrase a un torturado, nos espera el gozo de la Feria de Sevilla, del Rocío, del Corpus. El cielo, como el infierno, cambia de aspecto con la misma facilidad con que lo hace el apartamento de una pareja que ha decidido darse otra oportunidad y comienzan por renovar todo en Ikea. El Olimpo era más bien cosa de hombres que se pasaban todo el día organizando barbacoas y disfrazándose para ligar. El cielo del poder, hoy, sigue con alguna de estas prácticas: Obama y Cameron, siempre que se juntan tienen que asar unas chuletas. A los dioses griegos no les resultaba fácil amar a las mortales y para acercarse a ellas se tenían que disfrazar de toro, de cisne o de lluvia de oro. Los cielos suelen estar en lo alto, con buenas vistas y poca contaminación. Los ídolos a los que a veces se entregaban los israelitas, tenían sus templos en las colinas, cerca de las alturas. El infierno en la Edad Media, según Dante, era una nevera y no un horno, en el fondo de todo, donde estaban los insonribles, hacía un frío que pelaba. Hay religiones que han inventado cielos varoniles muy parecidos a los harenes turcos, con muchas chicas jóvenes y guapas, que te entretenían, si lograbas ser admitido en un club tan exclusivo, durante toda la eternidad. No sé de qué ventajas disfrutaban las muchachas en este cielo para hombres. Aunque no creo que tener que estar toda la eternidad relacionándote con tanta gente resulte placentero. Aquí en la tierra, y esto sí se puede comprobar, hay muchas personas que viven solas porque no pueden soportar a nadie o porque no hay nadie que las aguante a ellas. Te pueden tocar, en el reparto, según tus méritos, 1200 huríes y vas a tener que hablar todos los días con ellas y ayudarlas a descifrar los resultados de la analítica de sus padres, porque a las huríes, como a todo el mundo, les gusta que te intereses por los hemogramas y por las ecografías de su gente. El cielo menos atractivo es el que inventó el siglo XIX, un cielo familiar, de mesa camilla y brasero, en el que te pasabas toda la eternidad jugando al cinquillo y removiendo el cisco para verles las piernas a tus primas. Hoy el cielo es menos aburrido. Puedes llevarte tu “tablet” y una espuerta de gigas, con tus juegos favoritos.
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Olimpo barbacoa Obama hemograma analítica
miércoles, 4 de abril de 2012
Metrotextuales
¡Mira que me esfuerzo por ser marxista ortodoxo y por alejarme del esencialismo que te lleva a pensar que hay temas eternos, esenciales, que recorren la historia de la humanidad de forma invariable y recurrente! Pero no siempre lo consigo. Y me da por encontrar parecidos esenciales en sucesos que, analizados a la luz de la recta doctrina, no tienen nada que ver los unos con los otros. Nada tiene que ver el texto de una propuesta del grupo socialista del Ayuntamiento granadino sobre la Semana Santa con las intenciones y propósitos de los patrocinadores del Camino de Santiago en el siglo XIII. ¿Y qué parecido puede haber entre estos dos eventos y el deseo de Cervantes de gustarle a todo tipo de lectores, lo que lo convierte en uno de los primeros escritores metrotextuales de la Literatura española? Desde luego, no podré enfadarme si alguien me tacha de insensato por comparar al príncipe de las Letras Españolas con esa generación de metrosexuales, coloniados, rasurados, musculosos y bien vestidos que surgieron, como setas tras la lluvia, en la pasada y añorada época de la abundancia. Y sin embargo, sigo percibiendo en unos y otros el deseo de gustar a todo el mundo, aunque no sea por los mismos motivos: en la fachada del hospital de peregrinos del Camino de Santiago en Roncesvalles, alguien escribió en el siglo XIII, esta generosa y metrotextual invitación: “La puerta está abierta a enfermos y sanos /no sólo a católicos, también a paganos, / judíos, herejes, mendigos y vanos…”. Quizá pensara el autor de la frase que una vez reparados para el viaje, todos terminarían de rodillas ante Apóstol. También es comprensible lo de Cervantes, cuando en el prólogo del Quijote muestra su deseo de que con la historia del hidalgo "el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”: lo que pretende es vender su libro. Como cualquier escritor de hoy que sueña con vivir de lo que escribe. Algo que resultaba difícil también en tiempos de Cervantes, porque los libreros querían los privilegios [los derechos de autor] de balde o “a lo menos, por tan poco precio que no le luzca al autor del libro”, según denuncia don Miguel en el Persiles. Pero, ¿por qué un partido que, como el PSOE, se declara laico, va a proponer en un pleno municipal la creación de una ruta turística cofrade como parte de la oferta turística de la ciudad a sus visitantes? Será, también, digo yo, para gustarle a todos y hacerse con los votos de Dios y con los del Diablo.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Estupidez programada
EN campaña, Griñán dijo que Andalucía se jugaba su futuro el día 25, convencido, sin duda, de que el futuro de esta tierra depende exclusivamente de los políticos, no de los miembros de otras profesiones o de los terremotos o de la abstención o de la caída de un meteorito en Doñana. Los nacionalistas catalanes prometen que el futuro de de su nación estará asegurado con la independencia. Incluso el futuro económico. Descartando que el futuro de Cataluña pueda verse alterado por un tsunami, por un escape en la central atómica de Vandellós, o por el descubrimiento de un yacimiento de oro -ahora que está tan caro- en Artesa de Segre o por el esfuerzo de catalanes ajenos a la política. Todo se arreglará gastándose un dineral en edificar un nuevo Estado, ahora que no tienen un euro ni siquiera para curar una gripe. ¿Por qué les gustará parecer tan tontos a los políticos? ¿Será para que hasta los mediocres nos sintamos más listos que ellos? Tiene que ser eso, su estupidez está programada para que no advirtamos la nuestra, la de cada uno de nosotros, y así seamos un poquito más felices. Los adoro. Igual que siento un creciente afecto por ese anciano vestido de blanco colonial, jefe del Estado del Vaticano, que ha declarado antes de viajar a Cuba que el "marxismo ya no sirve"; y algo de razón le asiste porque resulta obvio que el marxismo no ha logrado cumplir su promesa de instaurar el comunismo en la tierra, en cambio, la Iglesia, que sabe que las promesas que más lucen son aquellas cuyo cumplimiento resulta difícil de verificar, lleva miles de años viviendo de la promesa -indemostrable e indemostrada- de la existencia de la vida eterna.
¿Por qué entonces me estoy encariñando con el Papa? Será porque estoy convencido de que tanto la religión, como la política o la magia, consiguen difuminar la humilde e insoportable relación que existe entre las causas y los efectos sumergiéndonos en una nube narcótica de irrealidad desde la que es imposible mejorar la vida, pero que también ayuda a muchos a sobrellevar el dolor. El único inconveniente de ser mago, político o pontífice es que has de vivir sometido constantemente a la férrea disciplina de la mentira. Nunca podrás decir verdad, si lo consigues, tendrás detrás de ti a mucha gente que quiere creer que es posible ser feliz sin interrupción o, simplemente, que existe el más allá. Gente que consentiría incluso en pasarse la eternidad fuera de casa, en el cielo, aunque no esté muy segura de que allí retransmitan los partidos de la Champion's League o de poder comprarse una blusa en las rebajas de Zara.
¿Por qué entonces me estoy encariñando con el Papa? Será porque estoy convencido de que tanto la religión, como la política o la magia, consiguen difuminar la humilde e insoportable relación que existe entre las causas y los efectos sumergiéndonos en una nube narcótica de irrealidad desde la que es imposible mejorar la vida, pero que también ayuda a muchos a sobrellevar el dolor. El único inconveniente de ser mago, político o pontífice es que has de vivir sometido constantemente a la férrea disciplina de la mentira. Nunca podrás decir verdad, si lo consigues, tendrás detrás de ti a mucha gente que quiere creer que es posible ser feliz sin interrupción o, simplemente, que existe el más allá. Gente que consentiría incluso en pasarse la eternidad fuera de casa, en el cielo, aunque no esté muy segura de que allí retransmitan los partidos de la Champion's League o de poder comprarse una blusa en las rebajas de Zara.
jueves, 22 de marzo de 2012
La revolución de los papeles
EL mundo al revés: Izquierda Unida recurriendo a un notario (funcionario que asegura y da fe, entre otras cosas, de la concentración de la propiedad privada en unas pocas manos por los siglos de los siglos) para que levante acta del programa de la coalición para las próximas elecciones, como si no le bastara con que los votantes tomen nota para "premiar al partido que cumpla sus promesas o para demandárselas al que no lo hiciere".
En los años pasados hemos vivido una auténtica revolución, pero no la que esperaban los redactores del Manifiesto Comunista o del Manifiesto-Programa del PCE, se ha vivido una revolución zurupeta. La revolución de los papeles, de los oficios, de los saludas. Una época, por otra parte, excepcional -y así será recordada- en la que todo el mundo ha comido, ha sido atendido por el sistema público de salud, se ha lavado y hasta ha podido estudiar y hacer una carrera, si ha querido. Pero donde las masas, en lugar de ocupar el poder para abolir la propiedad privada y los privilegios burgueses, se han contentado con hacerse con la dirección de las Cofradías de Semana Santa y con llenar la catedral de "titulares", saltando por encima de las dalmáticas de los canónigos y de las mitras arzobispales.
La emergencia se ha ocupado de instalarse en los parlamentos, las alcaldías y diputaciones para enviarles saludas a todo el mundo. En las fiestas de mi pueblo, te manda un saluda el alcalde para invitarte a que te sumerjas en el jolgorio perpetuo, la concejala de cultura para que te sumes al grito desafiante de las mujeres emancipadas y el párroco para invitarte a disfrutar, dentro del orden sagrado, de las fiestas.
Te asaetean con todo tipo de saludas. Quizá sea la primera etapa del cambio de sociedad. Y cuando la sedicente izquierda, instalada en el poder 30 años, en el que casi todos los títulos de propiedad, todos los papeles, los ha rellenado a su nombre y al de sus amigos, ve como la derecha cuca le arrebata la palabra "cambio" en el bicentenario de la Constitución de Cádiz, lo denuncia y le afea al presidente del Gobierno el que haya aprovechado el acto para "meter la pequeña bacalá del cambio". ¿Qué cambio? Nadie lo sabe. Ni siquiera IU propone ya la revolución sino una nebulosa insurrección en su lema electoral: "Rebélate".
¿Volvemos a la insurgencia espontánea, sin dirección ni propuestas? ¿A las rebeliones medievales de la hambruna y de la miseria extremas? Cuando la gente no puede más, se rebela y quema y mata y arrasa. Para entonces IU, el notario y sus papeles serán sólo pavesas.
En los años pasados hemos vivido una auténtica revolución, pero no la que esperaban los redactores del Manifiesto Comunista o del Manifiesto-Programa del PCE, se ha vivido una revolución zurupeta. La revolución de los papeles, de los oficios, de los saludas. Una época, por otra parte, excepcional -y así será recordada- en la que todo el mundo ha comido, ha sido atendido por el sistema público de salud, se ha lavado y hasta ha podido estudiar y hacer una carrera, si ha querido. Pero donde las masas, en lugar de ocupar el poder para abolir la propiedad privada y los privilegios burgueses, se han contentado con hacerse con la dirección de las Cofradías de Semana Santa y con llenar la catedral de "titulares", saltando por encima de las dalmáticas de los canónigos y de las mitras arzobispales.
La emergencia se ha ocupado de instalarse en los parlamentos, las alcaldías y diputaciones para enviarles saludas a todo el mundo. En las fiestas de mi pueblo, te manda un saluda el alcalde para invitarte a que te sumerjas en el jolgorio perpetuo, la concejala de cultura para que te sumes al grito desafiante de las mujeres emancipadas y el párroco para invitarte a disfrutar, dentro del orden sagrado, de las fiestas.
Te asaetean con todo tipo de saludas. Quizá sea la primera etapa del cambio de sociedad. Y cuando la sedicente izquierda, instalada en el poder 30 años, en el que casi todos los títulos de propiedad, todos los papeles, los ha rellenado a su nombre y al de sus amigos, ve como la derecha cuca le arrebata la palabra "cambio" en el bicentenario de la Constitución de Cádiz, lo denuncia y le afea al presidente del Gobierno el que haya aprovechado el acto para "meter la pequeña bacalá del cambio". ¿Qué cambio? Nadie lo sabe. Ni siquiera IU propone ya la revolución sino una nebulosa insurrección en su lema electoral: "Rebélate".
¿Volvemos a la insurgencia espontánea, sin dirección ni propuestas? ¿A las rebeliones medievales de la hambruna y de la miseria extremas? Cuando la gente no puede más, se rebela y quema y mata y arrasa. Para entonces IU, el notario y sus papeles serán sólo pavesas.
jueves, 15 de marzo de 2012
El muro rasgado
EL cantante Justin Bieber, con sólo 17 años, ha escrito ya su segunda "autobiografía", tituladaSólo empezando. En las Memorias de Adriano de Yourcenar aprendí que uno escribe sus memorias de mayor, desde la atalaya del desengaño, y con el propósito de entrar en la muerte con los ojos abiertos, para no tropezar con las trampas de la nada. Las memorias se escriben para ajustarle las cuentas a alguno y para enmascarar tu propio fracaso, porque, aunque se fracase en la vida, no es necesario hacerlo cuando la cuentas. Con la edad de Justin, se entra en la vida con los ojos cerrados, para no sortear ninguna de sus trampas. No recuerdo nada importante de cuando yo estaba "sólo empezando", porque no le veo ningún interés al hecho de que paredaño con mi habitación de estudiante, en casa de mi abuela, hubiese un taller en el que 5 o 6 chicas bordaban preciosos velos tul ilusión para novias. Escribí esta cursilería que, entonces, me pareció genial: "Ellas labrando velos, yo labrándome un porvenir". Desde mi mesa de estudio no se oía nada de lo que hablaban, pero me hubiera gustado enterarme. Porque, "yo soñaba", anoté, "con unir mi destino al de una de las bordadoras para construir un futuro en el que realizar nuestros sueños más anhelados".
Pero el muro que separaba mi habitación del taller era muy sólido y no me llegaba nada de la otra parte. Pensé, incluso, en adelgazar la pared. Ir apartando los ladrillos y el mortero poco a poco con un martillo y un cincel hasta que pudiera percibir las conversaciones. ¿A quién le viene mal, antes de iniciar el combate de amor, saber si la enemiga está, si no vencida, al menos, dañada? Horadar un muro con un alfiler, lo había visto hacer en las películas, pero hubiese resultado más fácil burlar a un carcelero de Alcatraz, sobre todo si figura en el guión que se le escape un preso, que a mi abuela, poco dispuesta a que le perforase su casa para obtener información erótica privilegiada. Hoy, no hubiera tenido necesidad de agujerear la pared, me hubiera bastado con leer en el muro de facebook las preferencias de la chica que me gustaba. De no haber sido por la madre Naturaleza, jamás me hubiera enterado de que aquella niña no quería saber nada de mí. Un fortísimo terremoto rasgó una noche el muro del secreto, abriendo una grieta en su sólida estructura que me permitió oír las conversaciones de las bordadoras durante semanas hasta que repararon el muro. Aprendí mucho de las mujeres jóvenes gracias a aquella raja providencial. Si me sigues leyendo, lector cómplice, quizá te haga partícipe más adelante de alguno de esos secretos.
Pero el muro que separaba mi habitación del taller era muy sólido y no me llegaba nada de la otra parte. Pensé, incluso, en adelgazar la pared. Ir apartando los ladrillos y el mortero poco a poco con un martillo y un cincel hasta que pudiera percibir las conversaciones. ¿A quién le viene mal, antes de iniciar el combate de amor, saber si la enemiga está, si no vencida, al menos, dañada? Horadar un muro con un alfiler, lo había visto hacer en las películas, pero hubiese resultado más fácil burlar a un carcelero de Alcatraz, sobre todo si figura en el guión que se le escape un preso, que a mi abuela, poco dispuesta a que le perforase su casa para obtener información erótica privilegiada. Hoy, no hubiera tenido necesidad de agujerear la pared, me hubiera bastado con leer en el muro de facebook las preferencias de la chica que me gustaba. De no haber sido por la madre Naturaleza, jamás me hubiera enterado de que aquella niña no quería saber nada de mí. Un fortísimo terremoto rasgó una noche el muro del secreto, abriendo una grieta en su sólida estructura que me permitió oír las conversaciones de las bordadoras durante semanas hasta que repararon el muro. Aprendí mucho de las mujeres jóvenes gracias a aquella raja providencial. Si me sigues leyendo, lector cómplice, quizá te haga partícipe más adelante de alguno de esos secretos.
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