Cada uno tira para su lado
POR fin los jueces parece que están ejerciendo su poder de forma eficaz e independiente. Atendiendo a la separación de poderes. ¡Como nunca hubiéramos imaginado! Pero el ejecutivo es reacio a responder ante el legislativo, va a su aire. Impúdicamente. Aunque un Gobierno en funciones pudiera escaquearse del control parlamentario, si aquí hubiera la más mínima educación democrática, lo disimularía astutamente, pero no: tira de informes. La batalla política no está ahora en el Congreso, sino en los despachos de los técnicos, de los especialistas, de los funcionarios de parte: abogados del Estado contra letrados del Congreso. A ver quién es capaz de retorcer más la ley con sus interpretaciones de la Constitución. Soy hijo de un probo funcionario de la Administración Local. De un secretario, estudioso y trabajador. Los alcaldes temían como una vara verde a los secretarios de Ayuntamiento. A ellos les correspondía redactar las actas de los plenos y emitir informes sobre la legalidad de los proyectos municipales, podían, con sus dictámenes, paralizar las actuaciones políticas hasta que resolvía una instancia superior. Temblaban los políticos ante estos altos funcionarios de corte napoleónico. Luego, los políticos se dieron cuenta de que era mejor tener abogados y técnicos que emitieran informes complacientes y colocaron a los suyos. Así se ha recalificado, se han modificado planes urbanísticos, se ha prevaricado, se ha acumulado dinero negro venido de las cloacas del interés y de la avaricia que luego ha habido que blanquear con procedimientos tomados de esos fulleros que esperan a los viajeros de provincias en las estaciones de ferrocarril para timarlos. También en el Congreso, los poderes han privatizado a los funcionarios. Abogados del Estado para mí, letrados de las Cortes, para ti. Enfrentados e insolidarios, ejecutivo y legislativo, recuerdan las ejecuciones por descuartizamiento que se aplicaban hace siglos a los reos de ciertos delitos. Los verdugos ataban las extremidades de los condenados a cuatro caballos salvajes a los que instigaban a latigazos para que salieran espantados, arrastrando trozos del ajusticiado. España se desmiembra gracias a la labor disgregadora de los que deberían cuidarla y mantenerla entera. Estamos acostumbrados a ver cómo jueces, diputados, ministros y periodistas, como posesos, vienen tirando sin misericordia del enteco y desmejorado cuerpo de lo que ellos suelen llamar campanudamente 'patria'. Hasta el punto de asustar a la gente y de que se añore la ya a un salvador de la Patria. Ayer me quedé de piedra cuando oí en la SER a José María Izquierdo, antiguo director adjunto de El País, preguntarse: "¿Habrá alguien ahí fuera capaz de frenar tanto disparate?".¿Ahí fuera? ¿Dónde? ¿Tan mal funcionan los poderes del Estado que hemos olvidado ya a Franco y sus terapias de choque?jueves, 17 de marzo de 2016
jueves, 10 de marzo de 2016
Tristes batallas, si no son de flores
Hinojos y flores
LAS poetas del siglo XIX escribían mucho de flores y de pájaros. Según María Victoria Prieto Grandal (La voz escrita de las poetas, p. 124), son temas que por estar unidos en el imaginario colectivo a la sensibilidad tradicional femenina, son obligados para las mujeres que quieren dedicarse a la poesía, porque no implican riesgos ni desafíos para el establishment. Se podía escribir de azucenas y de vencejos y no despertar la envidia de los varones o la susceptibilidad de censores y moralistas. "No nos gusta que las mujeres escriban, mejor en casa y con el pie quebrado", pensarían ellos, "pero ya que han roto a escribir, que lo hagan de sus cosas, de sus macetas y de sus canarios". La poeta catalana Josepa Massanés Dalmau (1811-1887) manifiesta en su poema La Resolución el miedo que invadía a una mujer de su tiempo a la que le diera por escribir: "¿Qué yo escriba? No por cierto, / no me dé Dios tal manía, / antes una pulmonía; / primero irme a un desierto". Pero de flores y pájaros sí se atrevían a escribir. Y lo hacían tan abundantemente que Rosalía de Castro (1837-1885), harta de tanta flora y de tanta fauna, suelta: "De aquellas que cantan a las palomas y a las flores / todos dicen que tienen alma de mujer. / Pues yo que no las canto, Virgen de la paloma / ¡ay!, ¿de qué la tendré?". Pero no debe ser sólo cosa de las escritoras románticas: ¡la que siguen teniendo hoy en día las mujeres con las flores! El ramo de flores en manos de un hombre lo deben de interpretar como un emblema de paz. Como una bandera blanca de tregua en la eterna lucha de los sexos. Es un salvoconducto / salvaconductas de género. Con qué afecto y consideración me miraron ayer algunas mujeres al verme con un ramo de rosas. Ninguna de ellas había reparado en el hermoso manojo de hinojos que llevaba yo en la otra mano para combatir los efectos colaterales de los potajes de garbanzos cuaresmales que tanto dañan la convivencia pacífica e ilusionada de los sexos. ¡Ah!, pero en las rosas sí habían reparado casi todas. No me habían mirado tantas mujeres desde que me confundieron con Alí Babá, a causa de mi barba y mi porte agareno, en la Plaza de la Yamaa el Fna de Marrakech. Claro que entonces estaba yo en la plenitud de mi vigor corporal y tenía una barriguilla cervecera que hablaba de un hombre confortable y acogedor. Esta mañana, una mujer de unos 40 años, en una calle solitaria en la que la aparición de un extraño podría haberla asustado, se ha dirigido a mí amablemente, sin miedo, y me ha dicho: "¡Qué rosas más bonitas, lo que le van a gustar a su mujer!". Para mí que las flores también significan para ellas que el atacante, por lo general poco comedido, deja elegir campo a la atacada, que la lucha se va resolver por etapas y por consenso. Que sólo flores y palabras serán la munición y que, incluso, se aceptará aplazar el combate.miércoles, 2 de marzo de 2016
Cortisona sentimental
Objeto de salvación o de justificación
De entre los buenos sentimientos, siempre preferí la filantropía a la caridad. Me pasaba lo mismo con los guardias urbanos, que los prefería a los civiles porque me parecían menos intensos en su función de aparatos represivos de Estado. Incluso, serviciales y confortables. Luego se gustaron, se vieron bien pertrechados, con pistolas, espráis, porras en cruz, telefonillos, rodilleras, botas y horas de gimnasio y ya dejé de quererlos y me aficioné a los civiles, sobre todo desde que vi a una guardia civil embarazada. Pensé que un Cuerpo con números capaces de dar a luz, no sería tan severo como lo eran los antiguos guardias con bigote y cara de mala leche. Filantropía y caridad deberían de ser la expresión del mismo sentimiento de egoísmo inteligente. Es decir, hago el bien porque como no me queda más remedio que vivir con otros, si estos otros son aceptablemente felices, contribuirán más eficazmente a que yo me sienta bien. Pero a la caridad cristiana la veía yo un poco lastrada por su carácter de inversión para la salvación eterna y me temía que terminara por utilizar a los receptores de sus cuidados como simples monedas para comprar el cielo. La filantropía, en cambio, no era tan interesada a largo plazo ni tan “resultadista”. ...o de escenificación
Al sentimiento de respeto le tengo un poquito de rabia porque lo utilizan mucho las religiones cuando no disponen de fuerza suficiente –de la que sí dispusieron en el pasado- y de hogueras para imponer sus ensoñaciones y leyendas. Piden respeto los fieles de esas religiones para unas creencias en cuyo nombre se asesino, se troceó, se decapitó, se empaló a los duros de mollera, a los incómodos y a gente que no había hecho nada en absoluto. Un poco de repelús me da la palabra respeto. Luego hay sentimientos a los que no se le puede poner la más mínima objeción: tolerancia, amor, conmiseración, comprensión, compasión… Suenan bien. De hecho, en la explicación que da la Academia Sueca, cuando concede el Nobel de Literatura, suele aparecer la palabra compasión. ¿Recuerdan?: “Concedemos el premio a la obra de este escritor porque en ella anida la compasión y una visión profunda y comprensiva de la condición humana…”. También me gusta, aunque menos, tolerancia, porque es un sentimiento noble pero que es como una concesión del que está en la verdad al equivocado: “Te dejo vivir tranquilo, aunque equivocado, porque soy muy tolerante”. Conmiseración, también esconde una actitud altanera, como de rebajarte al miserable para alzarlo de su postración. Pero tú te consideras arriba y a él, abajo. En fin, todos estos nobilísimos sentimientos son como la cortisona, que rebajan la inflamación de las heridas pero no las curan.
Etiquetas:
Caridad,
Conmiseracion,
filantropía,
tolerancia
miércoles, 24 de febrero de 2016
Realidad virtual
Nunca ha sido fácil la comunicación entre las generaciones de los mayores y las de los jóvenes. Pero según me informa mi carnicera, abuela de una patulea de nietos, y mi hija, profesora de un numeroso grupo de adolescentes, los teléfonos móviles la están haciendo imposible. La zanja que separa a los jóvenes de los mayores es cada vez es más profunda y más ancha. En clase, los adolescentes se parapetan detrás del estuche de los lápices para wasapear compulsivamente. Las impresionantes prestaciones de los móviles de última generación que se exhiben en el Mobile World Congress 2016 de Barcelona permitirán a los chicos mantenerse todo el día instalados en una realidad virtual confortable, sin necesidad de acercarse ‘analógicamente’ a los otros jóvenes. También se ha instalado en esas franjas de edad la costumbre de resolver la ebullición de las hormonas en fiestas y botellones en los que el alcohol hace de celestina y los selfies, de notarios para la nube. Los jóvenes, no sólo se alejan de los mayores, sino que también se distancian físicamente entre ellos, al tiempo que están encima unos de otros virtualmente. Mi carnicera impone en las fiestas familiares el fielato de la canasta. Guisa para todos, hijos y nietos, les prepara la mesa, pero exige que al entrar en el comedor, todo el mundo suelte los móviles en una canasta de mimbre. Ayer no la noté contenta, mientras que me dictaba la receta tradicional, sin bechamel, de las croquetas de pollo, me dio a entender que va perdiendo la batalla y que cada vez se le cuelan más móviles en las comidas. A mi hija, cada vez se le cuelan más móviles en clase. Y cada vez le cuesta más erradicarlos. Me cuenta que, si se tuviera que dedicar a cursar partes de cada niño que enciende el móvil en clase, no le quedaría tiempo para explicar a Rosalía de Castro. En los colegios de los 50 –en los que había hambre y poca higiene- también practicábamos estrategias de distracción y alejamiento de los textos escolares. Debajo del grueso manual de lengua latina de los presbíteros Goñi y Echevarría, escondíamos novelas y cuentos para leerlos en las horas de estudio. No me lamento de la novedad de la situación. Simplemente la constato. No tiene por qué sobrevenir una catástrofe. A partir de ahora las relaciones sociales van a cambiar, es más, ya han cambiado. La educación, la familia, el ocio, el amor, las relaciones sexuales, la política, están sufriendo el tsunami del móvil. El papel de cohesión e integración social que hasta hace poco cumplían las religiones, la escuela, los mitos, las leyendas y las ensoñaciones patrióticas lo irán asumiendo progresivamente las redes. Las calles van a estar más vacías. Sólo el fútbol, las procesiones, los días de las diversas patrias y las ferias las llenarán de gente. Luego, todos correremos a amarrarnos a los teclados, para estar con todos y con nadie.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Ecopoesía
Si destapas la olla a presión, sin esperar a que suelte el vapor, puedes ver cómo las collejas terminan en el techo de tu cocina. Todavía me encuentro con antiguos alumnos del Instituto “Diego de Siloé” de Illora que recuerdan mis prácticas depredadoras con las collejas del cementerio del pueblo. Salimos un día a dar la clase de Literatura en el campo. Como la Literatura contiene más flores que otra cosa -¡la manía que tienen los poetas con las petunias!- es disciplina que se presta a las excursiones y a ensoñaciones veganas. Desde la humildad, como diría Iniesta, y sin ánimo de establecer ningún parangón con el santo, que no sea el que voy a referir, San Juan de la Cruz acostumbraba a salir también con sus novicios por los oteros de Beas de Segura a coger espárragos trigueros con los que enriquecer el parvo menú conventual. Buscábamos un lugar en el campo donde leer algún poemilla tenebroso del Romanticismo y dimos en un prado de flores bien abastecido que nacía en las tapias del cementerio del pueblo y descendía en pendiente hasta unos zarzales. Después de leer algo lúgubre, para no desentonar del lugar, advertimos que la pendiente estaba llena de collejas. Las collejas, según decía mi tita María, son como los sesos de las espinacas. En tortilla, están deliciosas. Nos aplicamos a cogerlas y conseguimos llenar un saco entre todos. Al volver a clase, yo iba pensando cómo requisarles a los jóvenes recolectores la mayor parte de las collejas. Al final se me ocurrió decirles que, cuando llovía abundantemente, el agua corría entre las tumbas de sus antepasados, empapaba sus restos y terminaba deslizándose por la pendiente donde crecían las collejas, fertilizándolas. Ninguno de mis alumnos quiso llevarse la parte de collejas que le hubiera correspondido en el reparto, pese a que para entonces los partidos políticos habían aprendido a vivir sin ningún decoro del terrorismo, utilizando a los muertos y a sus familias como alimento electoral o salvavidas full time. El episodio de encarcelamiento de dos titiriteros granadinos y el uso que ha hecho de este triste suceso el PP para tapar la corrupción en Valencia y Madrid, demuestra que este partido no renuncia a la antropofagia. Pero mis alumnos mostraron más respeto y consideración con sus difuntos y me cedieron el saco entero. Les di las gracias y les dije que sus difuntos estarían contentos de que el profesor alimentara su cerebro con las collejas -¡tan ricas en hierro!- abonadas por ellos. Así explicaría mejor las cosas a sus nietos. Pero cuando las guisé, me olvidé de quitarle la válvula a la olla a presión y de enfriarla debajo del grifo. Y al abrir la tapa, las collejas lo ensuciaron todo. Porque la única justicia que funciona medianamente bien en España, es la justicia poética. Y el depredador se quedó sin collejas.Y los caníbales simbólicos, cada vez tienen menos votos.
miércoles, 10 de febrero de 2016
El ajuar del hombre de Ötzi
Un cuerpo desnudo, culturalmente, es un libro cerrado. Cuando un cuerpo se recubre de ropas y complementos –de cultura- se convierte en un libro abierto, pero escrito en caracteres jeroglíficos que hay que descifrar. Los cuerpos desnudos, en masa, después del Holocausto, resultan turbadores y con eso juega el fotógrafo estadounidense Spencer Tunick que gusta de retratar a miles de personas desnudas en escenarios urbanos o naturales para reeducar nuestra mirada y amortiguar nuestro rechazo a los desnudos colectivos, después Auschwitz. Para este artista el cuerpo es algo “puro”, como página en blanco, en la que, en el mejor de los casos, sólo escriben los años. De leer en ese libro cerrado que es el cuerpo desnudo, se ocupan los fisiólogos, los amantes o los artistas. La estructura corporal del ser humano, ha cambiado muy poco en los últimos 300.000 años. En el Museo de las Ciencias de Granada, ha estado expuesta, hasta el pasado 10 de enero, una completísima muestra de momias humanas. La mejor conservada: la del hombre de Ötzi , un centroeuropeo que vivió, y murió violentamente, hace 5300 años en la frontera de Italia y Austria. El hielo lo ha mantenido intacto desde entonces. También se han conservado sus ropas y sus armas. El chaleco de piel con que se protegía del frío, se puede encontrar hoy en cualquier peletería. Una vez desprovisto de ropas y complementos, los antropólogos han descubierto en su cuerpo 61 tatuajes. Unos dicen que se trata de cortes terapéuticos para amortiguar el dolor, como de acupuntura, y otros piensan que algunos tienen carácter simbólico. Ahí, andan. Las ropas y útiles de caza y de supervivencia en la nieve son más fáciles de descifrar. Raquetas para andar, arco, flechas, prendas de abrigo, mochila… Un cazador, de buena posición, sorprendido por una flecha enemiga mientras perseguía a una pieza.
Un libro abierto, aunque no fácil de leer, porque está escrito con la tinta oscura con la que se caligrafían los sueños de ambición y de poder, es el cuerpo vestido de los personajes públicos y, también, sus gestos. 5300 años después del cazador de Ötzi, ha aparecido un tipo de hombre nuevo que usa sus ropas y sus gestos para conseguir agradar al mayor número posible de votantes. No es el metrosexual que quiere ser admirado y querido por todo el mundo y para eso se viste y se cuida. Ni tampoco es el escritor metrotextual que fabrica best sellerscon ingredientes que gustan al lector de libros de éxito que los compra por cientos de miles. No, el metrogestual es el político que multiplica sus gestos y sus guiños, dirigidos a amplios segmentos de la población, para gustar a la mayor cantidad posible de votantes a los que se espera seducir con juegos de artificio o de Magia Borrás, antes de haber cumplido las promesas que hizo en su campaña electoral. Para cazar, unas veces usa el esmoquin y otras, la camisa de mercadillo, según convenga.
martes, 9 de febrero de 2016
Infancia, fértil territorio para las misiones.
Huchas de todos los colores
El esquema de los titiriteros de la compañía "Títeres desde abajo" tiene nobles antecedentes religiosos en el DOMUND. ¿Alguien les preguntaba a los chinitos, a los negritos, a los retoños de pieles rojas, a los niños antárticos, a los chicos moros, si querían ser adoctrinados en el catolicismo? ¿Alguien le pregunta a un bebé si quiere ser bautizado? ¿Autorizaba el rebaneo un niño judio circunciso? A las niñas egipcias, por ejemplo, ¿les pide alguien permiso para privarlas del clítoris? ¿Conocen a algún chico que se pirre por asistir a la catequesis? Los cómicos piensan que a los niños hay que alertarlos de los peligros del mal, en su caso, la religión, los aparatos represivos del Estado, los bancos... Y proceden a ello con sus títeres de la cachiporra, que desde siempre han resuelto los conflictos de la infancia a palos.Y los maestros, ¿no adoctrinábamos en clase a los alumnos en nuestra forma de ver las cosas? Infancia, fértil territorio para las misiones
Etiquetas:
Carmena,
DOMUND,
Los titiriteros de "Titeres desde abajo"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






