¿Ha muerto el fascismo? Estuvo operativo entre las dos guerras mundiales. Sin embargo, hoy todo el mundo llama fascista a todo el mundo. En la Transición no había dudas, el término fascista lo empleaban los vencidos en la Guerra Civil para insultar y definir a los vencedores y beneficiarios de la contienda. Pero hoy la cosa no está tan clara; los del Partido Popular pueden llamar fascistas a los de la CUP y viceversa. Pasa lo mismo con la expresión golpe de Estado, que lo mismo la usan los constitucionalistas, para referirse a los independentistas, que estos para referirse a aquellos. Insultos transversales que aclaran poco. Las ideologías y movimientos políticos que ensombrecieron el siglo XX parecen haberse diluido. Tan nítidos entonces; tan imprecisos ahora. Porque el poder ya no está -si es que lo ha estado alguna vez- en manos de los políticos o de los militares, sino de entes deletéreos y desubicados que trabajan sorda y eficazmente para el capitalismo financiero, de la mano de la tecnología más avanzada. Al caer las ideologías, lo único que se juega en el terreno de lo público es la obtención del poder para, una vez conseguido, ponerse al servicio del gran señor: el dinero y sus intermediarios. El capital deja que las masas transversales se entretengan con elecciones y otras actuaciones, siempre que no pongan en peligro sus ganancias. El caso catalán es sintomático. Han podido jugar unos y otros, siempre con el propósito de enmascarar el latrocinio, el robo sistemático de los dineros públicos, a enfrentar nacionalismos. El capital sabe que a los capataces hay que pagarles comisión, eres o mordidas, y le da igual el color o las propuestas políticas que defiendan. A los manijeros insensatos no les preocupa sacar a la calle a millones de personas para respaldar sus operaciones de enmascaramiento del saqueo, para dejarlas luego desesperadas, humilladas, sin soluciones ni salidas. "Lo que hacíamos era un experimento", declaran. "Todos sabíamos que la vía unilateral no era posible", afirman los cínicos. A los del 155, les ha venido de perlas para disimular sus líos penales. ¿Fascismo? Quizá, si nos atenemos a la definición que de fascismo dio, en 1961, el XXII Congreso del P.C.U.S: "El fascismo es la dictadura terrorista abierta de los elementos reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero". Sí, a lo peor, la serpiente incuba de nuevo sus huevos.
jueves, 14 de diciembre de 2017
jueves, 7 de diciembre de 2017
Taller de piropos
Mártir vulnerado
No estaría nada mal abrir un taller de piropos en la red. Para acabar con losexabruptos de andamio, como el famélico “te comía hasta la gomilla de las
bragas”. Echaríamos mano de los escritores que han dedicado, con unas u otras
intenciones, halagos a la mujer. De la época en la que los hombres escribían
como los dioses, o los dioses escribían como los hombres, tomaríamos ejemplos
que pasarían hoy sin dificultad, pese a su incorrección, las pesquisas de género y
facilitarían nuestra tarea: En el Cantar de los cantares se puede leer “una yegua
de los carros del faraón / me pareces amiga”. Y, también, este otro que relaciona
a la amada con el agua, uno de los cuatro elementos de la Tierra: “Oh fontana
del oasis oh pozo de aguas vivas / Oh Líbano de cascadas”. Los halagos que
Homero dedica a la mujer, tampoco son grano de sésamo. De Helena, afirma,
ni más ni menos, que “su figura crea erección en los hombres”. Las alabanzas
que en la letanía se dedican a la Virgen, pueden ser calificadas de piropos a lo
divino y algunas, de exageraciones que rozan la blasfemia. No, Torre de marfil o
Casa se oro, pero sí, Puerta del Cielo, como si el propio Cristo no fuera el acceso
más cualificado. Blasfemo, también, Calixto, cuando en La Celestina remeda el
Credo, al confesarse adorador de Melibea: “¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro,
y en Melibea creo y a Melibea amo”. ¿Lo más de lo más?: el poeta de cancionero
que se atreve a decir que, de haber nacido Isabel la Católica antes que la Virgen,
la reina hubiera sido la madre de Jesucristo. Vemos como bajo la capa del Arte,
el gran alcahuete de todos los pecados, se escolde el exceso y la brutalidad:
Sebastianitos en cueros, atravesados por venablos de Cupido, magdalenas
desmayadas, teresas de Ávila abducidas por el gozo, faunos violadores, dioses
raptores, degüellos y masacres. Todas estas imágenes de perdición son
permitidas y disfrutadas por reyes, confesores y teólogos. De ahí, mi idea de
crear un taller. En él enseñaré a modular artísticamente las expresiones brutales
del deseo de los hombres, de tal manera que pasen todas las inspecciones y
obtengan todos los permisos. Corro el peligro de que se me tilde de viejo verde
por esta iniciativa, pero les aseguro que este olmo seco, casi centenario, no
espera ya un milagro de la primavera. Aunque tampoco hay que ponerse en lo
peor.
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Arte Alcahuete vicios.Violación,
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miércoles, 29 de noviembre de 2017
Manada de lobos
Caperucita en Pamplona
A partir del siglo XVI, el cuerpo del niño se va desgajando simbólicamente del gran cuerpo de la estirpe, el cuerpo del niño gana autonomía, se individualiza. Nace la idea de que “mi cuerpo es mío”. Una falacia. Se presenta como real algo que no deja de ser un anhelo. Para que el cuerpo nos pertenezca, tendremos que arrebatárselo antes a la pobreza, a las manadas de lobos, a lo explotadores del neoliberalismo feroz. A los nacionalismos alucinados, a los fanatismos religiosos, a los totalitarismos que nos roban los cuerpos para utilizarlos como herramientas, cosas o algoritmos. A los que usan sus posverdades, es decir, las mentiras de toda la vida, para enrolarnos interesadamente en todas las utopías de salvación y de mejoras radicales, en las que nos sentimos arropados, en nuestra inmensa soledad, por otros creyentes que curan su miedo y su dolor con las mismas cataplasmas y placebos que nosotros. La verdad es que nuestros cuerpos no son algo nuestros hasta que nos jubilamos. Entonces te encuentras todos los días con un cuerpo tuyo, algo averiado, que has de sacar a pasear, que tendrás que cuidar y no exponer a corrientes ni nubosidades variables. El Metro granadino nos ha permitido a muchos jubilados, incluso a los jubilados disruptivos, viajar a nuevas Ítacas. En Albolote, recalé ayer en una de ellas: la Biblioteca Municipal. En una de sus salas, me perdí por un frondoso bosque, pensado para que los niños se adentren en el mundo de los cuentos tradicionales y de lasmodernizaciones de esos cuentos. La ambientación es magnífica: vuelan aves, crecen arbustos y una vegetación encubridora de manadas de feroces lobos. El viaje en metro a esta Ítaca de los libros ha merecido la pena, y, también, conocer a una Penélope culta, entusiasta y entregada que todos los días espera la llegada de Ulises descarriados para ofrecerles el calor y el consuelo de la escritura. Comentamos como los cuentos tradicionales han servido para enseñarle a los niños que hay que tener cuidado ahí fuera, donde acechan las fieras. Hoy le he mandado una actualización de Caperucita Roja, realizada por el escritor pamplonica Patxi Irurzun. “Mi abuela, que es una pelma”, escribe Patxi, “siempre me lo dice antes de salir de casa: —Ten mucho cuidado ahí fuera, hija, que la calle es una jungla”. Por desgracia.
lunes, 27 de noviembre de 2017
Puigdemont y los davidianos
Un gurú nihilista
En marzo de 1997, en USA, se suicidó toda una comunidad de Davidianos porque el gurú les había enseñado una foto del cometa Hale-Bopp con una mancha en la cola. Se suicidaron coincidiendo con el paso del cometa cerca de la Tierra, porque se convencieron de que la mancha de su cola era una nave extraterrestre que los iba a llevar a "otros mundos" antes de que la Tierra saltara por los aires. La mancha resultó ser la cagada de una mosca en el negativo. Esto se supo después del suicidio colectivo. Las promesas de las religiones o de las utopías de salvación o de los nacionalismos terminan siendo cagadas de mosca. La infelicidad y la muerte las ha venido haciendo creíbles a lo largo de la Historia. Necesitamos ser eternos, necesitamos la justicia, la paz, la igualdad, tener cubiertas nuestras necesidades... Como necesitamos gurús y mesías, nos olvidamos una y otra vez de los desastres que en su nombre se han perpetradomiércoles, 22 de noviembre de 2017
Mear contra el viento
El carmen blanco
viernes, 10 de noviembre de 2017
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Un harén propio
Harén propio
Mientras que el guía nos recita en el harén de la Alhambra un poema de Villaespesa, el autor de La casa del pecado, en el que canta a una cautiva griega del harén del sultán “de manos a los juegos de amor jamás esquiva”, recuerdo lo que dice de los harenes la escritora marroquí Fátima Mernissi: que no son la sede del placer del hombre sino la residencia de una familia, bastante más compleja que la monogámica, donde conviven las cuatro mujeres del dueño de la casa, sus familias y sus criados. La cautiva del poema, escrito por Villaespesa en 1907, parece feliz de agradar a su señor, “loca de pasión”. Para los modernistas el modelo de harén no es el del turco Bayaceto, sino los prostíbulos franceses de principio del siglo pasado. Porque un modernista que se precie, y tenga cuartos, ha de visitar París, al menos una vez en su vida. Y eso es lo que traslada a sus poemas. Placer sin interrupción, venal y sin secuelas. Mernissi ha dejado claro en su libro Sueños en el umbral que en los harenes también hay que hacer la declaración de la renta y la harira. Lo de los harenes se puso de moda en la literatura europea del siglo XIX. Pedro Antonio de Alarcón, en su libro La Alpujarra, compara las naranjas del Valle de Lecrín con las cautivas sojuzgadas en un harén extranjero: “Estudiad, si no”, escribe el accitano, “el ulterior destino de estas princesas del reino vegetal, de estas rústicas diosas de nuestra tierra, de estas hijas de nuestro sol... Encontrámoslas aquí apiladas de cualquier modo en plazas y calles: cómpranlas luego mercaderes de otros países; enciérranlas en lujosos estuches, envuelta cada cual en una finísima bata de papel de seda; condúcenlas por camino de hierro o en barco de vapor a Berlín, a Londres o a San Petersburgo, y allí véselas (¡qué horror!) empingorotadas, como en un trono, en áureos fruteros, entre caloríferos y perfumadas bujías, ostentar su hermosura en los triclinios de los bárbaros del Norte y regalar el gusto de tal o cual Sardanápalo aforrado en inultas pieles... de otros animales por su estilo”. Mi harén, no es ni el de Bayaceto ni el del Modernismo. Mi harén es el árbol de mi huerto que me da, cada año, más de 150 naranjas cautivas a las que voy liberando cada mañana de sus ataduras, para disfrutar del color de su piel, de su olor, de su néctar, sin moverme de casa.
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