lunes, 21 de agosto de 2023
Apostatemos del patriarcado
A veces, me gustaría saber dónde puede uno apostatar del patriarcado. Si lo supiera, ahora mismo me borraba. Monedero y Rubiales dificultando que hombres y mujeres nos llevemos mejor. Las mujeres agredidas, Soraya Sáenz de Santa María y Jenny Hermoso son personas de una calidad humana y profesional muy superior a la de estos dos energúmenos. ¡Malditos, no pongáis vuestras sucias manos sobre ellas! Por cierto, la reina -mujer, antes que reina- también chupó cámara e inmatriculó para la monarquía el éxito de las futbolistas.
domingo, 20 de agosto de 2023
¿Se equivocó la Paloma?
¡Qué pifia, Señor!
El día que el Espíritu Santo inspiró a los miembros de Sacro Colegio Cardenalicio el nombre del jesuita Bergoglio para papa, había pasado una mala noche que ni el alka seltzer logró mejorar. Ahora, anda detrás de los creadores de la Inteligencia Artificial para que en la próxima elección de Sumo Pontífice le inspiren el nombre de un pontífice que no se signifique tanto; que muchos fieles, y sobre todo los del Opus, van a perder la fe y a pensar, blasfematoriamente, que se le ha ido la Santísima Pinza, Una y Trina.
Activo
miércoles, 16 de agosto de 2023
¡Pechos fuera!
¡Que no hay corpiño que los contenga!
"Yo debía haber comprendido, después de leer tantas novelas, que las mujeres les gustan a todos los hombres, pero todos los hombres no les gustan a todas las mujeres" F.G. Lorca
A propósito de los “pechos fuera” de la cantante Eva Amaral en concierto, se está hablando mucho del pecho de los albañiles y del derecho de las mujeres a exhibir los suyos, como hacen ellos, y a desprenderse, si les place, de alguna prenda de ropa. Quizá se elija a los albañiles por considerarlos hombres de rocosa masculinidad. Como ya hay mujeres que trabajan de albañil –y de guardias civiles–, probemos a ponerlas en una obra, sin camisa, junto a sus compañeros, y observemos, in situ, las reacciones de los sujetos de experimentación. Veréis cómo los hombres, en su inmensa mayoría, mirarán a sus compañeras desnudas, perplejos y arrebatados, como si asistieran al Big Bang en primera fila de la formación del universo, y es muy posible que a las chicas, si os fijáis, los fornidos torsos de sus camaradas les produzcan risas y cachondeo, sin que por eso dejen de saber, sin haber estudiado a Praxíteles, quién o quiénes tienen el pecho más escultural, mejor cincelado, y con cuántos de ellos les gustaría interactuar gozosamente. En primer lugar, propongo, vamos a conseguir que alarifes y ‘alarifas’ tengan el mismo sueldo, por el mismo trabajo, y la misma consideración y respeto en las obras y, luego, tratemos de la relación histórica del cuerpo humano con la ropa. Este bloguero, y miles de millones de hombres, les aseguro, dejaremos de mirar el pecho de las mujeres como algo venido del portento, en cuanto las mujeres nos lo exijan tras ganar un referéndum universal, controlado por la ONU. Amaral, y las que utilizan sus pechos como armas, a lo Afrodita A, la novia del robot macho de la serie manga Mazinger Z (1978), banalizan, y fingen desconocer, la Ley de Atracción Universal que rige la logística de la aproximación entre seres humanos, y que tan bien definió Dante: “Amor que mueve el sol y las estrellas”. A los rancios ultraderechistas, amigos de ‘invisibilizar’ a las mujeres que consideran de su propiedad y de desnudar a todas las demás, les hacen un favor mostrándoles lo que quieren ver. Pero alertarán al algoritmo del Facebook y molestarán a hombres y mujeres que, aun estando por la igualdad, consideran una indeseable mímesis machista la pretensión de equiparar frívolamente los efectos que la mostración pública de cuerpos masculinos y femeninos desnudos produce, por ahora, en la sociedad.
domingo, 13 de agosto de 2023
Afrodita Z / Amaral en concierto
Armas cargadas de futuro. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros pechos no pueden ser sin pecado un adorno, estamos tocando el fondo.
Raíces al descubierto
jueves, 10 de agosto de 2023
Libros sin techo
Miré unos libros abandonados en la calle, cuidadosamente apilados, con la misma mirada compasiva que dedico a las mascotas abandonadas por sus dueños en vacaciones. Todavía no he dejado mis libros en el postigo de algún convento, como huérfanos sin padres, pero quizá lo haga. He probado con bibliotecas locales y provinciales para que acojan mis 6.000 libros, pero no hay quien los quiera adoptar. No disponen de espacio para ellos ni tiempo para catalogarlos. Me sugieren que done los más espabilados a alguna librería de viejo. ¡Los he amado tanto! No los he leído todos, ni mucho menos, pero ahí estaban por si buscaba un referente, un respaldo, una nota. El ebook está acabando con los de papel. Quizá no hubiera reparado en esos libros callejeros si no hubiera visto en uno de los rimeros El florido pensil de Andrés Sopeña, en la singular compañía de obras de Luca de Tena o de Harold Roobins. Escribí al autor informándole de mi hallazgo y de que no lo había adoptado porque ya lo tenía y porque confiaba en que lo recogieran manos amigas a las que aprovecharan las enseñanzas que el libro contiene sobre cómo nos educaron en la Dictadura. Le mandé una foto de los libros y me alertó de que el suyo era “un incunable: hubo que cambiar esa portada -la de la foto, que era de la Editorial EDELVIVES-, propiedad de los Maristas que pidieron un millón de pelas por usarla. Les dijimos que carecían de derechos sobre ella y contestaron que lo sabían, pero que nos llevarían a juicio, que se paralizaría la distribución, y que, para cuando ganásemos, habrían pasado meses y el lucro cesante sería descomunal. Pagamos y pusimos mi foto en su lugar… En cuanto a las "lecturas", a las interpretaciones posibles de la foto –me dijo Sopeña- dan para uno de tus artículos..., o para una tesis doctoral. Lo que Edad prohibida o Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena, por ejemplo, aportaron a la forja del mundo de valores, creencias o principios en su momento, frente a lo que significarían ahora; o las razones de ese "abandono", las razones de “ese” concreto abandono, esa colocación esmerada, los sentimientos y sensaciones experimentados por los que los leyeron … Dudo mucho que los haya abandonado el propietario o propietaria, pero bien podría ser una viuda o viudo, un hijo... Eso sí, están muy gastados, muy leídos”. Pasé al rato, y El florido pensil ya había sido adoptado.
lunes, 7 de agosto de 2023
Los amantes del barranco de Víznar
Allí estábamos los dos, en el Barranco de Víznar, como el soldado del soneto de Rimbaud El durmiente del Valle, dormidos sobre la mullida cama de campo de hojas de pino. Cansados, risueños, felices, en una tregua de nuestros juegos amorosos. Cómo es posible que no conociésemos nada, en aquel verano de 1963, del calvario y la muerte por los que habían pasado, hacía años, los cientos de personas que fueron asesinadas y enterradas en aquellos parajes, y que ahora nutrían los frondosos árboles que nos protegían (eso creíamos nosotros), de miradas indiscretas. Rimbaud le oculta al lector, hasta el último verso, la tragedia que esconde ese soldado que parece descansar plácidamente. Teníamos sólo 20 años, pero eso no es excusa. Todavía la Sección Femenina se mantenía agarrada a uno de los momios que ganó en la guerra: El Servicio Social. El ejército permitía que los jóvenes universitarios hicieran la mili en verano para que no perdiesen curso. Pilar Primo de Rivera y sus chicas encuadraron a las jóvenes españolas en una especie de servicio militar, de corta duración, al que llamaron Servicio Social, obligatorio sólo para las universitarias o para las jóvenes que querían obtener una plaza en la Administración del Estado. En el albergue de Víznar hacían el Servicio Social las universitarias granadinas; en su entrada se podía leer este lema teresiano: "En la casa de Teresa, o no hablar o hablar de Dios". El catolicismo y la Falange se llevaron de perlas después de la guerra, y disfrutaron ambos del botín de la Victoria. Pero ese día, en el Barranco, alguien nos acechaba y fue a contárselo a las gerifaltas. Mi amiga fue obligada a disculparse delante de todas sus compañeras. Nunca he experimentado el más leve sentimiento de culpa por haberla amado siempre que pude. Sí sufrí, viéndola humillada por aquellas estantiguas azulonas que tenían miedo del alba, miedo de ver, miedo de oír, miedo de tocar. Tenían miedo de amar apasionadamente, que cantara el poeta turco Nazim Hikmet. Paseo con frecuencia por la carretera que une Víznar y Alfacar, abrumado, a veces, por una sensación de estupor y de tristeza, al recordar a los que fueron asesinados en ese sitio. Y, cuando paso por el Barranco, me estremezco, porque, ahora lo sé, aquella naturaleza maravillosa que nos abrazaba, como en el verso final del poema de Rimbaud, se alza indiferente sobre cuerpos inertes, rotos por las balas.
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